El monstruo de la gimnasia

Simone Biles ha sido la última en denunciar públicamente los abusos de Larry Nassar, médico durante 30 años de la Federación estadounidense.

Simone Biles posa durante los Juegos de Río en 2016 con todas las medallas logradas durante su carrera
Simone Biles posa durante los Juegos de Río en 2016 con todas las medallas logradas durante su carrera

Simone Biles ha sido la última en denunciar públicamente los abusos de Larry Nassar, médico durante 30 años de la Federación estadounidense.

«Rezo el rosario todos los días para lograr el perdón. No deseo el mal a nadie, sólo quiero la curación espiritual», decía Larry Nassar, el médico de la Federación Estadounidense de Gimnasia ante el tribunal que lo juzga por abusos sexuales. Nassar admite haber abusado de siete niñas, tres de ellas menores de trece años, pero son más de 130 las que lo han denunciado y se estima que son más de 368 las víctimas. «Las niñas no son pequeñas para siempre. Crecen y se vuelven mujeres fuertes que destruyen tu mundo», le decía a Kyle Stephens, la primera en acusarlo.

La última ha sido Simone Biles, la cuatro veces campeona olímpica en Río. A través de su cuenta de Twitter publicó un comunicado en el que denunciaba los abusos de Nassar. «Después de escuchar las valientes historias de mis amigas y de otras víctimas, sé que esta terrible experiencia no me define», asegura Biles. «Soy mucho más que eso. Soy única, inteligente, talentosa, motivada y apasionada. Me he prometido a mí misma que mi historia será mucho más grande que esto. Y prometo que nunca me rendiré», añade. «No dejaré que un hombre y las personas que se lo han consentido me roben mi amor y mi alegría por este deporte».

«Necesitamos saber por qué ha podido pasar esto durante tanto tiempo y a tantas de nosotras. Necesitamos asegurarnos de que no va a volver a pasar», dice Biles. La gran estrella de la gimnasia, como tantas otras, sufrió en silencio y en soledad los abusos de Nassar. «Utilizó su poder como médico de la manera más vil posible para abusar de las niñas», le dijo Rosemary Aquilina, la juez que se encarga del caso. Una historia como tantas otras en las que se mezcla la culpabilización de la víctima con el encubrimiento de los superiores. La Universidad de Michigan no investigó las primeras acusaciones ni advirtió a la Federación estadounidense, que cuando despidió a Nassar en 2015 tampoco informó de los motivos. Las dos organizaciones se defienden asegurando que pusieron el caso en manos de las autoridades en cuanto conocieron los hechos y abrieron el proceso de investigación que terminó con el despido del médico.

Pero las denuncias de las gimnastas no tuvieron consecuencias hasta que fueron desveladas por una investigación del diario «Indianapolis Star». «La noche más aterradora de mi vida ocurrió cuando tenía 15 años», asegura McKayla Maroney, una de las primeras denunciantes en salir a la luz. Nassar le dio una pastilla para dormir durante un vuelo a Tokio. «Lo siguiente que recuerdo es que estaba sola con él en su habitación de hotel recibiendo el ‘‘tratamiento’’. Pensé que iba a morir esa noche», confiesa.

Maroney fue medalla de plata individual y oro por equipos en los Juegos de Londres, donde asegura que continuaron los abusos. «Recuerdo ver los Juegos Olímpicos de 2004. Tenía 8 años y me dije que algún día vestiría esa malla azul, roja y blanca y competiría por mi país. Lo logré. Pero a cambio de un precio», admite la gimnasta. «Las cosas que tuve que soportar para llegar fueron innecesarias y asquerosas», dice.

«Su trabajo era cuidar nuestra salud y tratar nuestras heridas; en cambio violó nuestra inocencia», se lamenta Maggy Nichols, que ha confesado ser la primera denunciante del equipo estadounidense. «La espalda me dolía, ni siquiera podía inclinarme, y recuerdo que me llevó a la sala de entrenamiento y cerró la puerta y las persianas», recuerda Nichols. «Confié en lo que estaba haciendo al principio, pero luego comenzó a tocarme en lugares que realmente no creía que debiese. No tenía guantes y no me dijo lo que estaba haciendo», añade.

El doctor Nassar admite haber introducido los dedos en la vagina de siete niñas, sin guantes, un hecho que su abogado definió como parte de su trabajo como médico. «Nos fallaron el sistema y las instituciones que nos dijeron que estaban cuidando a nuestra hija», asegura John Nichols, el padre de Maggie.

«Tenía un dolor en la espalda baja, del lado derecho, así que lo fui a ver. Puso sus dedos dentro de mí, movió mi pierna en círculos, me dijo que iba a sentir un chasquido y que eso colocaría mis caderas y el dolor de espalda desaparecería», explicó Jamie Dantzscher, componente del equipo olímpico estadounidense en los Juegos de Sydney 2000. «Tenía entonces 13 o 14 años y continuó así hasta Sydney, cuando ya tenía 18 años».

«Nassar es un depredador en serie, pero nadie estaba allí para proteger a esa niñas», dice John Manly, abogado de varias de las mujeres que han denunciado. «La Federación Estadounidense y los Karolyi pusieron el dinero y las medallas por delante», añade Manly.