Polémica y maldición

Por si el año pasado no habíamos tenido suficiente polémica con la famosa falta de Claver, lo de ayer ya fue de traca. El final del partido es de los más controvertidos que se recuerdan. Falta del Madrid no pitada, cierto, pero un tapón legal de Randolph a Tomic fue convertido en canasta del Barça por los árbitros. Y eso después de revisar la jugada en el vídeo. Así acabó la final, con Felipe Reyes negando con la cabeza en el banquillo y con el Barça celebrando un título en la cancha del Madrid. Duro para los blancos. Solo en dos ocasiones el equipo que organiza la Copa del Rey ha terminado con ella en las manos. El dato es tan demoledor que nos deja un mensaje claro: la presión del organizador por ganar ante su gente pesa más que el talento o la capacidad ade su plantilla. Eso pareció pasarle al Real Madrid, desatado durante gran parte del partido, en el que fue ganando hasta por 17 puntos. La diferencia era tan grande que la Copa ya casi se celebraba. Pero llegó el último cuarto y apareció un estratosférico Heurtel para darle la vuelta al partido. Llull intentó el milagro. Forzó la prórroga en el último instante con su garra habitual e hizo soñar de nuevo a los suyos, hasta que la polémica se adueñó de la final. Otra vez.

Toca reflexionar Más allá de lo ocurrido en el final del partido, la derrota del Madrid en un partido que tenía ganado solo se explica por el exceso de confianza. Es eso o habrá que pensar que realmente hay una maldición. No hay más formas de entender que un equipo con tanta experiencia en finales dejase ir un partido así. Esos jugadores han ganado duelos imposibles, han competido contra los mejores equipos del continente y en situaciones totalmente adversas. De casi todas ellas salió victorioso el equipo de Laso, que lo ha ganado todo con él en el banquillo. Esta vez no. Toca reflexionar, la Liga y la Euroliga son los objetivos ahora.