Víctor Fernández: «Los mitos se construyen a partir de su obra, no sobre su muerte»

Recupera los cuentos que Miguel Hernández escribió a su hijo desde la cárcel y prologa una nueva edición de bolsillo dedicada a Ferderico García Lorca.

Recupera los cuentos que Miguel Hernández escribió a su hijo desde la cárcel y prologa una nueva edición de bolsillo dedicada a Ferderico García Lorca.

Víctor Fernández se ha construido una personalidad alrededor de sus pasiones. Cualquier doctor recomienda a sus pacientes que se alejen del nocivo influjo de las obsesiones, pero también saben que es inútil extender recetas a un tipo que convierte el cianuro en glóbulos rojos. Como los viejos detectives, Víctor Fernández se ha habituado a convivir con las balas que lleva alojadas junto al corazón. Hay fulanos que cada mañana se vitaminan con una dosis de cordura para dar ejemplaridad. Él prefiere desayunar con sus fantasmas y que el mundo piense lo que le dé la gana. Quizá lleve razón y la mejor manera de sobrevivir al absurdo es entregarse a las irracionalidades, las predilecciones y los instintos. Ahora sobrevive perdido en el laberinto de sus empeños y fijaciones, que son abundantes. Entre esos muros, levantados con libros, documentos y unas cuantas toneladas de artículos a sus espaldas, nos va sorprendiendo con sus investigaciones y publicaciones y exposiciones. Ahora prologa las ediciones de «La casa de Bernarda Alba», «Romancero gitano» y «Bodas de sangre» de la editorial Debolsilo, y saca a la luz «Cuentos para mi hijo Manolillo», los relatos que Miguel Hernández escribió para su hijo desde la cárcel. Pero hay más, como es habitual en él.

–Lorca, Miguel Hernández, JFK, Marilyn Monroe... no han tenido finales felices.

–Lo que me atrae de ellos es su legado, no el mito de sus muertes. Si hubieran sido unos mediocres hoy ninguno de ellos serían mitos. Hoy nadie piensa así, pero la realidad es que las grandes figuras se construyen sobre su obra, no sobre los cimientos de sus muertes. Y ellos sobresalieron en literatura, cine y política. Lo que a la gente le parece incomprensible es cómo personas con tanto talento se pudieron marchar tan pronto. Y por causas ajenas a la voluntad de ellos.

–¿Cuando leyó por primera vez a Lorca?

–Recuerdo la primera lectura. Mis padres me regalaron el «Romancero gitano» con trece o catorce años. Me impresionó muchísimo, porque reconocí el imaginario que veía cuando iba a Molvizar, un pueblo de la costa de Granada que visitaba. En su lectura descubrí el tema de la tierra, el paisaje granadino... Había una cercanía vital. Cuando leí «Poeta en Nueva York» me di cuenta de que mi proximidad con su literatura no procedía de compartir unos escenarios, sino de una manera de pensar. Mis padres siempre me hablaban de Lorca cuando era pequeño y ahora forma parte de mi ADN.

–¿Y Miguel Hernández?

–Lo leí a través de una antología de José Luis Cano. Es un poeta enorme.

–¿Lorca lo eclipsa algo o no?

–En absoluto. Lo que sucede es que Lorca es un autor enorme, no un continente sino un planeta con entidad propia. Son dos autores extraordinarios y dejaron una obra escrita excepcional en poco tiempo. Lo que sucede es que Lorca toca más palos: hace teatro, música, dibuja, Miguel Hernández es poeta, hace alguna cosa de teatro.

–¿Le molesta que se hayan convertido en símbolos ?

–Lo que me molesta, sobre todo en el caso de Lorca, es la apropiación indebida que se hace de él, igual que de Miguel Hernández.

–¿A qué se refiere?

–A personas que se apoderan de ellos sin haberlos leído o que se han quedado con el «verde que te quiero verde», con el verso, ni siquiera con el poema. A Lorca no le gustaba que le convirtieran en icono de nada. Pero hoy los dos son símbolos la represión intelectual que hubo en España en el siglo pasado.

–Apenas hubo una relación entre ellos dos.

–Fue prácticamente inexistente. Miguel Hernández intentó aproximarse a Lorca y éste fue más o menos educado. Una cosa que le molestaba a Lorca es que lo identificaran sólo con lo gitano, que es sólo un tema de su literatura. Miguel Hernández entró por ahí y eso a Lorca le sentó mal.

–¿Es necesario encontrar los restos de Lorca?

–Respeto la voluntad familia de Lorca, que no que se le busque, pero creo necesario aclarar qué pasó en 1986, cuando unos obreros hacen unas obras en el parque de García Lorca en Alfacar y trasladan unos restos a otra parte del parque. ¡Y no se ha hecho nada! Incluso sabiendo dónde se han depositado. Imagina que en un pueblo de Reino Unido hallaran unos restos de William Shakespeare y fueran trasladados ilegalmente. Eso ha pasado posiblemente con unos restos que pudieran ser de Lorca.

–¿Qué queda por investigar de ese crimen?

–La denuncia, que nunca ha aparecido, y la última investigación sobre el asesinato ordenada por Franco. No se ha hecho pública salvo fragmentos muy censurados. Y no está estudiada con detalle la implicación de Antonio Rosales en la denuncia. Lorca no se acabará nunca.

–Su otra pasión es coleccionar libros firmados.

–Me gustan mucho. Un libro firmado no sólo es tener la obra de autor, sino estar más cerca de autores que admiro muchísimo. Los libros firmados tienen otra historia detrás: la historia del propietario de ese libro.

–Y va a comisariar una muestra.

–El año pasado comisarié una sobre la relación de José Caballero y Lorca. Ahora estoy organizando una sobre Josep Palau i Fabre, al que traté, y que ha sido la gran autoridad sobre Picasso. Estoy preparando una muestra en la casa natal de Picasso y en Caldes d’Estrac. Se podrá ver la relación de él con Picasso a través de documentos y fotografías.

–¿Nada más a la vista?

–Pla, pero no va a poder ser por ahora, y me gustaría escribir sobre Gainsbourg, que me encanta.