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Cuando fuimos los mejores

Emiliano, Ferrándiz, Rullán y Arlauckas recuerdan cinco de las ocho Copas de Europa del Real Madrid.

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El Madrid es el equipo más laureado del continente. Algunos de los héroes de sus ocho títulos los recuerdan en vísperas de la «Final Four».

1965, R. madrid, 76-CSKA, 62

Emiliano, el presidente de honor de la sección de baloncesto, fue el héroe de la «Segunda» con sus 26 puntos en la vuelta. «La ida fue muy especial porque fuimos la primera delegación deportiva que viajaba oficialmente a Rusia. Todo era enorme: el Kremlin, la Plaza Roja, el TSKA, no habíamos jugado nunca delante de tanta gente (14.000 personas) e impresionaban tanto los silencios como los aplausos. En la ida sufrimos mucho y yo en especial –anotó 10 puntos– porque los rivales eran más altos y fuertes. En la vuelta, en el Frontón Fiesta Alegre, fue otra historia. Jugamos con la velocidad habitual y remontamos. La celebración consistió en una cena-mariscada en la que se nos entregó la insignia de oro y brillantes del club».

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1967, Real Madrid, 91-Simmenthal, 83

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Pedro Ferrándiz ganó cuatro copas de Europa como técnico y ante los italianos cayó la «Tercera». «Lo de la “Final Four’’ sonaba a chino. Un año después de inaugurar el Pabellón de la Ciudad Deportiva nos encontramos luchando por una nueva Copa de Europa en lo que se denominó Torneo Cuadrangular. Gran parte de culpa de que se celebrase en casa fue de Raimundo Saporta, que tenía mucha influencia en la FIBA. Fue memorable. Al Simmenthal lo entrenaba Cesare Rubini, él y yo éramos las referencias en los banquillos y luego nos convertimos en casi hermanos».

1968, Real Madrid, 98-Spartak, 95

Ferrándiz repitió un año más tarde. «La cuarta Copa de Europa en cinco años fue contra los checoslovacos del Spartak de Brno. Entre Brabender, Aiken y Luyk anotaron más de 70 puntos y nos llevamos aquella final en Lyon. Lo celebramos con mucha alegría, pero nada que ver con lo de ahora, que se tiran recordando un título meses y meses. Nuestros jugadores estaban habituados a ganar y conmigo se ganó el triplete en dos ocasiones».

1980, Real Madrid, 89-Maccabi, 85

Rullán fue el héroe de la «Séptima» con 27 puntos. «En aquella final hubiera sido el MVP si hubiera existido el trofeo. Jugué el partido entero porque en los 70 y los 80 no se estilaba eso de las rotaciones. Para que te cambiasen tenías que tener una muy mala racha de tiro o estar muy cargado de faltas. Era un jugador atípico. Con 2,07 y mis 93-94 kilos me tenía que pegar con tipos como Meneghin o los estadounidenses del Maccabi que me sacaban 15-20 kilos así que me iba a 5-6 metros, los sacaba de la zona y desde allí anotaba. Recuerdo el entrenamiento en aquel pabellón de Berlín Occidental. Nada de puertas cerradas, aquello estaba abierto y se podía ver todo lo que hacíamos».

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1995, Real Madrid, 73-olympiakos, 61

Arlauckas era el acompañannte de Sabonis en el juego interior de la «Octava». «La temporada estaba siendo un desastre y sabíamos que había que ganar la Copa de Europa como fuese. Mi principio de partido fue muy malo, no metía una. Menos mal que estaba el lituano para poner orden. Me costó seis meses entender cómo tenía que jugar con él en el equipo, pero cuando lo hicimos nos convertimos en la mejor pareja interior de Europa. Lo mejor de aquel Madrid es que todo el mundo tenía muy claro a qué se tenía que dedicar y eso fue culpa de Zeljko».