La odisea de Sara Hurtado para llegar al Mundial: “Tengo la Capilla Sixtina en el hombro”

A la patinadora le ha pasado de todo: confinamiento en Moscú, operación en la articulación lesionada, covid de su compañero Kirill Jalyavin, clasificación telemática...

La imagen de Sara Hurtado el primer día que pudo volver a entrenar después de lesionarse gravemente en el hombro derecho
La imagen de Sara Hurtado el primer día que pudo volver a entrenar después de lesionarse gravemente en el hombro derechoSARA HURTADOSARA HURTADO

Así recuerda Sara Hurtado la conversación con el médico tras ser operada de su grave lesión en el hombro derecho:

-Joder, Sara, al final me has hecho trabajar más tiempo, yo que pensaba que iban a ser 45 minutos y me he tirado casi dos horas [en tono de broma].

-Socorro.

-Pero no te preocupes, está bien, tenías muy buen tejido y lo hemos podido reparar todo con él.

-Guay, bien, ahora me toca a mí responder con el reposo y la rehabilitación.

Y a ello se puso para poder disputar el Campeonato del Mundo de Patinaje Artístico, que se emite en directo en Eurosport y dura hasta el 28 de marzo. Ha tenido que pasar una odisea hasta llegar a él, y la lesión de la que habla es sólo una parte de ella.

“Todo lo que podía pasar, ha pasado”, dice Sara. Primero, la pandemia. “Llegué de España a Moscú, en ese momento en Rusia no había confinamiento, pero a todo el mundo de países con alta incidencia les hacían guardar cuarentena de quince días. Y se juntó la mía con la que luego sí tuvo Rusia. No salimos hasta mediados de junio”, rememora.

Pasó el tiempo entre libros, una máquina de correr y directos en Instagram para hablar de patinaje. Pero todo lejos del hielo. “Desde los ocho años no he estado tanto tiempo fuera de una pista de hielo. El cuerpo ya no sabía dónde ni cómo estaba. Fue: ¿Quién soy?, ¿qué está pasando?, ¿por qué no tengo mis botas?, el suelo no resbala... Se me hizo muy, muy largo”, reconoce. Pero por fin pudo volver a ponerse los patines y reunirse con su pareja de danza, Kirill Jalyavin, pero... “A las tres semanas, cuando estábamos empezando a coger el ritmo, me caigo y me fracturo el labrum. No parecía una caída extremadamente loca”, desvela. Así pasó de estar el mayor tiempo sin pisar el hielo a la lesión más grande de su vida, que le obligó a entrar al quirófano, donde tuvo lugar la conversación con la que comienza esta información.

“Cuando alguien te dice: ‘Tienes esto y hay que hacer esto’, te da confianza. Te das cuenta de lo importante que es la gente que rodea a un deportista, médicos, fisios... La cirugía fue un éxito, no necesité ningún aplique externo. El médico tuvo que hacer una reconstrucción muy complicada porque me fracturé el labrum por delante y por detrás, y una pieza que estaba rota se salió, se dio la vuelta... Todo por artroscopia, no fue ni cirugía abierta... Tengo la Capilla Sixtina en mi hombro derecho”, afirma la patinadora, cuya rehabilitación llegó hasta octubre, acortando los plazos, y sin perder la comunicación con Kirill por Skype.

-Sara, qué aburrido es entrenar solo -se quejaba él.

-Qué aburrido es no poder moverme, con el cabestrillo -se quejaba ella.

Juntos vivieron esos momentos duros e incluso, de alguna manera, trabajando en pareja. “Visualizando los ejercicios aunque estuviera sentada”, asegura Sara, que considera que todo lo sufrido ha ayudado a “reforzar la solidez” de su vínculo” y cree que ahora son capaces de “exprimir todavía más el potencial”.

En octubre pisó el hielo de nuevo, y llegó el enésimo pero... La amenaza del covid continuaba (y continúa) y atrapó a su compañero. “Fue su regalo de año nuevo, lo pasó con su madre”, cuenta Sara. No tuvo síntomas importantes, pero sí pasaron otras tres semanas más. Total, que entre unas cosas y otras apenas han tenido un mes y medio seguido para prepararse , pero han lograron la plaza para el Mundial en una competición contra la otra pareja española, formada por Olivia Smart y Adrián Díaz, también extraña, telemática y sin público. “Es todo tan raro... Si hubiese sido normal hubiese sido casi lo anormal, con todo lo que está pasando. Toca adaptarse. Los deportistas estamos acostumbrados a eso: tener que estar al máximo nivel pase lo que pase, se te pierdan los patines, se te rompa la cremallera del vestido, te entre dolor de cabeza... Y este es un año para poner eso en funcionamiento”, opina Hurtado.

A la patinadora madrileña le vendió sus primeros patines Blanca Fernández Ochoa, cuando era una niña, y ella con su “inocencia, sin saber quién era”. “Pero con el tiempo dije: “Guay, qué especial esto”, explica. Sabe lo que es sobreponerse a las adversidades. Adrián Díaz era su antigua pareja, juntos empezaron en la danza, “una disciplina inexistente en España”, que les llevó a entrenar a Inglaterra, donde no fue bien, y a Montreal, donde después de un tiempo se rompió su relación con Adrián. “Entonces fue el cambio de equipo y con ello el cambio de entrenadores. Por desgracia todavía no hay un técnico con base en España para que esta disciplina siga creciendo. Es un poco triste haber conseguido comenzar algo que no existía, pero que a día de hoy tiene difícil continuidad porque no se han hecho las gestiones necesarias para que haya una escuela y que haya más parejas de todas las edades. Incluso con todas las dificultades y sin entrenador oficial, el interés por esta disciplina es palpable, siguen saliendo parejas y la hermana de Javier Fernández está haciendo un trabajo súper importante en la pista de Valdemoro. Las condiciones son precarias y se tendría que explotar mucho más”, lamenta Sara.

La patinadora española Sara Hurtado posa junto a su pareja de danza Kirill Jalyavin durante un entrenamiento en una pista de patinaje en Moscú. En el Mundial buscan un "top 10" que dé a España otra plaza para los Juegos FOTO: Ignacio Ortega EFE

Encontró a su nuevo compañero y lleva cuatro años entrenando con él en Moscú. “Más que acostumbrarte a vivir allí, porque a estar lejos de los tuyos no te acostumbras, lo aceptas y se hace como más llevadero porque tienes esa experiencia. Pero echo de menos a la gente, la luz, los melocotones, un abrazo, cosas así. Algo similar a lo que hemos podido vivir en cuarentena, pero ampliado a todo el año”, revela.

Con todo lo vivido estos últimos meses, haber llegado al Mundial ya es un premio, un objetivo cumplido. “Pero siempre apuntamos a lo máximo, no vamos a por el aprobado”, admite. Si consiguen quedar entre los diez primeros, lograrán una segunda plaza para los Juegos Olímpicos de Pekín del próximo año.