Si Leonard Bernstein levantara la cabeza...

A la directora artística Emily Ondracek se le torcieron las cosas durante un festival en Colorado y su violín pasó a convertirse en su enemigo público número uno

A la directora artística Emily Ondracek se le torcieron las cosas durante un festival en Colorado y su violín pasó a convertirse en su enemigo público número uno.

Días antes de que la performance, por denominarlo de alguna manera, se llevara a cabo, la web del Festival de Música Crested Butte, que se celebra en Colorado desde principios de julio, lo anunciaba con cierto misterio: «No se pierdan lo que sucederá con el violín y la sierra». A buen entendedor... Pero nos costaba creer que dentro de las actividades del encuentro veraniego, entre cuyas líneas maestras destacan «enriquecer, educar e inspirar a nuestras comunidades (...) además de presentar actuaciones sobresalientes en los diferentes géneros musicales con programas educativos», pudiera englobarse destrozar con verdadera saña el instrumento de cuerda, arco incluído (partido literalmente en dos), ante los aplausos del público, salpicados con risas nerviosas.

La hazaña a manos de Emily Ondracek, co directora artística junto a Erik Christian Peterson, se pudo visualizar en directo, a tiempo real, vamos. La escena es la siguiente: ella sale a un pequeño escenario y comienza a interpretar una archifamosa melodía. Las cosas se tuercen a los pocos minutos y el violín pasa a convertirse en el enemigo público número uno. El objetivo es destrozarlo con una sierra. Ella lo intenta en solitario pero el instrumento se mueve, se le resiste y lo consigue a duras penas. Pronto sale un ayudante que lo inmoviliza para que la artista pueda entrar a matar sin problemas. Poco a poco, y con mucho esfuerzo, lo van logrando, hasta que acaba partido en dos. Misión cumplida. Cuesta creer que una actividad de este tipo exenta, pensamos, de todo componente educacional o enriquecedor, puede tener cabida y ser celebrada en un certamen tan prestigioso como el de Colorado.

«Me duele mirar el vídeo». «Es terrible ver algo así». «¿Por qué?». «Pobre violín». «Tan intrigado estoy como horrorizado», se puede leer entre los comentarios de Facebook. Cuesta creer también que el experimento forme parte de las actividades de un año en que se va a celebrar en este encuentro al maestro Leonard Bernstein por el centenario de su nacimiento, músico, compositor, director, genio, al cabo, que defendió con uñas y dientes los programas de educación en la música y uno de cuyos más importantes legados fueron los conciertos para los jóvenes. Dudamos seriamente de que hacer astillas, sin más, un violín hubiese sido considerado por el «padre» de «West Side Story» como una interesante actividad creativa. ¿Era necesario?