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“Aprender de los americanos para ganarles se convirtió en una obsesión para la URSS”

Marc Bret y Nacho Morejón analizan en este libro la historia del baloncesto soviético con testimonios de los protagonistas

Portada de "El gigante rojo"
Portada de "El gigante rojo" FOTO: La Razón (Custom Credit)

Marc Bret (Barcelona, 1987) es demasiado joven para recordar a los héroes del baloncesto soviético. Nació un año antes de que la URSS ganara el oro olímpico en los Juegos de Seúl, la mezcla de historia y baloncesto -”me gusta mucho y siempre me gustó la historia del baloncesto europeo”, dice- fue la que lo animó a involucrarse en este proyecto con Nacho Morejón (Huelva, 1972). Los dos han publicado “El gigante rojo. Historia del baloncesto soviético”.

-Marc habla ruso. ¿El libro hubiera podido ser igual sin alguien que hablara ruso?

-(Nacho) Si Marc no hubiese estado en el proyecto yo jamás hubiera escrito un libro como éste. Porque lo que le da valor es que Marc habla ruso y ha hablado con todos los jugadores, ha podido leer las revistas de la época. También comentamos en el prólogo que hemos intentado huir de las fuentes españoles, que sí nos contaban lo que ellos sabían, pero no siempre era exactamente lo que había pasado. La idea original del libro también era que la primera piedra sobre la que se tenía que construir era que tenía que hacerse con fuentes originales. Si Marc no hubiese hablado ruso... Sin eso y si Marc no hubiera podido leer revistas antiguas el libro simplemente sería un refrito, sería juntar lo que ya sabe todo el mundo porque todo el mundo veía los mismos partidos, escuchaba a los mismos comentaristas y leía las mismas revistas. Entonces tiene que ser un enfoque diferente e ir directamente a las fuentes originales.

-Aunque él no hubiera vivido esa época.

-(Nacho) Hay otra cosa importante que es la brecha generacional. Yo soy del 72 y para mí los jugadores de la Unión Soviética eran semidioses. Mientras que para Marc eran unos tíos que salían en la tele y les llamaba y les llamaba y les daba la brasa hasta que hablaba con ellos. Esa falta de barrera mental ha sido muy importante porque resolvían dudas sobre la marcha. Mi momento favorito del libro es cuando estaba escribiendo el preolímpico del 84 y le dije a Marc “parece que Volkov está, pero no aparece en las actas”. Y me dijo “espera, que le llamo”. Y le dijo que había estado en dos amistosos y luego no le llevaron al preolímpico. Supimos en 30 segundos una duda que si no vete a saber cómo resuelves. Esa falta de pudor a la hora de contactar con ellos también ha sido decisiva. Yo creo que no hubiera sido capaz por ese respeto reverencial.

-¿Fue muy complicado el trabajo de los primeros años, los 50 y los 60?

-(Marc) Uno de los problemas del libro de esa parte, cuando empezamos, es que de antes de los 70 quedan poquísimos jugadores. El más antiguo con el que hemos hablado creo que es Kufov, que es de principios de los años 40. Y luego están Gedeshko y Paulauskas, que son de esa misma época, pero si vas un poco más atrás ya cuando empezamos en 2016 muchos ya no estaban entre nosotros. Esa parte ha sido más de hurgar en archivos. Encontré por suerte un hatajo de revistas soviéticas de la época, de los años 50 y 60, que alguien había escaneado . Eso fue un tesoro, porque ahí encontramos todas las cosas que no podías conseguir directamente ya de los jugadores. Luego también había entrevistas con jugadores de los años 60, pudimos conseguir en Moscú la biografía de Alachachyan, que es uno de los jugadores que tienen un lugar destacado en el libro y que ha sido muy útil a la hora de escribir esa parte del libro. Y con las revistas ha sido un poco rellenar esos huecos. También tuve suerte porque vivo al lado de la House of Basketball -la antigua Fundación Ferrándiz, puntualiza Nacho-. He podido ir varias veces y había una persona de la FIBA que siempre que le pedía cosas me ayudaba o me llamaba él, me pasó todas las fichas de todos los partidos. Todas las fichas oficiales de los partidos estaban ahí y eso muchas veces es muy útil porque al final el acta es lo que va a misa. Fue un poco rollazo tener que ir contando los puntos uno a uno, pero fue muy útil para comprobar fechas, comprobar quiénes jugaban en el equipo.

(Nacho) Una cosa curiosa que comprobamos gracias a las actas fue que Alexander Gomelsky fue árbitro en las Olimpiadas del 56 en Melbourne. Es interesante porque los testimonios que han dejado los hijos de Gomelsky, sobre todo uno de ellos, se equivocan una barbaridad. Fue Vladimir el que dijo “mi padre fue árbitro”. Nos miramos así y dijimos “bueno, vete a saber si es verdad o no”. Y al final gracias a las actas pudimos comprobarlo.

-Hay testimonios de jugadores españoles. Los veteranos ¿tenían recuerdos claros de aquella época?

-(Nacho). Mi impresión es que Emiliano tenía buena memoria, en este caso es muy difícil comprobar todo lo que dicen, pero mi impresión es que él tenía muy buenos recuerdos de esa época, que habían hecho amistad con los jugadores del TSKA, que habían creado una buena relación, aunque la comunicación no era fácil. Igual a veces mezclaba un partido con otro, pero eso imagino que cuando has jugado quince años y tantos partidos es inevitable. Aunque jugaban muchos menos partidos que ahora y se acuerdan más porque un jugador de ahora en cinco temporadas intensas ya ha jugado más partidos de los que jugó Emiliano en diez años. Además, yo creo que era algo mucho más especial y más único. Ahora tienes un playoff y viajas cuarenta veces a Rusia y antes era el partido del año, entonces es más fácil conservar la memoria en ese sentido.

-Imagino que lo que más les llamaba la atención era el contraste social y político.

-(Nacho) Desde luego. Y al contrario, cuando iban los soviéticos a Estados Unidos a las giras, que todos comentan “entrábamos en un supermercado y nos volvíamos locos”. Por todo lo que había, la variedad, los coches que había, las casas. El choque cultural se da en ambos sentidos.

-(Marc). Viktor Zhuvkov consiguió las zapatillas de Bill Russell. Se enfrentaron en los Juegos del 56 y las consiguió después del partido. Parece ser que las guardó mucho tiempo, pero dijo: “se las di a la industria para que las replicaran y luego no las replicaron y tampoco las volví a ver”. Pobre hombre, que se quedó compuesto y sin novia. Esa historia me pareció bastante curiosa.

-A pesar del hermetismo político, hay mucha influencia estadounidense a través de las giras, del estudio de Gomelsky.

-(Marc) Mi impresión de las giras es que al principio era un poco la diplomacia de la Guerra Fría, para rebajar tensiones con eventos deportivos. Luego la realidad era que los estadounidenses estaban mucho más adelantados y a los soviéticos les iba bien ver cómo jugaban los americanos, jugar contra ellos, ver qué tácticas empleaban. Los entrenadores soviéticos en general eran de un nivel inferior, o al menos muchos jugadores se quejan de que eran flojos, y poder estar en contacto con los americanos y aprender de ellos era importante. Fuera de la rivalidad de la Guerra Fría, si hay que aprender del enemigo para ganarle se hace y ya está.

-(Nacho). De hecho se convierte en una obsesión aprender de los americanos para ganarles, Y en Seúl en el 88 te das cuenta de que no ganan por casualidad. Llevan años trabajando cosas específicas, juegan contra los Atlanta Hawks, Volkov dice que lo que aprendió con Mike Fratello le sirvió para siempre. Y Mike Fratello luego fue seleccionador de Ucrania,

-Ese partido contra Estados Unidos lo cambia todo, hasta el concepto del baloncesto olímpico. En Barcelona llega el “Dream Team” y todo es diferente

-(Marc). A veces creo hay un cierto malentendido en ese sentido porque no es que los Estados Unidos perdieran y dijeran “ahora vamos a llevar a los NBA”. Hubo una votación sobre si tienen que ir los NBA y Estados Unidos vota en contra, los que votan a favor son los demás, que creen que ha llegado el momento de medirse a los de verdad. Si hubieran ganado otra vez la medalla de oro sin problemas igual esos equipos no hubieran votado que fueran los NBA.

-(Nacho) Yo creo que si hubieran ganado en el 88 lo más probable es que en el 92 no hubiesen mandado a profesionales. Hubiesen mandado seis y seis u ocho y cuatro, Hubiesen pensado que todavía tenían margen con los universitarios, pero quisieron recuperar la corona. Si hubiesen ganado en el 88 los profesionales hubieran llegado porque las otras selecciones eran las más perjudicadas porque los que se iban a jugar con los profesionales ya no podían jugar con sus selecciones. Fernando Martín, por ejemplo. Si la NBA llamaba cada vez a más jugadores y ya no podían jugar con sus selecciones al resto de selecciones les interesaba que fuesen los americanos. Si ganan en el 88 probablemente no hubieran mandado al Dream Team porque pensarían que tenían margen, pero al perder dijeron “vamos a mandar a los mejores para daros candela de la buena y para que os enteréis”.