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"Hay que cerrar la cara sur del Everest y que durante 10 años sólo haya gente limpiando"

  • Una subida al Everest
    Una subida al Everest /

    STRINGER / REUTERS

Tiempo de lectura 4 min.

27 de mayo de 2019. 12:42h

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Isabel Pacheco 26/5/2019

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Semana negra en la historia del Everest. Diez son ya las personas que han perdido la vida en el techo del mundo y no se descarta que en los próximos días el número de fallecidos aumente. No ha habido derrumbamientos, terremotos o avalanchas. La causa de las muertes se debe al embotellamiento de visitantes en la cumbre más alta del planeta.

«Cuando vi la fotografía de las más de 250 personas atascadas en la cumbre pensé que esto nada tiene que ver con el alpinismo. Más bien tiene que ver con un negocio de gente codiciosa que lleva a clientes a la cumbre más alta del mundo vendiéndoles completa seguridad y en realidad, no les importa nada su vida», cuenta a LA RAZÓN Sebastián Álvaro, viajero de profesión y que ha conquistado cuatro veces el pico más alto del planeta.

Ahora mismo unas 1.500 personas se dan cita solo en la cara sur del Everest, en la ascensión por Nepal, la más «sencilla». Las agencias aprovechan la ventana de buen tiempo para organizar las rutas con los clientes, que se dejan en torno a una media de 60.000 euros para afrontar la ascensión. Pese a que las compañías manejan el número de ascensos que va a haber en la misma jornada, ninguna da su brazo a torcer y se producen colapsos como los que hemos visto en los últimos días. «Unas pocas personas se están haciendo multimillonarias en un país tan pobre como Nepal», dice el que fuese presentador de «Al filo de los imposible».

Pero esa riqueza no se reparte, sino que va directamente a las manos de las agencias. «El gobierno de Nepal y las autoridades hacen oídos sordos. Las voluntades se compran con los 22-25 millones que se mueven en aproximadamente mes y medio de expedición», añade. En ese mes y medio el campo base se convierte en el hogar de los alpinistas y la contaminación está a la orden del día. «Es imposible que el Everest pueda recibir a tantísima gente, con todo lo que eso trae. La comida, desechos, toneladas de botellas de oxígeno, desperdicios de plástico... Es una feria. Hay que poner fin a este coto, que es un coto de codicia de unas cuantas agencias comerciales que no tienen el más mínimo respeto ni por la vida de sus clientes ni por la de la montaña», confiesa Sebastián Álvaro.

Cualquiera pagando los 60.000 euros puede subir al Everest y ésa es una de las causas que están provocando las muertes que se están sucediendo. «El fallecimiento de estas personas se habrá producido por la suma de varias cosas, pero sin lugar a dudas el mayor problema es que hay un montón de gente ahí que no debería de haber subido. Alguno de ellos, probablemente, tenga problemas cardiovasculares que le invalida subir a la cumbre», dice. «No hace mucho subir a la cumbre del Everest requería un aprendizaje que duraba años. Hoy en día decir que has subido al Everest con botellas de oxígeno acompañado de sherpas y haciendo cola no solamente no es algo respetuoso sino que es algo indigno que deberías de callarte», sentencia Sebastián sobre una ascensión que un pequeño grupo de alpinistas, entre los que él está, ha convertido en legendaria.

«Einstein dijo que en el mundo sólo hay dos cosas infinitas que son el universo y la estupidez humana y esto último está ocurriendo», señala. No parece que vaya a haber solución al respecto pese a que se suceden las tragedias. «Lo que hay que hacer es cerrar la cara sur del Everest al alpinismo y que durante 10 años sólo haya grupos de gente limpiando la montaña, pero eso no depende de mí», sentencia un hombre que subió cuatro veces hasta los 8.848 metros.

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