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Honda rompe el sueño de Alonso

Una avería del motor acabó con las opciones del piloto español, que llegó a liderar la carrera. Fue un final dramático a una prueba que él mismo calificó como «la mejor experiencia de mi vida». Ha prometido regresar.

La participación de Alonso en las 500 Millas de Indianápolis era una forma de reactivar la relación del piloto de F-1 con Honda y también con McLaren, que está presa de la compañía japonesa por su enorme inversión económica y por el pobre rendimiento de su motor. El asturiano aceptó un reto tan difícil como las 500 Millas y de nuevo demostró que es un piloto fuera de serie. Todo parecía idílico. Alonso volvía a sonreír y tuvo la victoria en su mano. Pero el peor desenlace imaginado por todas las partes implicadas se produjo de forma «dramática». Otra vez, y ya son demasiadas, el motor Honda volvía a fallar. Fin de la historia. Final inesperado en un escenario en el que Alonso brilló como nadie. Pero no fue el ganador. El título fue para el japonés Takuma Sato.

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El mejor momento

Alonso no tuvo un buen comienzo. Perdió posiciones y en los primeros giros se vio envuelto en mitad de un grupo de pilotos que le alejaron de la cabeza. Poco a poco fue encontrando su sitio y empezó a adelantar como una bestia. Desde la novena plaza fue escalando posiciones hasta colocarse entre los primeros. Pasó un buen número de vueltas alternando el primer puesto con su compañero de equipo, Alexander Rossi, aunque más que compañeros lo que hacían era compartir intereses. Se hacían rebufos mutuos para mantener la velocidad y a la vez ahorrar combustible. Quedaba mucha carrera y las 500 Millas son muy largas, interminables. La primera parada en boxes se produjo durante la neutralización provocada por el accidente entre Howard y Dixon. El asturiano parecía en condiciones de comandar la carrera y poco después protagonizó uno de sus mejores momentos. Lideró la prueba con mano de hierro y ni siquiera las sucesivas interrupciones le impidieron perder la cabeza. Pasaba una y otra vez por boxes y el equipo acertaba con cada parada. En el ecuador tenía la carrera controlada y por detrás algunos de los rivales iban quedando fuera, como su propio compañero Hunter Reay, que rompía el motor Honda. Fue un mal presagio.

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Neutralizaciones

El final se acercaba y los pilotos cumplían con el mínimo de vueltas, 101, que la organización contempla para poder finalizar la competición. Es decir, si hubiera alguna condición que obligara a parar la carrera la clasificación podría darse como definitiva. Por este motivo, a partir de ese momento, Alonso y otros como Rossi, Sato y Castroneves se colocaron en los primeros lugares para no perder el tren de la victoria. Parecía increíble que Alonso lo estuviera haciendo tan bien, no perdía la vista de cabeza y desde el muro de boxes y la grada le dirigían con acierto. Sin embargo, dos neutralizaciones consecutivas le hundieron hasta la novena plaza. Peor le fueron las cosas al ganador de la edición de 2016. En la parada en boxes, la manguera de la gasolina no encajó bien y perdió unos segundos preciosos que le trasladaron a la cola. Tocaba remontar. Es lo que tiene Indy. De la gloria, a la miseria en una sola vuelta.

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Ataque y adiós

Y llegó la hora de la verdad. Faltaban 30 giros, el momento en el que la carrera entraba en su fase decisiva, el momento en el que era todo o nada. El español rodaba con toda la garra que podía, superando a rivales vuelta a vuelta, pero con toda la prudencia necesaria en ese momento. Escaló hasta la séptima plaza y de repente... los fantasmas de los tres últimos años. El motor Honda de su coche explotó cuando había empezado el ataque final, unas vueltas llenas de furia que tuvieron un final inesperado. Alonso estaba en posición de optar a la victoria. Había hecho lo más difícil, superó todos los obstáculos que una carrera difícil como esta impone...Pero el motor Honda se interpuso en su camino. Se bajó del coche enfadado, se fue directo al motorhome sin hacer declaraciones y realizó ese camino andando sin quitarse el casco. Debió contar hasta mil en la intimidad de su camión y luego salió a hablar,, aunque poco había que decir pese a que aseguró que había sido la mejor experiencia de su vida.

En el otro lado se situó su compañero de equipo Takuma Sato, que supo escapar de todos los incidentes, fue muy agresivo y finalmente obtuvo la gloria y un premio de 2,5 millones de dólares a repartir con el equipo. Triunfó en la misma escudería de Alonso, la de Andretti, y con el motor Honda, el mismo que Alonso. Sin embargo, la primera aventura americana del español terminó de la peor manera posible, con una avería en un motor que, sin ser extensible entre categorías, está firmado por el mismo suministrador japonés.

Y Serviá tampoco

Oriol Servià hizo una carrera muy inteligente. Tiró de experiencia en todo momento y se plantó en los compases finales en la cuarta posición, cuando Alonso ya estaba fuera. Sin embargo, la suerte tampoco estuvo de su lado. Un incidente múltiple con cinco pilotos acabó con su participación chocando contra el muro. Otra vez se quedó a las puertas de un triunfo en el que tenía muchas papeletas para salir victorioso.

Takuma Sato se convirtió en el primer japonés de gana las 500 Millas de Indianápolis al imponerse en la edición número 101 de esta legendaria carrera. Fernando Alonso y Oriol Servià tuvieron que abandonar a 21 y 17 vueltas del final. El primero por avería, y el segundo, por un accidente.