Yo confieso «me dopé por arrogancia y ansia de victoria»

Lance defrauda en la entrevista al no llorar ni mostrarse arrepentido.. La USADA quiere que Armstrong testifique bajo juramento que se dopó

Lance Armstrong, durante la entrevista con Oprah Winfrey
Lance Armstrong, durante la entrevista con Oprah Winfrey

Ya antes de que Lance Armstrong, de 41 años, le confesase a Oprah Winfrey, la reina de la comunicación, que se había dopado, los estadounidenses sabían todo lo que iba a decir en la hora y media del primer episodio de su entrevista. Unos días antes, Oprah ya había filtrado a grandes rasgos el contenido de su encuentro con el deportista texano, así que a los aficionados al deporte de todo el mundo, sólo les quedaba ver si Lance Armstrong lloraba durante su cita con la reina de la comunicación y si, al menos, daba la impresión de sentir algún tipo de arrepentimiento por lo que hizo. Sí, confesó que se dopó. Sí, confesó que no tenía miedo de que le pillasen. Pero, no hubo ni una lágrima. Y la entrevista pareció estar perfectamente planeada. De esta forma, fracasó en su intento de convencer a los estadounidenses. Y lo peor de todo: ni siquiera pidió perdón, parte fundamental del ritual para que sus compatriotas «exoneren» de sus pecados a un famoso venerado hasta ese momento.

El encuentro fue una confesión en vez de una disculpa por sus años de mentiras y acosos a sus amigos, compañeros de equipo y familiares de algunos deportistas. Por ellos, esta entrevista no ha tenido la respuesta esperada por parte de periodistas y público que, todavía más desconcertados, se preguntan qué pretende Armstrong con todo esto. Pero, quizá, al ciclista de Texas no le importe mucho lo que piense el público. Tampoco los periodistas. Ni siquiera a los que destruyó sus carreras cuando les atacó después de que le acusasen de utilizar sustancias ilegales para mejorar su rendimiento.

La entrevista va dirigida a la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA), la cual le ha prohibido participar en cualquier competición deportiva de forma perpetua. Y, precisamente, es esto lo único que parece importarle a Lance: competir en triatlón. Ya ha habido contactos entre el ciclista y los funcionarios de esta agencia. De momento, valoran la posibilidad de permitir al texano volver a competir a cambio de que les ayude en la lucha contra los tramposos como él. Pero, para ello, tendría que acusar a otros deportistas. Exactamente igual que hace años hicieron contra él.

El jefe de la USADA, Travis Tygart, emitió un comunicado inmediatamente después de que entonase este particular «yo confieso» con Oprah. «Esta noche, Lance Armstrong ha reconocido finalmente que su carrera ciclista se ha construido sobre una poderosa combinación de dopaje y mentira. El admitir que se dopó durante su carrera es un pequeño paso en la dirección correcta. Pero, si es sincero en su deseo de corregir sus errores del pasado, tendrá que testificar bajo juramento sobre sus actividades al completo», indicó Tygart en una nota que deja claro los planes de la USADA con el deportista. Y, aquí entonces, Armstrong ya sí que no podrá contestar con evasivas como en televisión.

Por ahora, la Agencia Mundial Antidopaje ha llamado a Armstrong esta semana para que revele bajo juramento lo que sabe del dopaje en el ciclismo. Todavía, se desconocen las consecuencias legales de su confesión, que podrían llevarle ante la Justicia federal. Armstrong podría ser acusado de perjurio, ya que negó ante un juez haberse dopado. Además, también podría verse las caras con todos aquellos que le acusaron de doparse, a los que Armstrong trató de perjudicar aprovechando su poder. Entre ellas, destaca Betsy Andreu, la esposa de su compañero de equipo Frankie Andreu.

Después de la entrevista la Fundación Livestrong, creada por el norteamericano, también emitió un comunicado en el que indicó que «además de nuestra decepción, también expresamos nuestra gratitud a Lance como superviviente (de cáncer) por el empuje, devoción y espíritu que ha traído los pacientes y la comunidad entera que ha padecido esta enfermedad».