La gran duda de Messi

El padre y agente del «10» admite la opción de que continúe en el Barça, ante la dificultad de tener que ir a juicio para decidir sobre la cláusula liberatoria

Querer no siempre es poder. Y en esas está Leo Messi después de los primeros contactos de su padre con Josep Maria Bartomeu, el presidente, para desatascar el futuro del atacante lejos del Barcelona. Está claro que el futbolista argentino quiere marcharse. Está claro e incluso está escrito en un burofax, pero tal vez el crack ha cometido un error de cálculo con la cláusula liberatoria. Quizá tenga razón en su interpretación, pero el lío que supondría tener que ir a un juicio es un riesgo para cualquier club que quiera ficharlo, porque en caso de perderlo encarecería la operación de forma desmedida.

Si el miércoles, poco después de aterrizar en la Ciudad Condal, el padre y representante del jugador dijo que veía «difícil, difícil» que su hijo siguiera en el Camp Nou, su versión de ayer fue un poco más suavizada. «¿Estáis valorando que Leo siga en el Barcelona?» Fue la pregunta, que tuvo un «sí» como respuesta de Jorge Messi. Puede que no le quede más remedio al futbolista que apurar su contrato hasta el verano de 2021 para, entonces sin duda, poder irse gratis y prácticamente elegir destino y seguramente sumar más dinero, porque podría negociar una prima de fichaje al no haber tenido que pagar cláusula por él. El «10» vive en una jaula de oro que no puede abandonar.

Es el futbolista mejor pagado del mundo, pero eso al mismo tiempo le hace firmar cláusulas de rescisión imposibles, que le ligan al club hasta que el club quiera. Enrique Cerezo, el presidente del Atlético de Madrid, suele decir que los jugadores acaban jugando donde quieren, pero el Barça esta vez parece firme en su decisión y en su discurso: cuentan con él, es el pilar del proyecto de Ronald Koeman y no van a vender. Si se tratara de otro futbolista sería difícil justificar que, llegados a este punto, la entidad azulgrana no acepte lo que sería un buen negocio económico a cambio de mantener al crack un año a desgana y dejarlo ir gratis el próximo julio, cuando ahora podrían sacar bastante dinero y ahorrarse su ficha, lo que supondría un alivio para las arcas. El Barça necesita ahorrar dinero, sobre todo después de la crisis que ha supuesto el parón del negocio por el coronavirus. Pero Messi no es uno más y en estas ocasiones el fútbol entiende más de sentimientos que de euros.

La idea del Barcelona no es sólo que siga, sino ofrecerle dos años más de contrato, hasta 2023, hasta después del Mundial de Qatar, que va a ser el último de Leo con la albiceleste. Eso suena un poco a risa dada la guerra en que andan metidos, pero cosas más raras se han visto en el fútbol. Reconducir la situación no va a ser fácil, sobre todo si los resultados no acompañan en el arranque de este nuevo proyecto de Koeman, que tendría un marrón por delante si Messi sigue.

En realidad, el problema también lo tendrá si se marcha, porque el vacío que deja es grande. Ha sido la base del conjunto azulgrana desde hace quince años y el cambio será radical. La reconciliación con la afición es otro interrogante, ya que los seguidores azulgrana se mueven entre los que protestan para que el presidente dimita (está por ver si la moción de censura sale adelante) y los que ven la actitud del delantero y leyenda del club como una traición.

La otra opción de Leo es seguir con la rebelión e ir hasta el final con todas las consecuencias, pero necesita un club cómplice que lo apoye y lo fiche con el transfer provisional. Eso le permitiría jugar el próximo curso, pero estaría pendiente del juicio en el que se decidiera si hay que pagar traspaso o no.

Mientras se debate sobre su futuro, el futbolista esperaba ayer jugando un partido de pádel con Luis Suárez, su inseparable compañero en el campo y fuera, al que le quedan pocos días en el Camp Nou, y con Pepe Costa, uno de sus íntimos, el hombre que le acompaña casi a todos lados. Con una raqueta en la mano y preparando un asado aguardó Leo a la llegada de su padre. El segundo día de papá Messi en la Ciudad Condal tampoco tuvo descanso.

Primero estuvo en la Fundación, como el día anterior, y después fue a ver a su hijo, a la casa de Castelldefels, para estudiar los pasos a seguir en toda esta negociación que tiene a todo el mundo revolucionado y que se mueve entre lo noticioso y lo ridículo. Le acompañaba Rodrigo, uno de los hermanos del jugador. Llegaron al domicilio alrededor de las 13:20 y estuvieron allí poco más de una hora. Tienen que tomar una de las decisiones más importantes en la carrera del «10».