Petardazo «made in Betis» (1-3)

El equipo de Setién fue eliminado, con toda justicia, de la Europa Liga por el Stade Rennes al que le bastó la velocidad de sus extremos para desnudar todas las carencias de un equipo sin fuelle.

El equipo de Setién fue eliminado, con toda justicia, de la Europa Liga por el Stade Rennes al que le bastó la velocidad de sus extremos para desnudar todas las carencias de un equipo sin fuelle.

La brillante temporada del Betis se empezó a afear con una eliminación sorprendente contra el Stade Rennes francés, un adversario menor que aprovechó sus cualidades físicas para marchar sobre el Benito Villamarín y clasificarse para los octavos de final con toda justicia. El sueño europeo se tornó pesadilla en una noche para olvidar.

Se vivió enseguida un escenario idéntico al de una semana antes en Bretaña. No a los diez minutos, como allí, pero sí a la media hora acumulaba el Rennes dos goles de renta gracias, sobre todo, a los obsequios de la zaga verdiblanca. Bartra decidió no saltar en un córner que remató, en su zona, a placer Bensebeini; Guardado y Sidnei dejaron, en el perfil izquierdo de la defensa, una héctarea para que incurriese el eléctrico Sarr, cuyo centro remató Hunou a puerta vacía. Estos despistes son incompatibles con la clasificación en casi cualquier eliminatoria europea excepto si, como en la ida, enfrente hay un rival tan blando atrás.

El Betis, que apenas si había probado a Koubek con un par de tiros sin fe de Jesé, sabía desde la ida que la conexión entre los centrales y los mediocentros franceses funciona por corriente alterna. En uno de sus frecuentes cortocircuitos, Loren robó y descargó inmediatamente para Canales, cuyo pase al punto de penalti era, más que una asistencia, una ofrenda. Lo Celso acortó distancias en ese momento tan importante que son los instantes previos al descanso y del camerino volvieron los béticos con una lección inculcada por Setién: ante todo, paciencia y cuidado con las espaldas, porque el 2-2 podría aparecer en cualquier momento, pero el 1-3 sí complicaba el enigma hasta hacerlo casi inextricable.

Casi sin querer, sin embargo, el Betis inclinaba el campo sobre un rival incapaz de retener el cuero y se fueron sucediendo las llegadas que si no eran claras, sí mostraban cuán feble era la retaguardia enemiga. Alguna, por fuerza, habría de acabar en la red. Un Jesé entonadísimo era el atacante más peligroso, aunque remataba con demasiada inocencia todo lo que generaba. No se entendió que Setién lo sustituyese por un inane Sergio León, que se empeña en quitarle la razón a su legión de fans.

Se entró así en los diez últimos minutos con la eliminatoria aún perdida, lo que obligaba a actualizar el plan de asedio. Se abrieron, así, espacios que aprovechó el Stade Rennes para lanzar un contra venenosa en la que primero Sarr y luego Ben Arfa dejaron escapar el golpe del KO. Fue un aplazamiento porque al Betis no le quedaba una pizca de aire en los pulmones. En su enésima carrera, el exuberante Niang ejecutó de un derechazo a la tropa de Setién.