Fútbol

Valdano: “La gente iba al Bernabéu con una fe insensata en lo que podía pasar”

Jorge Valdano reflexiona en una larga entrevista sobre este Real Madrid de Ancelotti, las remontadas, el nuevo miedo escénico. Quiere que su legado en el fútbol sea la palabra

Entrevista con Jorge Valdano, es un exfutbolista y exentrenador argentino.​ Campeón del mundo con Argentina en el Mundial de México 1986. Actualmente trabaja como comentarista
Entrevista con Jorge Valdano, es un exfutbolista y exentrenador argentino.​ Campeón del mundo con Argentina en el Mundial de México 1986. Actualmente trabaja como comentarista FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Jorge Valdano fue quien en 1986, en la “Revista de Occidente”, fundada por Ortega y Gasset puso palabras a lo que sucedía en el Bernabéu las remontadas de los 80. Ahora, en sus columnas de “El País”, el ex futbolista, ex entrenador y ex director general del Real Madrid, ha vuelto a poner palabras al heroico camino del equipo blanco hacia la final de París.

-¿Cómo llega Jorge Valdano a la “Revista de Occidente”?

-Porque después de de un partido dije que el miedo escénico era una de las razones de la cosas increíbles que ocurrían en el Bernabéu y se convirtió en un titular. Digamos que lo de miedo escénico, en ese momento, parecía una cosa absolutamente propia de un argentino. Llamó la atención y me pidieron que reflexionara y explicara de qué se trataba exactamente. Pero el concepto se quedaba corto desde el primer día, porque hace alusión a la gente y hace alusión al rival, pero no al efecto que provoca en los jugadores del Madrid, que de pronto se sienten más rápidos, más fuertes, con más fe. Lo que estamos viendo no cabe en una definición, cómo podemos hacer para definirlo con cuatro palabras.

-Lo que ha sucedido en esta Champions ha hecho que reflexione de nuevo acerca de eso.

-He vuelto a pensar en eso, pero no sé cómo definirlo porque hay hasta un acto de fe. El Bernabéu se llena de creyentes, gente que va al campo segura de que va a ver algo milagroso. Pasaba también en los 80, entonces los alemanes todavía se comían a los niños crudos. Era una cosa tremenda cómo imponían. Era más difícil explicar la remontada que que te metieran cinco en Alemania, Y sin embargo, la gente iba con una confianza, creó que está en artículo, una confianza insensata en lo que podía pasar, que podía ocurrir la remontada. Pero bueno, lo mejor es que contribuye a la leyenda. Por eso, y como dice Dolina, a la leyenda no hay que refutarla nunca.

-¿Esa creencia insensata en la remontada, ¿la sentíais vosotros o la ibais sintiendo a medida que avanzaba el partido?

-No, ocurrían cosas durante los 15 días que separaban la derrota, que provocaban una crisis mediática muy, muy fuerte. Y poco a poco en el vestuario iba cambiando el estado de ánimo. Y para eso no hace falta una gran sofisticación. Vale con un Camacho. Cuando nos subíamos al autobús en Alemania ya entraba diciendo: “Esto no se ha terminado, esto no se terminado”. Y el día del partido venía a la habitación a las 08:00 y te sacudía y te decía: “¿Cómo vas a cabecear esta noche?” Y te tenías que levantar y cabecear y luego intentar dormir otra vez. Te metía en una dinámica emocional muy, pero muy fuerte. Y eso resulta muy eficaz. Hay gente que es especialista en esas cosas y son gente muy emocional. Lo que no supe nunca es cómo ese clima que empezábamos a vivir en el vestuario se filtraba a la gente. Eso tiene que ver con la historia, esto tiene que ver con que la gente ya lleva dentro esa confianza. Habla de que el Real Madrid pueda hacer cosas que los demás no.

-Me surgen dos preguntas a tu respuesta. La primera es ¿basta con un Camacho? ¿Y es mucho más un Camacho multiplicado por Juanito?

-Digamos que Camacho producía un efecto interno que era equiparable al que producía de manera externa Juanito, Juanito externalizaba. Pero bueno, ocurrían cosas. Había reuniones al margen del entrenador, donde no rebatíamos al entrenador, sino que lo hacíamos para generar un ambiente, eso digamos que intelectualizaba más el proceso. Y como durante esas dos Copas de la UEFA ocurrió, como en esta ocasión, varias veces, empezamos a desarrollar una teoría: los primeros tres tiros tenían que ser nuestros. Las primeras tres faltas también a ser posible. Había cuestiones que eran muy eficaces para conectar lo más rápido posible.

-Había un manual de la remontada.

-Había un manual de la remontada que empezaba en el túnel. En aquel momento salíamos los dos equipos juntos, había una valla metálica en el medio y Juanito la abollaba. Me acuerdo un día contra la Juve, que Juanito empezó a gritar y a pegarle a la valla y Platini, que era el irónico de aquellos tiempos, se tocaba el oído como diciendo; “hay algo que me molesta”, como si estuviera por encima del bien y de mal. Todas esas cosas contribuían al fenómeno. Y nada contribuía más que una confianza muy, muy grande en que pudiera ocurrir. La primera vez fue contra el Anderlecht y nos ocurrió una cosa tremenda. Había que remontar un 3-0. El Anderlecht era el equipo de moda y apenas empezó el segundo tiempo y ya teníamos un 6-1 a favor. No sabíamos qué hacer. La mitad quería defender lo que habíamos conseguido y la otra mitad queríamos seguir. Ese es el primer día que la gente gritó: “Buitre, Buitre, Buitre”.

-La dificultad surge en la primera remontada, ¿luego se crea una inercia de decir: esto ya lo hemos hecho?

-Sí, es más fácil creer una vez que te has demostrado que eso puede ocurrir. De todas, la más recordada por mí es la del 4-0 al Borussia porque fue la primera vez en mi vida en que yo sufrí una absoluta desconexión emocional. Saca Camacho de banda, yo la peino en el primer palo y entra atropellando Santillana y el próximo recuerdo mío es abrazado a mi portero. Y el ruido era como de un terremoto. Y yo no estaba ahí, estaba en otra parte, Nunca me pasó antes ni me pasó después, y me extraña mucho que me pase porque yo soy muy racional. Yo estaba en las antípodas de Juanito, pero ese día es que como que interioricé el Bernabéu. Fue una cosa rarísima, rarísima, rarísima. Era el minuto 92 o 93. Ese día metí dos goles y di dos asistencias, lo que pasa es que la palabra asistencia no existía. Presumo ahora.

-Escribías en el artículo: “El gen histórico disminuye al rival condicionando su rendimiento hasta extremos, a veces inexplicables”. ¿Eso pasa ahora?

-Sí pasa. De todas maneras, hay cosas que de verdad son inexplicables. Quiero decir, no hay miedo escénico si te metes un gol en el 90 y el siguiente en el 90 con 40 segundos. No da tiempo ni a tener miedo.

-Sigue:En el homenaje inflamador del bien histórico, disminuía el rival condicionando su elección hasta extremos, a veces inexplicables”.

-Me acuerdo de que había un extremo que se llamaba Littbarski que después de un partido dijo: “En el Bernabéu no se puede jugar, la pelota sale fuera y el saque lateral lo hacen los aficionados”. Esa es la sensación que deben de haber tenido. Había jugadas que de verdad no merecían el Bernabéu. Por ejemplo, contra el Borussia los últimos minutos estábamos todos en el área contraria. No dejábamos a nadie atrás excepto al portero. Y hubo una jugada en que queda un jugador del Borussia prácticamente para encarar la portería en el centro del campo y le pega una hostia a la pelota para tirarla fuera y lejos. Entonces hacemos un saque lateral. Va otra vez saque lateral, otro saque lateral otra vez, pero cada vez más adelante y al tercer saque lateral marcamos el gol. Eso también tiene que ver con una especie de psicología defensiva. Yo me acuerdo de que estuve viendo aquel partido entre el Manchester y el Bayern Múnich en Barcelona y hay una una jugada en donde un defensa queda encarado hacia su propio portero y lo que pedía la jugada es dársela al portero y darle tranquilidad. Le pegó una hostia... Y se la devolvió al contrario. Y después. vinieron todas las tempestades. Luego tienen que ocurrir también cosas que son milagrosas. Hasta el City no sabíamos si Rodrygo cabeceaba o no cabeceaba y de pronto se suspende en el aire. Como Pelé. Se la toca un compañero adelante y no modifica su posición. Es una cosa impresionante y encima la clava ahí arriba. Es un golazo que todavía no es posible entenderlo.

-Decías que en ese partido no les da tiempo a sentir miedo, pero sí pueden sentir esa desconexión emocional que hablabas de ti mismo. Es decir, de repente, les meten un gol y están sacando del centro para empezar la prórroga.

-Eso es exacto, sí. Y de casualidad porque Rodrygo tuvo el tercero antes de la prórroga. En en ese momento vienen los recuerdos, no los propios, sino de los partidos anteriores: a ver si nos ocurre a nosotros también. Si empiezas a pensar en esas cosas, te vas del partido. Me da miedo hablar de miedo, se produce una desconexión en el equipo contrario. También porque el Madrid cae en un desorden que es imposible que no te arrastre. Cuando Carlo hizo los cambios, pensé “se ha vuelto loco”. Cuatro delanteros, dos mediocampistas y encima Militao también se fue allá arriba. Y entonces digo: “Bueno, esto es imposible que se sostenga contra el City”. Y efectivamente no se sostuvo porque el City tuvo hasta tres ocasiones muy claras. Pero luego ocurrió lo que estamos acostumbrados a ver. Quiero decir, no hay un argumento, no hay un argumento que explique nada, la remontada, porque el desorden no puede ser un argumento. Pero sí que eso arrastra al adversario a un escenario al que no están acostumbrados, sobre todo en un equipo tan académico como el City. Incluso como el Chelsea. Es interesante. La verdad es que el Madrid da para pensar.

-Sería un miedo escénico 3-0.

-Lo que ha ocurrido esta temporada es muy importante porque hay chicos muy jóvenes que hubieran necesitado, no sé, cinco años para interiorizar los valores del Madrid y de pronto se han creído el cuento. Han ocurrido cosas tan impresionante, que se han terminado creyendo que eso sólo ocurre en el Bernabéu, pero que es fundamental, porque como ya no existen los Camacho, los Juanito, los Santillana, que están 15 años en el club y que te transmiten el mensaje, ahora hacen falta acciones o episodios como este para que estos chicos digan: “Qué suerte tengo de estar en este en este club”.. Yo creo que tanto Vinicius como Rodrygo, como Valverde, como Camavinga han pegado un salto de madurez muy grande esta temporada. Primero porque tienen maestros, como Modric o Casemiro, jugadores de mucha experiencia, de mucha madurez, que transmiten un mensaje sano. Y luego vino lo que el Madrid es capaz de provocar, que eso también cuanto antes lo interioricen, mejor, ¿no?

-¿Qué distancia hay de vivirlo en el campo a verlo en la grada, como comentarista?

-En este último partido me resultó imposible no emocionarme porque por casualidades yo tenía que bajar a comentar tras el partido dentro del campo. Cuando aterrizo en el terreno de juego, lo primero que veo es el gol de Rodrygo y le comento a Susana Guasch: “Que se aten los machos porque ahora se le viene el mundo encima”. Y me quedé en un punto en donde tenía la visión de la gente y la visión del partido. Y hubo un momento que me interesaba más la gente porque eran niños, maduros, abuelos, todos con la boca abierta y tratando de gritar como si entendieran que cada grito valía por un pase del jugador que tenía que hacer el esfuerzo. Y yo creo que nunca había visto nada así y. Y no me extrañaría que la pandemia jugara un papel, que haya hambre atrasada, que la gente tiene ganas de vivir, de sentir. Y además el efecto acumulación: como ya había ocurrido, va teniendo su papel en la cabeza de la gente. Pero es muy lindo ver a niños de ocho, nueve años que creen en los Reyes, no les han dicho que los reyes no existen.

-¿Lo de esta temporada es más inexplicable que lo que viviste como jugador?

-Yo creo mucho en este Madrid. Y creo que Ancelotti ha logrado algo que no era fácil: que prácticamente todos los jugadores aumentaron su nivel, incluso los más veteranos. A este Benzema nunca lo habíamos visto. A Modric lo hemos visto a ese nivel, pero no más que a este nivel. Y no hablemos los jóvenes, todos. Creo sobre todo en la madurez del equipo, sobre todo de los mediocampistas, que se sienten superados por el ritmo del adversario, pero al ritmo que ellos quieren no hay centro del campo con más criterio que este y tarde o temprano hacen pesar ese criterio. Y además no se rinden nunca. Ahí sí que le rinden homenaje a la historia de Del Madrid, que a mí, e todas las leyendas, es la que más me gusta: el Madrid no se rinde nunca.

Entrevista con Jorge Valdano, es un exfutbolista y exentrenador argentino del Real Madrid
Entrevista con Jorge Valdano, es un exfutbolista y exentrenador argentino del Real Madrid FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

-Ancelotti tiene otro mérito. Esos jugadores jóvenes de los que hablas, muchos no han sido para nada importantes durante la temporada y de repente consiguen mandar al City sin Kroos, con Camavinga, con Rodrygo...

-Ancelotti logra lo más importante que puede lograr de un jugador; que se sienta importante, incluso aquellos que no fueron importantes. De pronto aparece Vallejo y responde por encima de las expectativas. ¿Cómo lo ha hecho?, si durante todo el año ha estado de espectador que es dificilísimo para un jugador. Lo que se reconoce, y lo equiparo a Molowny, fíjate hasta dónde me tengo que ir, es un sentido de la justicia. Te quita y dices, “por algo será”. Ni tiene mala leche ni hace las cosas por capricho. Y después, él lo dijo a su manera, pero me parece que hace una división que es la perfecta: le exige al profesional y respeta a la persona. Y eso en un ambiente, un ámbito tan emocional como el del fútbol, es dificilísimo, pero él lo logra todos los días. Ahora, claro, estamos hablando de un tipo que que convivió con Berlusconi, que en una entrevista que le hice yo hasta me reconoció que lo votaba. Con Abramovich, con Al-Khelaifi, con De Laurentiis, el productor de cine del Nápoles, con Florentino... Y sobrevivió. Y encima salió campeón en todas las grandes Ligas. Es una cosa... Y sin embargo da la sensación de que es una persona cualquiera. Me encanta.

-En el artículo hablas de los miedos y que para superarlos, los futbolistas tienen que saber para qué se juega y acabas ese párrafo diciendo que para eso hace falta entrenadores pedagogos. “Y estos, evidentemente, todavía no han llegado al fútbol”. ¿Ancelotti lo es?

-Sí, sí lo es. Bueno, ha cambiado mucho el fútbol en estos 30 años. En primer lugar, Ancelotti tiene 23 jugadores y 24 colaboradores. En aquella época no había ni entrenadores de porteros. Y ahora sí ha evolucionado mucho en el fútbol. Creo que hay gente muy interesante entrenando, pero la pedagogía no es fácil ejercerla cuando los jugadores tienen tantas influencias externas. Porque a lo mejor están más tiempo con el teléfono que con el entrenador. Desde ahí entran muchos estímulos de todo tipo, y algunos que contradicen al entrenador. Incluso a la gente cercana. Se presenta un jugador y lo hace con su representante, con su primo o con su novia. Es increíble la cantidad de gente que rodea al jugador y todos viven de él. Entonces es muy difícil que haya sentido crítico. Y es muy importante que cuando tú haces el gilipollas alguien te diga: “haces el gilipollas”. Es importantísimo y eso está faltando. Pero bueno, sí que hay gente muy preparada ahora para entrenar. Sobre todo metodológicamente. La época nuestra era más salvaje, era más instintiva la cosa. Ahora es todo mucho más analítico.

-Ancelotti da la sensación de que normaliza lo extraordinario. No sé si se le puede aplicar un poco lo que decías tú de Butragueño, que lo atropelló el camión de la fama y salió ileso.

-Tiene un secreto. El fútbol es un caprichoso de primer nivel y él le acepta los caprichos. Este tipo iba ganando una final de Champion 3-0 y la perdió. Y sin embargo, siguió en el club. Quiero decir que es capaz hasta de aceptar un golpe que sólo él lo recibió. Y luego tiene un origen rural, un origen campesino. Y lo curioso es que habiendo vivido en todas las capitales de Europa, vivió en Roma, en París, Londres, Madrid, además de Múnich, además de Nápoles; sigue teniendo eso del campesino que te simplifica las cosas. Y eso es un gran valor. Hace falta una inteligencia superior para eso. Como se quita importancia en todo, dice que son los genes de su padre. Lo más bonito que me contó fue que cuando su padre no tenía ni siquiera la tierra propia iba el dueño de la tierra a cobrar su parte una vez al año y Ancelotti decía que él no entendía que se llevara el dinero y que encima le regalara la gallina más gorda. Por eso, le pregunté: ¿Y votaste a Berlusconi? Y me dijo que sí. ¡Pero si es el que se llevó todas las gallinas...! Qué maravilla convertirse en un personaje de perfil bajo.

-Sin perder el contacto con la realidad.

-Sí, pero eso fue Del Bosque también. Vicente lo consiguió y, para mí, de una manera ejemplar.

-Volviendo a tu frase del miedo escénico, que es de García Márquez y tú lo has dicho muchas veces. Cómo se sobrevive a ser, digamos, un impostor que se apropia de una frase.

-Me ha pasado mucho en mi vida: he llevado al terreno futbolístico algo que pertenece al ámbito privado. Porque él no habla del miedo escénico como el miedo a una tribuna. Hablaba de que cada vez que tenía que dar un discurso e incluso leído, no dormía la noche anterior, porque lo desestabilizaba totalmente. Y sí, yo había leído poco antes de estar en esta situación el artículo y se ve que me surgió ahí al momento, pero sí, es un robo confesado.

-¿Sigues leyendo a García Márquez?

-Hace bastante que no vuelvo a García Márquez, pero en aquella época me apasionaba y escribía un artículo, creo que era en “El País”, en el que era siempre muy, muy interesante, muy gracioso. Incluso me acuerdo de un día que había viajado en el Concorde, al lado de la chica más hermosa que había visto en su vida, y se pasó todo el viaje imaginándose lo que le tenía que decir y al final no le dijo nada de nada. Comí varias veces con él, porque teníamos amigos comunes, y un día me me dedicó un libro agradeciéndome mi contribución a la eliminación de Colombia para el Mundial de México. Claro, le había metido un gol, un 1-0 en Buenos Aires y entonces me lo agradeció porque estaba harto del fútbol, que lo invadía todo. Y perdí el libro o lo habré regalado.

-Esta temporada del Real Madrid demuestra que el fútbol es algo más que dinero, que es una comunidad o una serie de hilos afectivos también.

-Sí, totalmente. Digamos que un jugador que llega en este momento al City, o llega por dinero o llega por Guardiola. Pero el día que se va Guardiola hay menos sitio. El que llega al Real Madrid llega por el Real Madrid y eso tiene otro peso específico. Ha cometido un error Mbappé al no ir al Madrid y el error es más grande al quedarse en el PSG. Porque aquí tiene cultura, tiene historia y tiene contexto. Cómo se hace para hablar de Madrid sin hablar del Atlético de Madrid o del Real Madrid si forman parte de los latidos de la ciudad. En cambio, en París no habla de fútbol ni dios. Que hablen te genera durante la semana una transmisión de energía que luego los jugadores vuelcan en el campo. Es otra manera de vivir el fútbol, totalmente distinta. En París, el fútbol ocupa un lugar lateral, no es un lugar central en la ciudad, no lo es. Si hablas de París, no empiezas hablando del Paris Saint Germain. En cambio aquí, cuando terminen el Bernabéu va a ser muy difícil no hablar un poco más todavía del Real Madrid. No sé, pero siempre digo que la primera multinacional española que que salió a conquistar el mundo es el Real Madrid. Bueno, pues desde entonces la leyenda no ha hecho más que crecer.

-Todo ese ambiente en el Bernabéu se genera con una lona en gran parte de la grada. ¿Eso cómo se explica?

-Se explica mal. ¿hasta qué punto 60.000 tipos pueden hacerte olvidar la lona? Tiene que haber una energía descomunal, porque no es fácil olvidarse de esa lona. Es como una interferencia muy grande. Pero yo creo que en estos tres partidos se despertó la conciencia de la gente en su papel. Sólo cómo reciben a la gente en la calle. El otro día hice el camino inverso antes de empezar el partido, estaba abajo haciendo el prepartido y tenía que subir a una cabina que estaba arriba a falta de diez minutos. Y la gente iba entrando por las escaleras e iba cantando “cómo no te voy a querer”. Todos, pero todos, como si fuera un coro. No es que a un loco se le ocurrió cantar. Al loco se le ocurrió, pero lo siguieron todos. Yo nunca había visto ese nivel de energía.

-¿Esta temporada ha servido también para cerrar heridas y grietas en el madridismo?

-Sí, sí, sí posiblemente. Tiene que ver más con el tiempo. Ha pasado el tiempo. Bueno, las emociones van bajando. Posiblemente haya una mayor comunión. Es que hemos vivido un clima divisorio absolutamente absurdo, que para mi gusto era lo que lo único que debilitaba al Real Madrid. Por lo tanto, no veía qué razón tenía ponerle tanto empeño a la división.

-¿Qué importancia tiene Mourinho en esa división?

-Grande. Fue en ese momento donde parecía que se dividía en dos el madridismo. Uno creía que había que quedarse en los valores históricos y otro creía que lo valores auténticos eran los de Mourinho. Eso habla muy bien de Mourinho. Es el primer tipo que rivaliza con los valores del Real Madrid.

-Escribiste que era una mierda y lo presentaste.

-Sí, es verdad. Lo hablamos. Pero eso lo resolvimos muy fácil. Eso no fue el motivo. Sencillamente él era un entrenador que quería detrás soldados. O eres esclavo o eres enemigo. Y yo, la verdad es que no me siento bien en ninguno de los dos. Enemigo tampoco me he sentido. Por ejemplo, en la relación con los árbitros, tenía una visión de las cosas que no compartía y eso nos fue alejando. No es el momento de hablar de eso, ahora hay una unidad del madridismo y es más fácil unirse si uno identifica enemigos: la potencia del Barcelona de Messi durante tanto tiempo también ha contribuido a que haya una mayor identificación.

-Este Madrid se parece más al “fundador” que gana las Copas de Europa o más al vuestro, de las remontadas.

-Esto es como comparar a Pelé con Di Stefano, con Cruyff, con Maradona. Comparar épocas es complicado. Cada uno es representativo de su tiempo. Porque yo creo que futbolísticamente todo lo inventó el Madrid de Di Stéfano. E institucionalmente, todo lo inventó el Madrid de Bernabéu. Lo demás es casi una repetición de lo de lo mismo.

-El Madrid en el que jugaste inventó las remontadas.

-Pero ya estaba en la personalidad de Alfredo [Di Stéfano]. Alfredo era Alfredo. Dejó establecido muchos de los valores de Madrid. Una empieza a hablar de Alfredo y no sabe muy bien al final si está hablando de Alfredo, del Real Madrid, el que no se rendía nunca, que corría como un animal, que le transmitía una agresividad tremenda a los compañeros. Eso lo trajo él y eso es suyo. Veías que a su lado Gento parecía que bajaba la estatura. Es curioso lo del fútbol, porque yo vi alguna vez reuniones de Alfredo con Pedernera en Argentina. Pedernera era jugador y tenía una influencia tremenda en esa generación de jóvenes, y ahí el que hablaba era Pedernera. Alfredo, ahí era gente. Lo más impresionante es que el Madrid es como esas grandes civilizaciones, que no conocen la decadencia que se va inventando. Yo creo que eso tiene que ver con que siempre encuentra al dirigente que se imagina el futuro del fútbol. Florentino hace un gran estadio que va a tener unas prestaciones que no tiene ningún otro estadio del mundo, que va a ganar dinero los lunes o los martes. Imagina un fútbol tecnológicamente distinto y que hace falta un ámbito a la altura de eso. Como a Bernabéu, en plena posguerra, se le ocurrió hacer un estadio de 120.000 personas cuando no había ni cemento y se tenía que discutir quién se llevaba el cemento si el estadio o el aeropuerto de Barajas. E hizo el estadio sin ayuda oficial. Todo eso contribuye a la mitología y ahora está en peligro, porque hay muchos clubes que tienen una inyección externa de dinero que los hace imbatibles. Hay fondos de inversión, fortunas rusas, árabes,,. Y el Madrid sobrevive a su estilo. Y dentro de este momento en que parece que está en una situación de debilidad, llega a la final de Champions y hace un nuevo estadio, Eso tiene mucho valor. Mucho valor. Parece que hace falta una gestión brillantísima para seguir compitiendo de igual a igual contra estas potencias económicas.

-Tenemos un Bernabéu, a Florentino, pero no hay un Di Stéfano.

-Bueno, en este momento el Real Madrid tiene al mejor delantero del mundo. Pero Di Stéfano representaba otra cosa. Fue el genio de la época, un revolucionario porque era un fútbol en donde todo el mundo ocupaba una posición. El lateral izquierdo marcaba el extremo derecho. No le pedíamos que llegara. El portero atajaba, no le pedíamos que iniciara el juego de ataque. Y Di Stéfano de pronto empezó a jugar en todas las posiciones. Te subes a un taxi de un un tipo de 70 años y lo primero que te cuenta es que salvaba un gol en su portería y metía un gol en la portería contraria. Eso lo hizo él en un momento en que eso no existía. Luego eso fue evolucionando y llegaron otros genios. Pero bueno, los genios nacen una vez cada 20 años.

-¿Y quién es el Camacho de esta generación?

-Lo fue Sergio Ramos durante bastante tiempo. Ahora supongo que se distribuirán los papeles. Pero Casemiro es una gran influencia para este equipo y para los jóvenes brasileños. Yo creo que es una especie de padre de familia que los lleva por el buen camino. Les explica qué es el Real Madrid, que hay que cuidarse, que cuidado con todas las confusiones que están alrededor del futbolista, les simplifica la vida. Me parece que ese tipo de personajes, en este momento, son muy importantes y luego hay tipos que no necesitan hablar. Modric no necesita hablar. Si tu eres Camavinga y ves a este tipo que pierde la pelota y que corre otra vez para atrás y luego la recupera y se va a tirar para adelante, dices: “Pero cómo no voy a correr”. Era lo mismo que la influencia de Cristiano: si uno tenía un poco de vergüenza y veía a Cristiano en el gimnasio matándose por lo menos trataba de ducharse más tarde para no irse antes que Cristiano.

-Dijiste en una entrevista que cuanto más nos alejamos de Menotti, más nos alejamos del fútbol. Todo lo que hemos vivido este año no tiene nada que ver con Menotti y no sé si con el fútbol tampoco.

-No, porque es una cosa muy, muy emocional y las pasiones no tienen estilo. Es apasionado Guardiola y es apasionado Simeone. Era una entrevista para consumo argentino. Tengo la autoridad de que fui campeón con Bilardo, pero cada vez que hablo bien de Menotti, empieza el juego de que estoy en contra de Bilardo. Pero no va por ahí. Es un problema de sensibilidad: si no te gusta una cosa, te gusta la otra. Y también de la de la edad en la que han influido. Yo a Menotti lo conocí con 17 años y a Bilardo con 30, cuando ya tenía el gusto definido. Entonces no, Bilardo no me produjo ningún tipo de confusión ni de influencia y en cambio yo no sería la persona que soy sin Menotti.

-Como como escritor te ves como el escritor que cuenta la épica del Madrid.

-El Madrid no ha tenido a su Vázquez Montalbán. No sólo ha contado, sino que ha fantaseado con la historia del Barça y ha sabido crear una manera de ser. Eso del Barça como el ejercito desarmado de Cataluña, es decir mucho, y eso no lo ha tenido el Madrid porque no lo ha necesitado. Es más fácil estructurar un discurso si pierdes que si ganas, porque tienes más tiempo, porque eres menos feliz, porque el que festeja no tiene justificarlo. Y hay gente como Javier Marías, que ha escrito cosas muy interesantes del Madrid, pero es que el Madrid no necesita justificarse y eso me parece una buena señal, que sólo se justifica con el triunfo. Es su personalidad ya. Y a mí me gusta contar el fútbol y me gusta contar al Real Madrid. Y te digo, me gusta más todo eso desde un punto de vista casi cultural que estrictamente futbolístico. Me parece que el fútbol se ha convertido en una fuerza muy importante de la cultura popular. Y desde que la cultura, digamos, ha llevado a su ámbito las emociones, la cocina, la moda, el fútbol ya se siente con la autoridad de presentarse públicamente como cultura. En la época de Vázquez Montalbán todo lo suyo era revolucionario. Yo siempre digo que desde que leía Vázquez Montalbán en la revista “Triunfo”, empecé a jugar al fútbol de otra manera. Me sentía ya representante de algo que tenía una dimensión política, social. En cambio antes de leer todo eso, yo jugaba al fútbol porque jugaba al fútbol. Pero no había sabido leer todavía la representatividad que tenía un club e incluso el juego mismo. Se han publicado más libros de fútbol desde el 2000 que en todo el siglo pasado.

-En parte, en España por ti.

-Digamos que hay mucha gente. Yo siempre digo que aquí está el fútbol y aquí está la sociedad, aquí hay una puerta. Entonces desde afuera hay un montón de gente mirando hacia adentro y yo fui el primero que desde adentro mira hacia afuera. Pero luego se ha animado mucha gente de adentro y de afuera a analizar esto y ya hay libros buenísimos sobre fútbol. Cada vez se escribe más. No mejor es necesariamente, porque basta que un tipo meta tres goles para que le hagan una biografía.

-A Raúl le hicieron una con 18 años.

-Si, yo le decía, Raúl mira, antes de escribir un libro hay que leer uno. Y el me decía: “Pero si yo no hice nada”. Como si fuera un pecado.

-¿En Argentina es diferente? Aquí no hemos tenido una figura como Dante Panzeri.

-En 1970 y algo, Santoro, un escritor desaparecido por la dictadura, escribió un libro que se llamaba “Literatura de la pelota”, maravilloso, en donde extrajo el primer cuento, letras de tango, cantos de la tribuna... Pero todo lo que se había escrito sobre el fútbol cabía en un libro y hacía cien años que el fútbol andaba dando vueltas. Y muchas de las cosas eran agresivas, algún artículo de Borges poniendo al fútbol a parir, que decía que había ido a ver un partido contra un equipo uruguayo y desde el piso de arriba de la tribuna, dentro de la Constitución, los de arriba meaban a los de abajo. Hubo una época en la que había tantos defensores como detractores del fútbol y quedaba mejor, quedaba más intelectual, ser detractor que defensor. No sólo Vázquez Montalbán, Vargas Llosa, Villoro más tarde, Fontanarrosa no hablemos, Benedetti, Galeano... desacomplejaron, ayudaron a que el fútbol no pareciera un ejemplo de brutalidad.

-¿Hemos pasado al otro extremo ahora?

-¿Demasiada intelectualización? Posiblemente. Pero esto es una gran pasión y entonces mucha gente te decía, ¿pero cómo vamos a razonar sobre la pasión? Pero la literatura ha reflexionado sobre el amor desde el principio hasta hoy. Y con el fútbol pasa lo mismo, es difícil que se agote. Cada uno lo vive de una manera, lo siente de una manera. Se puede escribir desde muchos lugares. Hay un libro que acaba de escribir un chico de Valencia -soy muy malo para los libros y para los nombres-, es un filósofo que tiene un hijo que juega al fútbol y él dice “yo soy el chófer, el utilero, le preparo la bolsita con la ropa, le llevo todos los días desde Valencia a Villarreal para que entrene”. Es un libro delicioso y lo cuenta desde su lugar. “Soy el entrenador, porque cuando volvemos le voy diciendo lo que hizo mal”.

-Es la realidad de miles de padres.

-Cuando uno va a Valdebebas se encuentra con un montón de padres con los niñitos de la mano y todos se creen que tienen a Messi.

-¿Su acercamiento al fútbol sigue siendo desde el entusiasmo? Da la sensación de que quiere celebrarlo.

-Sí. Suelo poner la lupa en lo bueno. Como me dijo un día Berizzo, yo cuando critico elogio. He entregado ahora mismo un artículo sobre Nacho, que jugó el otro día contra su hermano y que se mató. Fue el responsable de que no ganara su hermano [que se jugaba la permanencia con el Cádiz] y me parece que hay ahí un sustrato ético que hay que rescatar, porque no sólo existen los Rubiales en el fútbol. Existen cosas que si las iluminamos le dan una cierta grandeza al fútbol. Ahora también es cierto que cabe todo, la miseria y la grandeza. Por eso son tan importantes los Menotti, que te descubren la grandeza y que te animan a que cumplas tus sueños de infancia. ¿Usted qué soñaba? Yo soñaba que metía caños, tiraba paredes. ¿Y por qué no lo hace? Te anima a cumplir los sueños del niño y hay otros que te los limitan, que hasta te los rapiñan porque te dicen que hay que pegar patadas, que hay que perder tiempo. Yo prefiero seguir opinando sobre lo que más me gusta.

-Nadie sueña de pequeño con encerrarse en su área y despejar balones de cabeza.

-Alguno como Ruggeri. En la final del Mundial 86 nos sacan a Dieter Hoeness con 2-0, le empezaron a tirar centros y nos ganaba todos. Y me acerco a Ruggeri y le digo: “Oscar, hacé algo porque este nos va a ganar el partido solo”. Y me responde: “¿Qué haga algo? Le estoy pegando cabezazos en la nuca y no cae”. Y si algún día ven el partido hay alguna jugada en la que Hoeness cada vez que se levanta se toca la nuca como diciendo qué me ha pasado. Pero todo es fútbol y eso también lo reconozco. Dentro del reglamento vale todo. Los jugadores son listos y miden al árbitro y saben si pueden perder tiempo y si pueden meter la pierna dura. El jugador inteligente lleva hasta el límite las cosas. Me parece que todo es legítimo.

-Es la grandeza del fútbol, ¿no? Que no siempre el más guapo, el más alto, el más rico y el más fuerte es el que gana.

-Totalmente. Y si vemos el biotipo de los últimos genios, Maradona y Messi, son dos cuerpos que no te dicen nada. Hasta que los ves jugar. El arte te viene cuando los ves jugar y dices “si esto es hasta bello”, el gordito ese que es un enanito y son artistas.

-Ha sido jugador, entrenador y escritor. ¿Cuál cree que es su legado en el fútbol?

-La palabra. Es curioso, pero el otro día me contó un amigo que un crío que en algún lugar había visto o leído algo sobre mí va a su padre y le dice: “papá, no te lo vas a creer, pero Valdano fue futbolista”. ¿Qué le vas a decir si yo jugaba cuando esto era en blanco y negro? Además, no hay tantos futbolistas que hayan escrito tanto como yo y en realidad si yo creo que tengo una visión distinta es porque he generado muchos puentes: entre el fútbol y la empresa, entre el fútbol y la cultura, entre el fútbol y la sociedad. Doy conferencias a grandes empresarios, escribo habitualmente, veo el fútbol como parte de la cultura popular. Me parece socialmente muy potente, creo que hace falta encontrarle su escalón dentro de la sociedad y todo eso es lo que me ha caracterizado. Y escribir es lo que más me cuesta y lo que más me gusta. Desde ese punto es lo que más se parece al fútbol: me costó mucho llegar al Madrid, me costó mucho llegar a la selección, pasé por segunda división, tuve altibajos de este tipo, pero me gustaba tanto que la palabra sacrificio no la empleé nunca en mi vida. Y escribir es un poco eso, escribir cuesta trabajo, pero me pasa muy rápido el tiempo cuando escribo.

-¿Corrige mucho cuando escribe?

-Sí. Hasta que encuentro la frase no la dejo. Esa es la diferencia con el fútbol, en el fútbol no te dejan revisar. La tiraste 20 veces afuera y ahora duerme si puedes esta noche.

-Su legado en el madridismo es muy superior a su carrera como jugador. Apenas estuvo tres años como futbolista.

-Sí. Y dos años y medio te diría porque el tercero tuve la hepatitis, ni había pensado en el final y me tuve que ir. Seis meses después de ser campeón del mundo tuve que dejarlo. Creo que tiene que ver con la palabra, que hablo mucho.

-Ha hablado en alguna ocasión de la importancia de Alfredo Relaño en su carrera.

-Fue el primero que me pidió un artículo para “El País” cuando jugó el Nápoles contra el Real Madrid y se titulaba “Dos pibes de mil años” en el que hablaba de Maradona y Butragueño. Y luego me quedé en “El País”, escribía ocasionalmente. Él luego pasa a la Ser de director y hacemos “La cátedra de Valdano” y todo eso. Era una cosa que me angustiaba mucho, entre una palabra y otra pasaban tres minutos. Y luego se va a Canal Plus y fui el primer comentarista de Canal Plus y el primero de “El día después”. Luego ya me fui a Tenerife y cada vez que estoy fuera del fútbol encuentro acomodo en algún lado en los medios de comunicación. Luego no ha tenido continuidad, pero Relaño tiene la importancia de empujarme.

-Relaño, ¿por qué se fija en usted?

-Él viajaba con el equipo, después de los partidos se ponía a hablar conmigo. Luego pasó una cosa muy importante en el Mundial de México 86. Me llama el día antes de la final, había un solo teléfono en la concentración, y me dice ¿no estará Maradona por ahí? Y justo pasa Diego y le digo “Diego, ¿estás aburrido?”. Dice “sí”. “¿Por qué no hablas con este periodista de ‘’El País”, que te va a venir bien y te va a entretener un rato?”. El día antes de la final de la Copa del Mundo, que Maradona era más que el Papa. Era Dios. Y habló tanto con él que le hizo una entrevista para la previa de la final y una para la revista semanal. Ya tenía con Alfredo una relación. Y luego nos peleábamos y nos amigábamos a cada rato. Hemos tenido de todo a lo largo de la historia. Lo que no sé es cómo me animé a escribir ese primer artículo. Yo aprendí España leyendo “El País”. Llegué y a los tres días empezó a publicarse “El País” y leía a Umbral y pasaban tantas cosas en la Transición que era como leer un libro de historia. Y lo tenía tan idolatrado que no sé cómo me animé a escribir. Luego me pidió el cuento aquel de “Creo, vieja, que tu hijo la cagó”. Una noche salíamos de la Ser y le conté lo que había hecho el portero de mi pueblo, que el pobre cada vez que iba a Argentina me tocaba la puerta y me daba las gracias porque lo había dado a conocer en Europa.

-¿Cómo le trata la gente ahora?

-Muy bien. Pero me trata muy bien aquí y en Barcelona. No tengo ni un solo episodio negativo. Hubo una época divisoria aquí en la que te encontrabas a uno y te metía dos puteadas. Gajes del oficio. Si tú pasas por el fútbol, ¿a qué jugador no le han llamado hijo de puta mil o dos mil veces?

-Para los que no son del Madrid era madridista y para algunos madridistas era antimadridista.

-Hace falta hacer un esfuerzo para ser antimadridista siendo jugador, entrenador de la cantera, entrenador del primer equipo, director deportivo, director general, socio... Y además, antimadridista. Ese es un mal que lo hemos tenido durante algún tiempo, gente que cree que se ha apropiado del sentimiento madridista. Y este es el equipo más popular del mundo y si es popular le pertenece a la clase trabajadora, a las élites, a la izquierda, a la derecha, a todo el mundo. Y cada uno tiene su manera de aproximarse al fenómeno. Y hay que ser abierto para entender todas las maneras y ver cómo encontramos un lugar común para sentir la misma admiración.

-Le ha sucedido incluso a Del Bosque.

-Sí, eso ya me pareció un pecado mortal. Lo entendí peor con Del Bosque que conmigo. Lo entendí mucho peor con Vicente. Mucho peor. Vicente estuvo mucho tiempo en la Ciudad Deportiva, en los riñones del club. Las redes han complicado mucho la convivencia, las ideas extremas se están apoderando del discurso y hay que convivir con eso.

-¿Cómo se tomaba que le llamaran filósofo?

-Eso lo empezó García para insultarme. Y cuando ya el insulto lo quería multiplicar por diez: poeta. Después de poeta ya no se puede caer más bajo.