Torpedo regresa al lugar del crimen

Dos libros recopilan las historietas y los relatos del mítico gánster de origen siciliano, premiado este año por el Salón del Cómic de Barcelona

Probablemente no existe un personaje más internacional en el cómic español que Torpedo. Y eso que no hablabamos de un tipo que resulte simpático. Hablamos de un ser violento, canalla, sin amigos –a excepción de su Colt– y mal hablado que no se deja querer, por mucho que lo apoye su particular escudero Rascal, y que prefiere ser odiado. Todo eso pasa en viñetas de cinematográfico blanco y negro, donde parece que nos encontraremos en un callejón oscuro a personajes surgidos de una película de Edward G. Robinson, Lana Turner y James Cagney o de las novelas de Jim Thompson, James M. Cain o Raymond Chandler. Todo ello transcurre en un Nueva York de tinta china en 1936 por obra y gracia de la palabra escrita de Enrique Sánchez Abulí y de los dibujos de Jordi Bernet. Estos días Torpedo ha vuelto a las librerías gracias a una recopilación de sus relatos, publicados primero en las revistas del editor Josep Toutain y, posteriormente, en las páginas de la edición española de «Playboy» bajo el título que se le dio a la serie: «Torpedo 1936». El volumen contiene esas historias escritas por Sánchez Abulí, así como el guión para una adaptación cinematográfica que no llegó a materializarse. Todo ello va acompañado de las inmejorables ilustraciones de Bernet. Panini ha sido el encargado de hacer esta edición que se suma a la aparecida hace pocos meses con la totalidad de las historietas de la serie, incluidas las realizadas por Alex Toth, el primer dibujante de la serie, que abandonó pronto.

Que Torpedo vuelve a tener protagonismo lo demuestra el hecho de que Sánchez Abulí ha sido galardonado esta semana con el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona. El veterano guionista aseguraba ayer a este diario que la distinción ha sido «entre esperada y desesperada. Es un impulso, pero también una culminación a mi carrera. El Gran Premio del Salón del Cómic siempre ha estado copado por dibujantes. con la excepción de cuando lo obtuvo Víctor Mora. Es injusto que solamente se reconozca a los dibujantes. Entiendo que el ‘‘flash’’ siempre es el dibujo, mientras que la letra tiene que ser leída, pero es muy triste cuando te piden un guión para que se luzca el dibujante. Eso no es así porque el cómic es para que se luzcan los dos. Cuando empecé en todo esto no existía la figura del guionista. Estoy encantado con el premio, como unas castañuelas, porque es la primera vez que recibo algo así con una dotación económica».

Abulí admite con pesar que la culpa de toda esta situación, con un papel secundario para los escritores del mundo de la viñeta, también es de los editores, porque en todo este tiempo «han cuidado siempre mucho más a los dibujantes. Hay que pensar que, por ejemplo, Astérix sin Goscinny no es lo mismo, aunque lo dibuje Uderzo. El guionista no es el que pone la letra a los globos. Es el que le dice al dibujante lo que tiene que hacer».

La palabra escrita de Abulí, irónica y sutil, surge en los relatos ahora editados. Jordi Bernet, en una entrevista con este periódico, recordó que las historias se escribieron en los años 80, «cuando en la televisión se emitían ciclos de cine negro norteamericano. Toutain tenía una revista de género policiaco y allí entró el relato de Torpedo donde la ilustración era el gancho, a la manera de los “pulps” estadounidenses. Era una doble página que se quería que fuera muy atractiva y estaba muy bien pagada porque me daban 25.000 pesetas, lo que no estaba nada mal en aquella época. Siempre debaja un extremo en negro para que pudiera empezar allí el texto. Aquello fue el principio. Luego vino “Playboy”».

La edición española de la revista creada por Hugh Hefner anunció a bombo y platillo el fichaje de Torpedo en agosto de 1991. «Yo estaba dispuesto a hacer mis ilustraciones para “Playboy” con un toque erótico, pero pasaba que en los relatos de Abulí se liquidaba a la mujer. Era difícil encontrar algo picante en esas historias que estaban muy bien escritas y eran un material diferente para esa publicación», rememoró Bernet. Tras nueve entregas, los lectores de «Playboy», interesados en otro tipo de material, sobre todo gráfico, dieron la espalda a la serie.

Influencias literarias

Cuando se le pregunta a Sánchez Abulí por sus influencias para estas historias apunta que «he leído mucha novela negra, tanto en inglés como en francés, en esta última lengua sobre todo a Georges Simenon. Pero aparte de eso, también me apasiona la historia. No puedo olvidar a autores como Jack London, pero es que me puede influir todo: desde una historieta de Vázquez a una anécdota que me hayan contado. Todo vale. El maestro es Edgar Allan Poe, que me ha influido mucho más que London y que no siempre es fácil de leer».

En ese «todo vale» prevalece Torpedo como personaje diferente a lo que nos tenía acostumbrado el cómic español, algo que ha hecho que tenga seguidores y admiradores de todo tipo, como Federico Fellini, Quentin Tarantino o Will Eisner, por citar unos pocos entre los más famosos. «Torpedo era un transgresor. Era un protagonista que era malo y caía bien. Por eso lo han imitado mucho. Ahora las cosas han cambiado porque los informativos son diferentes y hay que matar mucho para poder impresionar», según Bernet.

El lenguaje empleado por Abulí ha sido otro de los sellos de las historietas de Torpedo: juegos de palabras, dobles intenciones o frases que invitan a leer y releer al lector más curioso. Eso ha hecho que los traductores del personaje no lo hayan tenido fácil. «He vuelto loco a más de un traductor», afirma el guionista entre risas quien también ha adaptado textos en otros idiomas. «Los juegos de palabras han existido en todas las lenguas del mundo. Lo que me apena es que la traducción esté tan mal pagada en este país cuando se trata de uno de los grandes trabajos intelectuales».

Pero se habla de Luca Torelli, del gánster Torpedo en pasado. Hace años que la serie dejó de tener nuevas entregas. Los dos autores están distanciados, algo que hace difícil que el inmigrante siciliano en la ciudad de los rascacielos vuelva a desenfundar su pistola y reciba más encargos como sicario de los crímenes más dispares. Una demanda de Abulí contra Bernet y el cantante Loquillo, al citar en un disco únicamente al dibujante como responsable de las aventuras de Luca Torelli, hizo que todo acabara. Posteriormente los tribunales absolvieron a Loquillo y Bernet. Este último se muestra pesimista hoy cuando se le pregunta si volverá el antihéroe: «No tiene posibilidades. Él acabó con Torpedo. Mire yo ya tengo una edad: una cosa es escribir y otra es construir todo este universo con referencias cinematográficas. Dibujar estos personajes con un estilo cercano al de los “pulps” cuesta mucho. Esto lo hacía en los 80 y ahora estamos en 2015».

Por su parte, Abulí admite que tiene algo escrito, una nueva historia protagonizada por Torpedo y su inseparable Rascal, pero no quiere dar más detalles porque «se perdería la sorpresa».

Mientras esto tiene lugar, Panini Comics sí tiene previsto editar otros trabajos conjuntos de Bernet y Abulí, entre ellos un libro con las famosas «Historias negras» y «La naturaleza de la bestia». También se trabaja en la publicación de un portafolio con algunas de las maravillosas ilustraciones creadas por Bernet con Torpedo de protagonista, en la línea de las publicaciones estadounidenses.

También queda otra asignatura pendiente, dolorosa para Bernet y es la recuperación de la obra de su padre, el dibujante Jorge, conocido por ser el creador de Doña Urraca. El personaje fue uno de los más exitosos de la Editorial Bruguera, cuyos fondos –entre ellos el archivo– fueron adquiridos por Ediciones B. «Están en un almacén en Parets del Vallès y no hay manera de que los devuelvan. Hace treinta años que los reclamo. La última vez fue al editor Ernest Folch hace un año, diciéndome que me entendía y era un tema preferente, pero no ha pasado nada», apunta Bernet.