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"Pericles, príncipe de tiro": Moderna locura

  • Foto: Festival de Mérida
    Foto: Festival de Mérida

Tiempo de lectura 2 min.

13 de julio de 2019. 14:49h

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Raúl Losánez 12/7/2019

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Autoría: William Shakespeare. Versión: Joaquín Hinojosa Dirección: Hernán Gené. Intérpretes: Ernesto Arias, Ana Fernández, Marta Larralde, María Isasi, Oscar de la Fuente, José Troncoso y Hernán Gené.Festival de Mérida. Hasta el 14 de julio de 2019.

Original, gamberra y arriesgada para un festival de masas como es el de Mérida ha resultado esta aproximación a «Pericles, príncipe de Tiro» que se estrenó anoche en el Teatro Romano. Consciente de lo inverosímiles y azarosas que son las situaciones planteadas en el texto de William Shakespeare, el director Hernán Gené ha optado por relegar y, hasta cierto punto, parodiar el «fondo» por medio de la «forma». Concebir la función como si fuera el ensayo de una compañía, dirigida por él mismo, a la que se acaba de incorporar un actor (Ernesto Arias) que ha de interpretar el personaje protagonista de Pericles es ya un punto de partida inteligente, pues esa metateatralidad permite avanzar en el desarrollo sin tener que representarlo absolutamente todo y reducir el confuso desplazamiento de la acción por lugares y tiempos tan diferentes. La opción no solo es admisible en términos de lógica dramática, sino que además resulta casi necesaria

–por mucho que el texto esté firmado por Shakespeare– para que el espectador de hoy, pueda seguir el disparate argumental de la función sin desconectar. Pero, no es este el mayor hallazgo ni el mayor riesgo que asume Gené. Lo acertado es haber echado mano de toda clase de géneros, tonos, y códigos; no ya en una misma pieza, sino, también, en muchas ocasiones, ¡en una misma escena! De tal forma que el espectador asiste bastante descolocado al planteamiento de situaciones dramáticas en las que unos actores, por ejemplo, se están expresando bajo un lenguaje propio del clown que mueve inevitablemente a la carcajada mientras otro interactúa con ellos bajo un paradigma de lirismo conceptual que da hermosura a sus palabras. La mezcolanza es complicada, aunque el resultado –en el que late una ingeniosa autoparodia del texto y hasta del oficio de actor– es algunas veces deslumbrante. Entre otras cosas, por el fantástico trabajo de todo el elenco.

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