Ciclismo

Froome gana de memoria

Se impone en la meta de Peña Cabarga, la misma en la que en 2011 consiguió su primera victoria como profesional ante Juanjo Cobo. «Sabía cuándo tenía que acelerar», dice

El ciclista británico del equipo Sky, Chris Froome se ha proclamado el vencedor de la undécima etapa de la Vuelta Ciclista a España 2016
El ciclista británico del equipo Sky, Chris Froome se ha proclamado el vencedor de la undécima etapa de la Vuelta Ciclista a España 2016

Se impone en la meta de Peña Cabarga, la misma en la que en 2011 consiguió su primera victoria como profesional ante Juanjo Cobo. «Sabía cuándo tenía que acelerar», dice

Para Chris Froome, Peña Cabarga es el lugar donde empezó todo. Allí logró su primera victoria profesional en un apretado esprint con Juanjo Cobo, que después terminaría ganando la Vuelta. Hasta entonces, el tres veces ganador del Tour, era sólo un aprendiz de Wiggins, un africano flaco y pálido que competía con pasaporte británico. La carrera de Froome despertó en Peña Cabarga y allí volvió ayer a demostrar que está en condiciones de todo.

La escena era parecida. Froome, ayer vestido con el maillot blanco de la combinada, viajaba a un kilómetro de la llegada junto al líder. En 2011 se marchó antes, Cobo lo agarró y Froome lo superó en el esprint. Ayer esperó el ataque de Nairo antes de responder. Se marcharon juntos y Froome remató al final. Conocía la subida, la tenía guardada en la memoria desde hace cinco años. «Sabía que la última curva era a la izquierda y que después estaba la pancarta y sabía cuándo tenía que acelerar», explicó el británico después de celebrar con rabia la victoria. No había tiempo de reacción después del último giro porque la meta se echaba encima y Froome aprovechó su conocimiento para arañarle unos pocos segundos de bonificación a Quintana en un día en que el colombiano pretendía engordar las diferencias. Para eso había trabajado su equipo en los últimos kilómetros, después de que Tinkoff hubiera echado abajo la abultada escapada de 23 ciclistas. Los hombres de Nairo sólo controlaron la subida, cuando apuraban su esperanza los últimos supervivientes de la fuga. El último fue Hermans, arrollado por el pelotón de favoritos. Rubén Fernández marcaba el paso y cuando se agotó fue Valverde el que se puso al frente de la carrera. «He sido tercero después de hacer mi pequeño trabajo», decía feliz el murciano en la meta. Su ritmo no impidió que saltara Chaves. Un ataque que parecía imparable. En pocos metros había conseguido ya una ventaja de 14 segundos. Pero no fue capaz de mantenerla. Chaves no pudo con las rampas que esperaban al final, las que Froome guardaba con cariño en su cabeza.

Esta vez no hubo remontada del británico. Peña Cabarga es un puerto corto, de algo menos de seis kilómetros, un esfuerzo explosivo que no permite despistes. Froome no perdió de vista a Nairo y Nairo no pudo despegarse de Froome. «Se ha demostrado que no debemos descuidarnos. Quedan muchas etapas duras y habrá que intentarlo», afirmaba el colombiano.

Después de los Lagos aseguraba Quintana que habían empezado a descifrar la manera de correr de Froome, empezaban a encontrar el agujero por el que hacerle daño. «Es difícil pensar todo lo que él hace, porque tiene diferentes estrategias. El otro día en un puerto corto le gané tiempo y hoy hemos visto que está muy fuerte», confiesa el colombiano.

No hubo cálculo de vatios en esta ocasión, esa herramienta que generó debate en el día de descanso como si diera ventaja a Froome sobre los demás. Pero todos manejan la misma tecnología. La diferencia es la forma de interpretarla. «Unos la usan mejor y otros peor», resume Quintana. Froome la maneja mejor, pero quizá son los nervios los que gestiona mejor que sus rivales. No se deja llevar por arranques de furia que le hagan quedar achicharrado en las últimas rampas de cualquier puerto. Sólo espera que llegue su momento. La tecnología es sólo un instrumento que está a disposición de todos los ciclistas. «Y si no, ¿por qué no volvemos a las bicis sin marchas?», se pregunta el británico.