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Así será el tenis después de Rafa Nadal

El Torneo de Maestros de los jóvenes sirve para testar las nuevas normas que se está planteando la ATP para el futuro

El Masters de los jugadores menores de 22 años, el denominado Next Generation ATP Finals que nació en 2017, se ha convertido en un banco de pruebas para testar hacia dónde se dirige el tenis. Ya lo dijo Gerard Piqué, el impulsor de la nueva Copa Davis. «Se trata de que los partidos no se hagan muy largos porque a la gente le cuesta mantener la atención. Tienen que ser partidos más emocionantes, reducirse y que los tenistas estén menos tiempo en la pista», aseguró el inventor de la nueva Davis. Y la filosofía de Piqué, curiosamente, ha guiado a la ATP en la mayoría de las novedades que se han introducido en la edición que concluye hoy.

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Los partidos no se disputan al mejor de tres sets. Son al mejor de cinco, pero... Los sets se resuelven en cuatro juegos, no en seis. En caso de que se llegue al empate a tres se disputa un «tie-break». Los más jóvenes no han puesto problemas. Otra cosa es la postura crítica de los clásicos. La razón del formato más corto era buscar más momentos de tensión durante un partido y a la ATP le cuadran las cuentas: si se llega a cinco sets es necesario ganar el mismo número de juegos (12) que en el formato tradicional.

La gran novedad de esta edición que se celebra en Milán son las innovaciones tecnológicas y su utilización por parte de entrenadores y jugadores. Éstos pueden comunicarse con su técnico durante algunos tramos del partido. Por eso en algunos parones no es extraño ver a los jugadores ponerse unos cascos y en el palco de turno ver a su técnico hacer el mismo gesto y que empiecen a dialogar. Se pueden realizar correcciones durante el partido usando la multitud de datos a la que tienen acceso los jugadores y su equipo. La única prohibición, a diferencia de lo que sucede en el circuito femenino, es que el técnico no puede entrar en la pista.

Una de las medidas que más ha convencido a los jugadores es la revisión de vídeo, ya que se aumenta el control sobre las decisiones que toma el juez de silla. El jugador puede pedir que se revisen muchas acciones: doble bote, infracciones en un golpe, doble golpeo, cuando la pelota golpea la raqueta o la ropa, invasión...La obsesión por el tiempo se traduce en que los jugadores sólo dispondrán de cuatro minutos desde que el segundo jugador entra en la pista. Y el reloj que marca el tiempo entre punto y punto va a ser seguido a rajatabla. Los 25 segundos entre puntos se van a medir de forma estricta y los tiempos médicos –uno por jugador– también están muy controlados.

Como si la ATP tomara como referencia algunas de las costumbres de Nadal, también hay nuevas normas sobre el uso de las toallas. Los jugadores deben usar un toallero que hay en el fondo de la pista con lo que se elimina cualquier contacto con los recogepelotas. De esta forma, la ATP persigue que los momentos de tensión no terminen convirtiéndose en gestos desagradables hacia los recogepelotas.

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Los más tradicionales ven en muchas de las medidas una falta de respeto hacia los jugadores. Y una de las más polémicas es la libertad de movimiento del público durante los partidos. Salvo en los fondos, los aficionados pueden moverse libremente dentro y fuera del estadio durante los encuentros. ¿Qué se persigue? La ATP busca crear un clima más relajado y que los aficionados no estén obligados a permanecer sentados en su localidad un tiempo concreto.

El torneo en cuestión no sirve para sumar puntos en el circuito, pero los premios son tan jugosos como si fuese un ATP 500. Los De Miñaur, Ruud, Kecmanovic, el español Davidovich, Tiafoe, Humbert, Ymer y Sinner se han embolsado 50.000 dólares sólo por comparecer. Cada victoria en la primera fase suponía 30.000 dólares más y si el campeón se lleva el título sin ceder un partido la recompensa roza los 400.000. El tenis del siglo XXII ya está aquí.

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