Fútbol

Un baño de realidad

Fiesta francesa, que se llena de optimismo tras golear a Islandia. La gran sorpresa del torneo mostró su entusiasmo... y sus carencias

Los jugadores islandeses lamentan el cuarto gol de Francia, cuando todavía no había acabado la primera parte del partido
Los jugadores islandeses lamentan el cuarto gol de Francia, cuando todavía no había acabado la primera parte del partido

Francia abusa de Islandia (5-2) y presenta su candidatura al título. Griezmann (4) encabeza la lista de goleadores del campeonato.

El fútbol no tiene sentimientos y no hay compasión con el rival durante el partido. Después, puede que sí: se le elogia y se admira su pelea, su determinación, su humildad o lo que sea. Pero antes, cuando los hechos y no las palabras, cuando lo que importa, se es impasible. Por eso Francia pasó por encima de Islandia.

Para el equipo organizador de la Eurocopa no hay otra opción de éxito que ganar y lo dejó ayer muy claro. Islandia de repente, se dio cuenta de que sus carencias son excesivas para competir a este nivel. Su arma es el pelotazo, pero si la cosa se le complica no tiene más recursos. Empezó con nervio, con la ilusión del novato, y en cuanto recibió un gol se dio cuenta de que su hazaña había llegado al final, como se esperaba. Sólo en la segunda mitad se pudo acercar con peligro, cuando ya no había nada que disputar, y marcó un par de tantos para despedirse con honores de un torneo en el que, sin duda, ha sido la gran animadora. Pese a la goleada, tras el descanso jugó con una vivacidad admirable.

La desilusión de sus 8.000 aficionados durante el partido contrastaba con la alegría de los días anteriores, cuando los islandeses soñaron con que todo era posible. Pero, pese a que es una frase que se repite constantemente en el fútbol, no todo es posible, claro. Con la fe, con la convicción, se puede avanzar y emocionar a los demás, pero si se quiere llegar muy lejos se necesita algo más. Y eso Islandia no lo tiene. Su estilo es básico, con menos fútbol, por ejemplo, que Gales, la otra gran sorpresa del campeonato. Islandia dependía de su fortaleza defensiva y de que en un pelotazo o en un saque de banda, el cabezazo fuera a gol. No se dio ninguna de las dos cosas y se marcha con la sensación de haber protagonizado una epopeya y de cerrar un sueño quién sabe si irrepetible.

Pero ayer sufrió una goleada inapelable, un golpe brusco con la realidad que les devuelve a su sitio pero que no les quita lo vivido. Si alguna vez pensó en la épica, con el tanto que acortó distancias al empezar la segunda mitad, Giroud se las quitó rápidamente.

Francia no se alteró por la responsabilidad ni por la ilusión y la expectación que despertaba el rival. Tuvo muy claro cómo jugar y dibujó su partido más completo, con mucha posesión de balón y con más variantes para llegar arriba. Marcó goles de balón parado, de jugada, de rapidez o de remate desde lejos. Se dio una fiesta y acabó con las dudas que le han ido acompañando hasta ahora. Hasta ayer Francia iba ganando partidos con demasiada agonía, como si la responsabilidad le atase en exceso y sólo Griezmann parecía poner vértigo. Deschamps les pidió jugar un poco más a lo loco, con más improvisación y lo cierto es que Islandia les permitió todo tipo de pruebas.

Payet, Matuidi, Sissoko y Pogba manejaron el centro del campo con una facilidad que no habían mostrado hasta ahora. El 15 francés fue por fin más protagonista, con influencia en el juego o, por lo menos, tocando mucho la pelota, moviéndose por todas las zonas del centro del campo y mostrando su poderío físico en el segundo gol, cuando con su salto superó a los rivales.

Ese tanto fue definitivo. Los islandeses a su lado se volvieron pequeños, cuando durante todos los partidos anteriores habían parecido gigantes. Antes, en el tanto de Giroud lo que fueron fue inocentes. El alto delantero les ganó la espalda con mucha facilidad y su remate pasó por debajo de las piernas del portero rival, que no tuvo su mejor noche.

Los goles pusieron el duelo boca abajo para los franceses, mientras las banderas ondeaban en el estadio y los aficionados cantaban la Marsellesa. Francia dominó el choque, paseándose con el balón con tranquilidad y, además, encontrando grandes agujeros en la defensa rival. El centro del campo islandés se olvidó o no supo presionar y la defensa fue desbordada con los balones largos. Era cuestión de tiempo que lo tantos fueran cayendo. Payet marcó el suyo y Griezmann fue más rápido que nadie para hacer un gol que parecía de contraataque, por cómo llegó el delantero, pero que nació en un saque de su portero. Es el máximo goleador del campeonato, la gran esperanza francesa, que mira a Alemania. Islandia, mientras, llora de pena, pero también, y más, de alegría.