El show de Ricky

Sin lesiones, superado el drama familiar y olvidados los rumores de traspaso, el base vive sus semanas más brillantes con los Wolves. En el último mes es el mejor pasador de la NBA.

Sin lesiones, superado el drama familiar y olvidados los rumores de traspaso, el base vive sus semanas más brillantes con los Wolves. En el último mes es el mejor pasador de la NBA.

En su sexta temporada en la NBA y después de más de 330 partidos Ricky Rubio vive sus días más felices en Minnesota. Sus 22 puntos y 19 asistencias ante los Wizards de Washington son la firma del mejor Ricky, el base del que Scariolo presume que es su «titular en la Selección». Su temporada ha sido de todo menos sencilla. Empezó tocado física y anímicamente. A las lesiones, que sólo le han dejado jugar una campaña completa, se sumaba la ausencia de su madre. Tona, el alma de la familia Rubio, luchó cuatro años contra un cáncer que la derrotó el pasado mayo. Ricky se tragó el dolor, fue a los Juegos, ganó el bronce y empezó la temporada con molestias físicas. Cuando desaparecieron llegó la muerte de su abuela en enero. La falta de química con el entrenador Tom Thibodeau y los rumores de traspaso le persiguieron hasta hace apenas un mes. «Siempre hay rumores», afirmaba resignado el de El Masnou cuando casi tenía las maletas hechas camino de Nueva York.

Pero Ricky es ahora otro, el mejor Ricky desde que se marchó a la NBA cuando era un adolescente campeón de Europa. El último mes ha sido el mejor de su carrera. Nadie pasa como él (11,6 asistencias por partido), tiene el mejor porcentaje de tiro de su vida (roza el 40 por ciento, aunque en los triples sigue con un raquítico 29,5), está en el «top 10» de robos y los Wolves tienen opciones de entrar en los «playoffs» por primera vez desde 2004.

Sólo cuatro jugadores esta temporada han tenido actuaciones por encima de los 20 puntos y las 15 asistencias: Westbrook, Harden, LeBron y el base español. Tres candidatos al MVP y Ricky. Es la evidencia de que está a un nivel superlativo. «Estoy cómodo, sintiéndome bien y jugando mejor. Creo que ha sido un proceso de adaptación. El principio de temporada fue duro: nuevo entrenador, la pequeña lesión que tuve, la adaptación a un grupo muy joven... Ahora me siento mucho más cómodo y mis compañeros conocen mucho más mi estilo de juego», asegura.

La explosión de Ricky coincide con la lesión de uno de los miembros del quinteto titular de los Wolves. El saltarín Zach Lavine cayó el 3 de febrero y desde entonces los promedios del español en puntos y asistencias se han multiplicado. Ricky tiene más tiempo el balón en sus manos y más capacidad para decidir qué hacer. A Thibadeau no le ha quedado otra que rendirse a la evidencia. Las otras dos estrellas del equipo, los jóvenes Wiggins y Karl Anthony-Towns, también lo agradecen. El primero, un alero superclase, anota más sin necesidad de acaparar la bola. El pívot tiene mejores porcentajes y sus conexiones con Ricky son carne de «highlights» –las mejores jugadas– una madrugada sí y otra también.

«Estamos jugando mucho mejor y durante el último mes y medio estamos por encima del 50 por ciento de victorias. Esos partidos ajustados que perdimos al comienzo de la temporada nos va a costar recuperarlos, pero vamos a luchar por ese octavo puesto en el Oeste que parece que este año va a estar un poco más barato que en el pasado. Vamos a tratar de colarnos por ahí», comenta esperanzado el base. Después de Navidad el equipo presentaba un deprimente balance de victorias/derrotas, 9/23. Desde entonces, la marca es 19/15 y los Timberwolves están a cuatro triunfos de los Nuggets de Juancho Hernangómez, el equipo que ocupa la octava plaza del Oeste. El mejor Ricky persigue por primera vez en su carrera en la NBA no estar de vacaciones a mediados de abril.