Teatro

El león que devoró a María Teresa

Para Susana Hornos el patriotismo no se demuestra con banderas ni con himnos, sino con hechos que salgan «del tuétano, de las tripas y del corazón», dice. Un amor como el que demostró María Teresa León, la mujer ante la que cayó rendida cuando descubrió «Memoria de la melancolía», escrito desde las entrañas «por alguien al que le urgía recomponer, comprender y transmitir sus memorias», cuenta Hornos, actriz y escritora del montaje con el que homenajea a la escritora del 27 y mujer de Rafael Alberti, junto al que evacuó el Museo del Prado antes de que la Guerra Civil entrara en Madrid.

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«María Teresa y el león» representa en la Sala Mirador la lucha de la autora contra ese felino que crecía en su interior y que, como le ocurrió a su madre y a su abuela, era imposible de parar: el alzhéimer. «Ese animal que la come por dentro, que al principio es un cachorro, pero que termina por arrancarla la cabeza», define Carolina Román de una enfermedad que ha terminado por devorarnos a todos «porque no es una autora tan conocida como debería», continúa la directora de un proyecto que ha unido a tres mujeres con muchos lazos comunes entre sí: todas escritoras, con una vida a caballo entre España –La Rioja en el caso de Hornos y León– y Argentina, además de ser vecinas de la calle de las Heras en Buenos Aires durante diferentes épocas. «Por eso creo en la no casualidad», explica la autora de la pieza.

Un proyecto que, ya escrito, no comenzó a coger forma hasta que Hornos fue, como espectadora, a ver los «Juguetes rotos» de Román: «Tengo un texto sobre una mujer que, como nosotras, vivió entre dos mundos». Suficiente para comenzar una pieza que luego fue cogiendo forma entre mates y que se ha metido en las propias entrañas de la directora: «Está tan dentro que a veces pienso que me gustaría jugar a la ouija para poder preguntar a María Teresa», afirma Román.

–¿El qué?

–Además de decirle que la mujer hoy es más protagonista, querría saber por qué se definió como la cola de un cometa (Alberti).

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–¿No podría ser por la fascinación que sentía?

–Sí, porque estaba poseída, igual que él de ella, pero me temo que la respuesta va ligada con la época en que vivió.

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