El cerdo ibérico se convierte en atractivo turístico

Las empresas cárnicas de Huelva han abierto su espectro para atraer clientes y algunas se apuntan al "turismo porcino"que lleva a centenares de personas a conocer desde la vida de los cerdos en el campo hasta las entrañas de las industrias de transformación.

Y es que a nadie se le escapa que prácticamente todo el mundo ha comido en su vida una loncha de jamón, pero poca gente ha visto alguna vez un cerdo campando a sus anchas por la sierra o conocido cómo se transforma su carne y se consigue un jamón, desde que se sacrifica al cerdo hasta que el producto es empaquetado para su venta final.

Este "turismo porcino"está siendo impulsado por empresas como Destino Rural, creada para la promoción de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, y la transformadora de productos cárnicos Jamones Eíriz.

Javier Prieto, el responsable de Destino Rural, es un hombre empeñado en que se conozca todo lo que tiene el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, "que es un tesoro", pero con una marca propia, que denomina "Esencia de vida", porque recuperar esa esencia en la vida de las personas es uno de los principales motivos para desarrollar su idea.

En esta línea, la visita incluye un espectáculo en un antiguo convento de Aracena reconvertido en hotel, donde los visitantes se trasladan al ambiente de ese viejo claustro.

También paseos por las dehesas, donde viven en libertad los cerdos ibéricos, los "guarros", como los denominan los guías de Jamones Eíriz, que enseñan a los turistas desde los caminos de acceso al campo, las bellotas recién caídas de los árboles, los propios cerdos en su ambiente o las porquerizas donde se revuelcan a gusto.

La ruta continúa por la fábrica y punto de venta de los Eíriz, donde uno de los gerentes, Domingo Eíriz, ejerce de guía para explicar todo el proceso artesanal de curado de los jamones, que conserva muchos matices de las primeras formas de trabajar que el primer Eíriz de Huelva implantó cuando compró su finca original en 1818.

"Se resume en dos horas una tradición de generaciones", dice Eíriz al último grupo, al que incita a tocar los jamones "sin miedo a pringarse"para que comprueben los visitantes algunos de los secretos al tacto para saber si un jamón es de máxima calidad, e incluso les enseña a leer el sello que acredita en qué momento concreto fue elaborado.

Esa "Esencia de vida"que Javier quiere implantar con la complicidad de gente como Domingo Eíriz tiene un colofón lógico: un almuerzo en el que se pone sobre la mesa salchichón, caña de lomo, queso, migas con chorizo o salmorejo, todo elaborado con productos del pueblo.

Lo único que no se pone en la mesa es el jamón, ya que éste es cortado por un experto a la entrada del salón y, mientras se aguarda para llenar el plato, se recibe una clase teórica de cómo disfrutarlo en el paladar,

"Nada de tragarlo enseguida -recomienda el cortador-. Hay que dejarlo en la boca unos cinco segundos, porque viene a temperatura ambiente, y hay que disfrutarlo a la misma temperatura del cuerpo".