Ciclismo

El jardín de Mads Pedersen

Ganó su tercera etapa en esta Vuelta. Su dominio en los esprints es aplastante. Los primeros se guardan

Mads Pedersen fue muy superior en el esprint de Talavera de la Reina
Mads Pedersen fue muy superior en el esprint de Talavera de la Reina FOTO: Manu Fernandez AP

Las carreras se miden también por las ausencias. Algunas dejan un vacío infinito, como la de Primoz Roglic, que dejó a la Vuelta huérfana de batallas inesperadas. Otras se van al olvido porque aparecen otros corredores que rellenan el hueco con personalidad propia y un brillo especial.

Es lo que sucedió con la retirada de Sam Bennett. El irlandés ganó las dos etapas que llegaron al esprint antes de retirarse. Por detrás siempre entraba Mads Pedersen, que también fue segundo en la etapa que Primoz Roglic ganó en Laguardia.

El danés, campeón del mundo en 2019, un año después que Alejandro Valverde, parecía destinado a ser el escolta del velocista irlandés del Bora. Pero se marchó Bennett y llegó la hora de Pedersen. En las calles de Talavera de la Reina ganó su tercera etapa de las últimas siete. Algo que parecía impensable cuando, ya sin Bennett en carrera, Kaden Groves le arrebató el esprint en la llegada del Cabo de Gata. Allí, ante la iglesia de las Salinas, pareció llegar el final de las posibilidades del danés. Venía a la Vuelta a por una etapa y había perdido tres de tres en las llegadas.

Pero todo ha cambiado en la última semana. Ha conseguido un cien por cien de aciertos y aún espera que llegue su cuarta victoria en la última etapa en Madrid. El danés, si nada raro pasa, se aseguró hace tiempo el maillot verde de la regularidad. Un premio más que merecido después de tres victorias y de tres segundos puestos. Ya era suyo cuando se marchó Bennett por culpa del covid, pero sin el irlandés no hay nadie que se lo discuta.

Tampoco le discute nadie ya que es un ciclista de calidad, mucho más que un ganador del maillot arcoíris de campeón del mundo en un día de fortuna. Esta temporada ha ganado también en el Tour de Francia y superó a Wout Van Aert en una llegada de la París-Niza. Mucho más que una casualidad.

El danés se conforma con el maillot verde de la Vuelta y no luchará por recuperar el arcoíris de campeón del mundo. Se evita el viaje a Australia. Pedersen prefiere descansar y pasar más tiempo con su familia. De la Vuelta se marchará orgulloso cuando acabe el domingo. Ha convertido los esprints de la carrera española en su particular jardín. «Tres etapas es mucho más de lo que vine a buscar a la Vuelta. Es muy bonito, creo que puedo estar contento con estas tres semanas en España», admite.

A Pedersen le ayuda la ausencia de Bennett, pero también la de Primoz Roglic. Con el esloveno sobre la bici hubiera sido mucho más complicado para los equipos de los esprinters llegar a los últimos kilómetros con la carrera controlada. Pero las fuerzas son escasas y el sábado espera una etapa donde todo se puede dar la vuelta.

Hubo movimientos, fugaces y para las pantallas de televisión. Amagos de Movistar y de Mikel Landa. Fuegos de artificio que no conducían a ninguna parte y se limitaron a ponerse en cabeza del pelotón. Evenepoel ya demostró en la subida al Piornal que es el más fuerte de la carrera, que fue capaz de responder a los ataques de Enric Mas y a las maniobras estratégicas de Machín y del UAE porque no hay unas piernas más fuertes que las suyas. Y arriesgarse a atacar cuando el puerto más cercano a la meta estaba a 40 kilómetros de meta no era un plan apetecible para nadie.

Sólo se subía El Piélago, en dos ocasiones, una cima de segunda que sólo podía servir para que Richard Carapaz hiciera más sólido su dominio en la clasificación de la montaña.

La última oportunidad

«Muy dura». Con esas dos palabras y en español resumió Remco Evenepoel lo que le parece la penúltima etapa de la Vuelta, la que puede decidir la carrera, si es que no está decidida ya, en la sierra de Madrid. «Puedo esperar lo mejor y lo peor», asegura el belga, convencido de que Movistar lo intentará para subir hasta el primer puesto del podium. El belga ve al español como el único enemigo verdadero, aunque las ilusiones y las ambiciones de corredores como Ayuso y Supermán López pueden animar la carrera y quién sabe si llevar a Mas hacia delante.