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Así logró Fernando Carro la marca que le acerca a los africanos en 3.000 obstáculos

«Los bofetones que me he llevado en el pasado me han ayudado a afrontar todo», cuenta Fernando Carro, que está en el mejor momento de su carrera como atleta, pletórico después de haber batido el récord de España de 3.000 obstáculos con una marca de 8'05''69. Mejoró en dos segundos la anterior, que tenía 17 años de vida, y en diez la suya personal. Logró un tiempo de aúpa. «Te acerca a la élite mundial», cuenta el madrileño. «Es cierto que yo mismo tengo que intentar entender y gestionar la marca: lo primero, saber que si lo he conseguido una vez lo puedo hacer otra, y otra y otra. Considero que puedo correr un poco más, pero lo que busco es ser competitivo: si puedo encontrar otra carrera como la del otro día, fabuloso; pero creo que de verdad lo que daría miedo es ser un tío competitivo entre 8:05 u 8:12, moverme en ese abanico con cierta facilidad», añade.

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Para empezar a entender la marca hay que mirar atrás. Incluso muy atrás.

Muy atrás: «Hace años, cuando era promesa, fui al cine con mi grupo de entrenamiento. Tenía 19 años y había hecho 8:35. Mis compañeros, que eran un poco mayores, me decían que veían factible que batiera el récord de España, que lo que había hecho valía mucho. Para mí era imposible porque tienes una limitación al ver tantos segundos de diferencia, pero eso se me metió en la cabeza como si fuera una semilla que germinara y lo he tenido presente desde entonces», explica Carro.

Atrás: «Estos dos últimos años han sido de continuidad, que realmente es la clave. La temporada pasada encontré continuidad durante todo el invierno y durante todo el verano, por eso competí muy bien en el Europeo de Berlín (fue plata)», revela el fondista, antes de relatar lo importante que es haber podido entrenar y entrenar sin problemas graves después de esos «bofetones» que contó al principio. «Yo trabajé muy bien hasta el año del Mundial de Pekín (2015), rocé mi techo, pero empezaron las complicaciones en el tendón y me acabé lesionando a mitad de temporada del año de Río (2016). Se me cortó la continuidad que ya traía», desvela. En ese momento, además, se quedó sin patrocinador (ahora es una de las imágenes de Nike, que incluso le ha dado las zapatillas de última tecnología que tienen pocos), con motivos para rendirse, pero volvió al barrio, San Blas-Canillejas, a su club de siempre, el Suanzes, para renacer. «Me fui recuperando progresivamente, sin dejar nunca de correr, durante todo el año del Mundial de Londres (2017), pero has tenido un año y medio de parón y no puedes rozar tus límites», insiste. Lo mejor estaba por llegar. «Con el Europeo (2018) sí que comencé una preparación ya todo el invierno y llegué óptimo para hacer plata, pero realmente sólo llevas un año de continuidad; no estás de verdad asimilando aún todo ese trabajo; lo que sí ha ocurrido esta temporada. Toda esa calidad de preparación para Berlín se queda en el cuerpo, lo que pasa es que tienes que seguir metiendo kilometraje». Y eso ha hecho, continuar entrenando y llevando a cabo su plan, que es preparar las pruebas de 5.000 y 10.000, porque está convencido de que si mejora en ellas, lo hará en los obstáculos. Quedan dos meses para el Mundial que se disputa en Qatar y poco más de un año para el gran objetivo de verdad: los Juegos de Tokio. «Toco madera, este año que salga lo que tenga que salir, pero sobre todo que no me lesione; he sido muy inteligente desde Roma (allí ya había batido su mejor marca, a comienzos de junio), donde tenía ciertas limitaciones y he conseguido sobreponerme», admite.

Renunció a correr la Diamond League de Rabat, un mitin en Huelva o la Copa de Europa de 10.000 para evitar hacerse daño, «para que toda esa continuidad que traigo de dos años se pueda ver refrendada en 2020 en Tokio».El récord conseguido en Mónaco le da confianza y le permite incluso soñar con hacer frente a los mejores, a los africanos, dominadores sin piedad de las pruebas de fondo. «Ellos son grandes fondistas que en otras disciplinas hacen casi imposible plantarles cara, pero en el obstáculo, siempre tuve la sensación de que había una oportunidad, porque al final es una prueba técnica, que además se puede enrevesar, puede haber caídas, puede haber un ritmo lento hasta la mitad... Con el tema técnico, ¡y lo digo yo, que no soy un portento de la técnica!, veo que puedo plantarles cara, sobre todo cuando alguno de los principales espadas no están ahora mismo al cien por cien: Kipruto, que es el mejor; o Kemboi, que dice que va a volver en Tokio; o Jager, el americano, cambiando de registro».

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Carro quiere transmitir un mensaje con su esfuerzo y sus marcas. Una lección para los atletas que están por venir: «Sí, las distancias existen, pero no son tan grandes. Hay otros factores a tener en cuenta y son determinantes para que de verdad veamos que nos ganan, vale, pero con paciencia la diferencia se puede reducir», asegura. «Ellos son superiores, pero si yo hago los deberes, puede que tenga esa oportunidad. Si los mejores no llegan en plenas condiciones y yo puedo seguir con esta continuidad, no sé si podría conseguir luchar por una medalla, pero sí estar cerca, olerlo», advierte. «Y, sobre todo, si cometen un error poder aprovecharlo si tú no fallas ese día. Ése es mi trabajo y esa es mi responsabilidad de cara a estos años».