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El fútbol se abre paso entre la polémica

Boca y River se entrenaron por primera vez en Madrid antes de la final. «Agradecemos la hospitalidad de España, pero es triste no poder jugar en Argentina», asegura Tévez.

  • Abila, Tévez y Benedetto bromean durante el entrenamiento de ayer en La Rozas
    Abila, Tévez y Benedetto bromean durante el entrenamiento de ayer en La Rozas

Tiempo de lectura 4 min.

07 de diciembre de 2018. 00:24h

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José Manuel Martín Madrid. 7/12/2018

Lo normal sería que River Plate estuviera preparando la final en su ciudad deportiva de Ezeiza, cerca del aeropuerto de Buenos Aires. Y que Boca Juniors entrenara estos días en Casa Amarilla, unas calles más allá del estadio de La Bombonera. Pero todo lo que rodea a la resolución de la Copa Libertadores 2018 hace tiempo que dejó de tener normalidad y lógica. Es una locura, que se espera tenga un desenlace feliz el domingo a eso de las diez y media de la noche. Como todo es un disparate, los chicos del «Muñeco» Gallardo hicieron una sesión de trabajo suave ayer en Valdebebas y los futbolistas del «Mellizo» Barros Schelotto sudaron al mediodía en el campo que suele usar la selección española en la Ciudad del Fútbol. Una situación rara hasta para los propios protagonistas, encantados con el recibimiento que han tenido en Madrid, pero con la espinita clavada de no poder disputar este partido en su país. Ambos están recién llegados a la capital, aunque los vuelos nocturnos les han permitido dormir lo suficiente y no temen los efectos del cambio horario. Lo único que quieren las dos plantillas es que el fútbol se habrá paso por fin entre tanta polémica y que el balón ruede para olvidar de una vez la violencia.

«Sueño todos los días con hacer un gol en el Bernabéu, es un lujo para todos nosotros poder jugar en un escenario así», aseguraba Darío Benedetto, el tatuado delantero de Boca Juniors, autor de tres goles en semifinales y de uno más en la ida de la final en La Bombonera. Él fue el único que le dio espacio a los barras bravas cuando se le preguntó por la posibilidad de que Rafa Di Zeo llegara estos días a Madrid. «Si le dieron el permiso para viajar será por algo y será bienvenido, porque es uno de los líderes de nuestra hinchada», aseguraba. Él se declara hincha de Boca desde niño y no le rechina tanto como a otros la relación con estos aficionados.

Carlos Tévez representa uno de los rostros más reconocidos del plantel xeneize para el aficionado europeo. Jugó en el City, en el United y en el West Ham antes de irse a China. De allí regresó a su casa, al club del que es seguidor, para retirarse vestido de azul y oro. «Uno sabe que ya no es un chico, que mi cuerpo no es el mismo de hace veinte años, por eso siento que puedo ser importante entrando desde el banquillo», admite consciente de que a los 34 años el físico no le da para un puesto de titular el domingo. Eso no le impide ser un líder del vestuario, quizá el máximo junto a Fernando Gago, otro viejo conocido aquí por su paso por el Real Madrid. «Creía que yo era el más bruto, pero estos chicos (los violentos) me superaron. En España hay mano dura con ellos y esto debería servirnos de lección. Saben que aquí no se pueden pasar de listos, porque van presos», reflexionaba Carlitos poniendo algo de humor a un problema grave.

Apareció ante los medios con calcetines y chanclas de piscina, como si Las Rozas hubiera sido siempre su lugar de trabajo. Estiró las piernas Boca en las instalaciones cedidas por la Federación y lo mismo hizo River en Valdebebas, por cortesía del Real Madrid. Insinuó alguna prueba de alineación Guillermo Barros Schelotto, en la que se pudo comprobar que Pavón, uno de los mejores futbolistas de Boca, está recuperado. Y lo mismo sucede con Wanchope Abila, el encargado de los goles xeneizes.

Los futbolistas de River, ayer en la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas
- Los futbolistas de River, ayer en la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas

«Una linda cancha»

En el otro bando tomó la palabra Jonathan Maidana, algo así como el Sergio Ramos de River, tanto por su posición en el campo como por su influencia en el vestuario. «Cuando pasó lo de la agresión al autobús, en todo momento estuvimos pendientes de lo que sucedía en el vestuario visitante. Ahora hay que adaptarse a lo que viene, pero es una pena que por unos pocos paguen todos. Hay que dar una alegría a los que se quedaron apoyando allí. Fue un episodio desagradable y ojalá no hubiera pasado, por lo que este nuevo partido cambia el no poderse definir con nuestro público, pero se dio de esta manera y nada se puede hacer. El Santiago Bernabéu es una linda cancha y estamos en igualdad de condiciones», reconocía el defensa millonario.

«Deseo que la final con Boca sea un partido de paz y tranquilidad», añadía Javier Pinola, el otro central del equipo y ex jugador del Atlético y el Nuremberg. «Lo que pasó lo vio todo el mundo y es algo que no tiene que pertenecer al fútbol», cerraba otro de esos argentinos que se ha ido más cerca de casa a terminar sus días como futbolista. Es una de las piezas clave de Marcelo Gallardo, que no dio pistas de momento sobre su alineación titular. El técnico no podrá estar en el banquillo, porque arrastra varios partidos de sanción.

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