Cultura

Un ejemplo vivo en nosotros

No sé por dónde empezar este canto de impotencia y dolor por la muerte de José Manuel Lara Bosch, amigo del silencio, la sencillez y el afecto y ante todo un ejemplo de sensibilidad y afecto familiar y que con honda satisfacción compartíamos cada cual desde nuestra situación y clase.

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Hace muchos años que admiré a su padre y a su madre, María Teresa Bosch, que fallecieron a principios de siglo, concretamente en el año 2003 con una diferencia de pocos meses. La muerte en accidente de Fernando, en agosto de 1995, los abrazó definitivamente y los apagó poco a poco. Fue entonces cuando el primogénito de cuatro hermanos y con proyecciones de urbanista se hizo cargo de la dirección del Grupo Planeta, al que ha llevado al futuro más cierto y real con la presidencia de Atresmedia. Distinciones, condecoraciones, premios y elogios los ha conseguido todos, y no por su situación empresarial, sino más bien por su condición humana, por ser una persona noble y de nobleza.

A mi querido José Manuel lo conocí más y tuve más contacto con él cuando quise escribir la biografía de sus padres, que publiqué dentro de mi libro «Próxima estación, Cataluña», en el año 2012 en Plaza&Janes. Fue éste el motivo por el que conocí más en su faceta humana a José Manuel. Aunque no fue su editorial la que publicaba mis libros, se preocupó de forma personal de autorizar la historia humana que conté sobre su familia, por la que tanto respeto sentí durante toda mi vida. Compartí momentos de alegría en algunos de los actos sociales que compartimos, y agradecí siempre que atendiera mis consultas y mis dudas con igual respeto y cariño que el que yo siempre sentí por su familia y sus grandes proyectos. En algún libro he contado que su padre me enseñó, con los mejores modos, que para publicar un libro o una historia primero había que escribirla y conocerla. Su enfermedad, tras llegar de forma despiadada, me hizo pensar en silencio que poco a poco se iría escapando de la cuerda de la vida y se iría definitivamente con todos aquellos que hace tiempo lo esperaban al final del camino, no sin sentir un gran dolor personal imaginando este día, que ya ha llegado desgraciadamente.

Era hombre de pocas palabras, fácil entendimiento y un enorme corazón. Nunca nos pedimos algo que no fuera sensibilidad y respeto, unidos al cariño que mutuamente siempre nos tuvimos. Aunque alguna vez presumí de su afecto, jamás dije a nadie cuánto le quise a él y a toda su familia. La fatídica muerte de Fernando cambió totalmente el sentimiento por la vida de esta familia unida por el trabajo, el esfuerzo y por los logros de su empeño por mantener los cimientos del imperio de José Manuel Lara y María Teresa Bosch, y hacer el gran edificio de su grupo empresarial. Padre también de cuatro hijos, entregado a la familia por convicciones genéticas, su gran humanidad no hay que recordarla, pues todos los que lo han conocido saben de su perfil bajo y sencillo, conjugado con la responsabilidad seria y serena que siempre supo administrar en silencio y sin ruido, donde siempre cabe la reflexión de Isidro Fainé: «El bien no hace ruido y el ruido no hace bien».

José Manuel Lara siempre floreció allá donde se le plantara. Precisamente, se ha marchado un sábado por la tarde para no molestar, sin quejarse, sin lamentarse, sin hacer ruido, habiendo agotado todas las posibilidades y esperanzas de vida hasta el momento en que ya se ha marchado definitivamente... Una parte de la ilusión de aquellos que estuvimos tan cerca como para saber entender la grandeza del gran ser humano que era, sentimos la ausencia definitiva porque ya no responderá a nuestras llamadas, aunque sólo fueran para preguntar por su salud, o para compartir con él una hermosa mañana de sol, un sol como aquel que nos alumbró en la boda de un hijo de un común amigo catalán, donde yo le contaba las anécdotas con su padre y el repetía algún texto de mis libros y eso me llegaba al alma...

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Él ya se ha ido y todo cuanto compartimos –como en algún viaje en AVE, donde el mundo parecía sonreírnos y los proyectos no tendrían fin– se ha cambiado por otra ceremonia o ritual donde también se repite «y su dicha no tendrá fin»... La dicha de un hombre bueno, mucho mejor de lo que puedan imaginar aquellos que no tuvieron la suerte de conocerlo, un hombre que disfrutaba en familia de la fuerza heredada de aquel «pedroso sevillano» donde tanta fidelidad dejó sembrada esta familia en sus calles y plazas, y del que recibió la sencillez y humildad que fue su propia bandera de afán y silencio que supieron compartir sin hacer ruido con el mundo que siempre les acompañó, también en silencio.

Descansa en paz porque lo mereces. Tu ejemplo seguirá vivo en todos aquellos que siempre te consideramos, no sólo el hombre bueno que conocimos, sino el líder del que aprendimos a soñar por el camino, siendo tan sencillo y humilde. Hoy también luce el sol y aprovecho para compartir hoy contigo como si estuvieras aún defendiéndote de esta cruel enfermedad, que también en silencio va acabando con nosotros, que no nos deja lanzar el grito de dolor con el que ella se introduce en nuestras vidas y va acabando con nosotros. Seguro que al final del camino volveremos a vernos y a sentir la fuerza de esa otra vida que nos facilitará la alegría de compartir la suerte de habernos querido y respetado tanto y que hoy nos acerca a ese futuro que un día volveremos a disfrutar juntos. Querido José Manuel, querida familia Lara Bosch, hasta cualquier día y descansad en paz.

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* Socio Fundador MedinaCuadros Abogados