Ciclismo

Pogacar proclama su inocencia ante las sospechas de dopaje: “Soy un buen chico, no tomo atajos”

El líder del Tour se defiende de las dudas que genera su superioridad en la carretera. «Estoy pensando en publicar mis entrenamientos, aunque dé ventaja a los rivales», asegura

Tadej Pogacar, en el podio con el maillot amarillo a dos etapas de coronarse en París
Tadej Pogacar, en el podio con el maillot amarillo a dos etapas de coronarse en ParísGUILLAUME HORCAJUELOEFE

Sucede siempre en este mundo del ciclismo, que parece como un hámster metido en una rueda que no para de girar y todo el rato conduce al mismo sitio, a la nada. Este deporte sigue anclado en eso, en girar sobre sí mismo, sobre su historia más oscura. Pasó con Lance Armstrong, tuvo que aguantarlo también Chris Froome después y ahora le toca el turno a Tadej Pogacar. Todos los dominadores tienen que enfrentarse a la sospecha del dopaje. Es la condena del ciclismo.

El líder del UAE Emirates, amarillo desde la crono de la quinta etapa, ganador de las dos jornadas pirenaicas y patrón absoluto, no tiene rivales en esta carrera que le hayan puesto en una mínima dificultad, salvo el breve momento malo del Mont Ventoux con Vingegaard que supo aplacar en el descenso camino de Malaucene en la etapa 11ª. Más de cinco minutos le separan del danés del Jumbo-Visma y de Carapaz desde la mitad de esta edición. Y toda esa superioridad genera dudas que se transforman en sospechas. Y sospechas que se transforman en preguntas insidiosas. «Pero yo soy un buen chico y no tomo atajos», responde el esloveno.

Así se viene defendiendo él desde el primer día de descanso en el que ya aparecieron las dudas sobre su hegemonía y que tiene que sortear como puede. Echando mano de toda su frialdad eslovena y de la madurez que todo su entorno presume que tiene a sus apenas 22 años. Superar esto también va dentro del reto que supone ganar el Tour. No solo en la carretera. «No me importan las preguntas sobre el dopaje y lo entiendo. Aunque acepto las sospechas pero no las comparto, y no sé qué más decir». Él prefiere hablar sobre el asfalto. Pero si va a ser el dominador que marque una época, como todo indica por su superioridad de la que no le gusta hablar por no quitar mérito a sus rivales, le tocará sortear esta incómoda parte.

«Desgraciadamente, conozco de dónde viene nuestro deporte y la historia del ciclismo no es de color de rosa. Conozco los problemas que sufrió en el pasado con la gente que se impone a los demás con tanta autoridad y son preguntas incómodas. Lo único que puedo hacer es responder con mi corazón. Procedo de una buena familia, soy un buen chico y no el tipo de persona que toma atajos para conseguir sus objetivos». Insiste Pogacar en que, como todo líder de cualquier carrera, «me someto a controles y no hay nada malo. Entiendo que existan estas preguntas y que la gente se plantee estas cosas. No estoy enfadado». Y afirma también que él poco o nada ha cambiado en cuanto a mejoría de rendimiento: «Mis valores me parecen muy similares a los de 2020». De hecho, sus entrenadores, con el alavés Iñigo San Millán a la cabeza, estudian sus parámetros en confrontación a los de sus rivales más cercanos, a los de Carapaz y Vingegaard, y se sorprenden, no del tremendo nivel de Pogacar sino del bajísimo de los enemigos.

Para despejar cualquier duda, ha dicho que está dispuesto a hacer públicos esos valores. «Me encantaría publicar mis datos algún día. Quizá lo haga, pero no creo que eso cambie nada, porque para el Tour lo que necesitas es tener buenos vatios y moverlos. Y si compartes tus datos puede afectar a tu táctica porque otros equipos pueden ver tu capacidad y tus límites en ciertos terrenos». Aunque dé ventajas está dispuesto a ser transparente del todo.