El Bayern Múnich gana la Supercopa ante un fantástico Sevilla (2-1)

Un gol en la prórroga de Javi Martínez dio el triunfo al campeón de la Champions. En-Nesyri tuvo el triunfo en un mano a mano con Neuer en el minuto 88

En el minutos 88 se paró el tiempo en Budapest. En-Nesyri estaba solo ante Neuer. El Sevilla tocaba la Supercopa y en la cara de los futbolistas del Bayern asomaba el gesto de la derrota. Pero el portero alemán sacó una mano prodigiosa y la prórroga volvió otra vez la cara a los sevillistas.

Fue un bálsamo, cuentan los escasos sevillanos desplazados, volver a ver público en un estadio, aunque el suntuoso Ferenc Puskas Arena, semivacío, pareciese albergar un amistoso sin interés. La comparación reciente con la Liga y la fase final de la Europa League celebrada en agosto, no obstante, movía al optimismo: ya no escuchaban las voces del portero a su delantero centro ni eran suplentes la única barra brava que, dirigida por Sergi Gómez, animaba a un equipo que Lopetegui quiso hacer lo más parecido posible al que derrotó al Inter en Colonia: Rakitic suplió a Banega y corrió en el escalafón con Escudero en el lateral izquierdo, a despecho del recién llegado Acuña y del pregonado cambio de sistema. El combate contra el ogro bávaro sería con las armas tradicionales.

La palabra es «respondón». Así salió el Sevilla al campo, por completo desacomplejado y consciente de que ciertas misiones sólo se cumplen con éxito con altas dosis de audacia. No es la élite para cobardes, por eso se fueron los de Lopetegui a presionar al Bayern cerquita de Neuer y obtuvieron su rédito temprano.

Media hora de resistencia

Estaba cómodo el Sevilla, con más balón que un equipo alemán amenazante sólo porque sus alas, Gnabry y Sané, hacen que tiemble el misterio en cada carrera. Pero el primer golpe fue andaluz, con una jugada iniciada desde la defensa, trenzada por la apertura de Fernando a Suso y acelerada por Jesús Navas, que irrumpió a la espalda de Lucas Hernández para ponerle un centro a De Jong. Cuerpeó bien el neerlandés, detectó la incorporación de Rakitic y le sirvió una dejada que Alaba sólo pudo cortar derribando al croata. Penalti claro y gol de Ocampos.

En tres de las cuatro Supercopas perdidas estuvo por delante el Sevilla, consciente por tanto que una ventaja antes del cuarto de hora nada significaba. Resistió media hora el entramado defensivo de Lopetegui, el tiempo que aguantaron Joan Jordán y Fernando con la línea de presión alta, pero se hundió el bloque en las narices de Bono –que le había ganado un mano a mano a Lewandowski– como buscando el descanso al tiempo que un poco de oxígeno. No perdonó el Bayern, que enhebró una acción primorosa entre Müller y Lewandowski, quien pivotó para que Goretzka empatase a placer.

Pese a un remate peligroso contra su portería de Sule y a tres córneres consecutivos para el Sevilla, el Bayern parecía decidido a vencer a la salida del vestuario. Un fuera de juego milimétrico anuló un gol a Lewandowski, una falta dudosa del polaco invalidó otro de Sané. La campana estaba salvando a los sevillistas del directo a la mandíbula, sin que los cambios de Lopetegui, que metió piernas frescas con Óliver y En-Nesyri, hiciesen que amainase el temporal. El extremeño, por cierto, suplió a un Rakitic que compareció en su «redebut» bastante despistado e impreciso. El vértigo que exige este Sevilla no tiene nada que ver con el rondo permanente de los últimos Barcelonas.

Con todo, llegaban los minutos del miedo con el marcador equilibrado, lo que alguna idea de irse al contragolpe le sugirió al Sevilla, encomendado a las menguantes carreras de un Ocampos con tres cilindros, pese a lo cual percutía en cada acción. Yassine Bono, el milagrero de hace un mes, seguía realizando paradas de mérito (un tiro de Lucas, un cabezazo de Müller...), aunque ahora parecían más bien manotazos desesperados de un náufrago. Sobrevivían los españoles colgados de la brocha, con apenas un hálito de vida frente a un rival que tocaba y tocaba esperando que cayese la fruta madura.

El único sevillista que podía correr era Navas, que robó un balón a la salida de un córner, galopó cincuenta metros y dejó a En-Nesyri solo ante Neuer, que le ganó el mano a mano al marroquí. Era el jaque mate del minuto 88, el golpe de gracia con el que soñó Lopetegui todo el segundo tiempo. Estuvo muy cerca, pero tocaba prórroga.

Y aunque no había mucha gasolina en el tanque se plantó el Sevilla en el tiempo suplementario con el mismo descaro que en el resto de la final, sin ningún miedo al gigante alemán, que en Budapest entendió que los de Lopetegui no son ni el Barça del curso pasado ni el Schalke de hace unos días. Este equipo está muy bien hecho, sabe por dónde pisa y cuáles son sus virtudes. En-Nesyri se encontró nada más arrancar el alargue otra vez con Neuer y con el palo. Estaba en fuera de juego y el gol no habría valido, pero ahí quedaba eso.

Bono, el héroe de la última Liga Europa, dejó, la sensación de que pudo hacer más en la jugada decisiva. Ese córner tras el que despejó blando un remate de Alaba y tampoco supo sacar el cabezazo de Javi Martínez. Más de cien minutos había necesitado el Bayern para ponerse por delante y ni así se rindió el Sevilla, que incluso sin fuerzas buscó los penaltis, pero no pudo ser.

Antes de la pandemia, la Supercopa de Europa marcaba el inicio de la temporada continental. A mediados o finales de agosto se ubicaba un torneo que mide a los dos últimos campeones del ‘Viejo Continente’: el de la Liga de Campeones y el de la Europa League.

El Sevilla se presenta por sexta vez en su historia en busca de la vitola de ‘supercampeón’. Los de Julen Lopetegui, que firmaron un excelente mes de julio y agosto, apenas han tenido tiempo para retomar la actividad y tan solo han disputado tres amistosos en esta extraña pretemporada. Es más, el Sevilla aún no ha debutado en Liga a la espera de hacerlo este fin de semana. La ocasión lo merece y el estreno del curso puede ser por todo lo alto.

El Sevilla ha jugado cinco veces la final de la Supercopa y tan solo ha ganado una, en 2006, en un espléndido partido frente al FC Barcelona. En las otras cayó a manos del propio Barça, Real Madrid -en dos ocasiones- y AC Milan, aquella de mal recuerdo porque se disputó tres días después del fallecimiento de Antonio Puerta.

En esta ocasión su rival será el Bayern Múnich, el equipo más temido de Europa, la máquina perfecta, el ogro con el que nadie quiere batirse. A su triunfo ante el PSG en la final de la ‘Champions’, los bávaros también ganaron una nueva Bundesliga y otra Copa de Alemania. El dominio fue tan insultante como el comienzo de la nueva campaña. Los pupilos de Hansi Flick, que suman 21 encuentros oficiales sin conocer la derrota, vencieron al Schalke por 8-0 en el arranque de la 20/21. El técnico alemán no despejó si Robert Lewandowski, su gran arma anotadora, jugará al cien por cien, pero sí confirmó que “cuenta” con él para la final de Budapest. Al delantero polaco se le suma la potencia y el control de su centro del campo con jugadores como Goretzka o Kimmich, así como el acierto de Gnabry o el incombustible Muller, cuya pólvora nunca se moja. Por su parte, el Sevilla afronta el partido con pocas novedades, pero algunas muy relevantes, como la baja de Sergio Reguilón en el lateral, uno de los jugadores más importantes en el cuadro andaluz la temporada pasada. El defensa internacional acabó su cesión procedente del Real Madrid y ha terminado firmando con el Tottenham de José Mourinho.

Quien tampoco estará es Éver Banega, un emblema para la entidad en el último lustro, que se marchó del club para emprender una nueva experencia en Arabia Saudí como parte final de su carrera. En su lugar sí estará otro jugador que es parte del escudo, el croata Ivan Rakitic, el gran fichaje del Sevilla en este verano de pandemia. El ex del Barça regresa a la que fue su casa para finales como ésta. Además, otra de las novedades será la presencia de Marcos Acuña, que ha dejado muy buenas sensaciones en su debut. El argentino fue presentado el pasado lunes y ha tenido el tiempo suficiente para entrar en la lista de convocados. Más asentado y con más preparación estará Óscar Rodríguez, otra de las perlas fichadas por el Sevilla este verano y que será aire fresco en el centro del campo. Descaro y un excelente balón parado.

Una ‘superfinal’, el partido con más enjundia para un Sevilla que quiere seguir haciendo historia. “Ante ellos sabemos que no vale el 99%, tendremos que dar el 100%”, dijo el técnico del Bayern, Hansi Flick, en la previa del encuentro. Lopetegui sabe de la dureza de los germanos, pero no se olvida del “orgullo” de sus jugadores. Europa busca nuevo supercampeón en un enfrentamiento que tan solo se ha disputado dos veces en toda la historia: en los cuartos de final de la Champions 2017/18, los cuales se saldaron con empate en Múnich y triunfo alemán en el Sánchez-Pizjuán. El partido, además, contará con la presencia del 30% del aforo del estadio, entre ellos unos 500 aficionados del Sevilla, que han tenido que realizarse una PCR antes de viajar a la capital húngara. El rival, el título, la estadística... se trata de la más difícil todavía para un Sevilla que “nunca se rinde” y que está dispuesto a todo por conseguir la segunda Supercopa de Europa de su historia ante el “mejor equipo del mundo”, en palabras de su entrenador.