La luz de Suárez

Dos golazos del uruguayo, que se unen al que marcó Neymar, dan el triunfo al Barça en París y le dejan a un paso de las semifinales.

Sonrió el Barça en París, donde doblegó al creciente PSG, que llegaba de doblegar al Chelsea de Mourinho y ya se sentía «mayor», en un ejercicio muy eficaz y brillante a ratos. No fue un encuentro redondo de los chicos de Luis Enrique, pero sí un triunfo merecido y «currado» en un escenario inmejorable (el Parque de los Príncipes), donde el Barcelona nunca había logrado imponerse en su historia. Fue una victoria de peso ante un oponente con dinero y que no parece dispuesto a parar hasta que conquiste la competición más prestigiosa. Parece que no será este año, pues este Barça de sudor y delanteros sabe batirse contra enemigos de su talla, a los que ya no abruma con la posesión como antes, pero a los que derriba con la contundencia que simboliza Luis Suárez. El uruguayo es puro nervio cuando está en el campo y su carácter refleja lo que fue el Barcelona ayer: durante muchos momentos, más Mike Tyson que Mohamed Ali, si lo comparamos con una forma de boxear. Sería un boxeador de los que, con un puñetazo en el mentón, mandan al enemigo a la lona cuando menos se lo espera. Y detrás de ese «puño» estuvo sobre todo el «9», autor de dos goles de aúpa que completaron el de Neymar y que dejan la eliminatoria casi resuelta. Y la palabra «casi» podría borrarse si Mathieu no hubiera convertido en autogol un tiro de Van der Wiel, aunque en descarga del central, después puso su cuerpo a disposición de recibir un pelotazo en lo que hubiera supuesto un segundo tanto del PSG y problemas definitivamente para la vuelta. No debería tenerlos con el 1-3.

A la primera pérdida de Messi en el área rival encontró el PSG su primera transición. Ya había avisado Blanc de que podían hacer daño al conjunto azulgrana jugando al espacio y en el minuto uno quedó plasmado en el campo. Era importante, por tanto, guardar bien la pelota y el Barcelona lo intentó por momentos. Acumuló posesión de esa que no hace mucho daño al oponente porque falta profundidad, pero tampoco es nociva para los propios intereses. En cualquier acción podía aparecer la magia de alguno de los delanteros. Paciencia, en una palabra.

Messi disparó al palo desde el borde del área a la primera que tuvo. Era su gol, el que llega tras un zurdazo y después de que el balón dibuje una curva perfecta. Esta vez se quedó en ¡uy! En la siguiente no hubo perdón. El cazador fue cazado. Busquets recuperó una pelota en la zona derecha y desde ahí empezó a circular por las piernas que mejor lo tratan. «Busi» se la dio a Iniesta, que encontró a Messi, que filtró el pase a Neymar, que marcó el gol mientras la defensa del PSG trataba de recular. Un pispás. Apenas unos segundos resumidos en cuatro líneas para que el Barcelona mirara con optimismo los cuartos de final. Le faltó algo de ambición para irse en busca del segundo, pues los franceses acusaron el golpe del «11». También Thiago Silva tuvo problemas y a los 20 minutos tuvo que marcharse lesionado. Una desgracia más en un equipo que ayer no pudo contar con Ibrahimovic, Verratti y Motta. Por el brasileño entró su compatriota David Luiz, que en teoría tenía para un mes de baja y reapareció en apenas diez días. No fue la única desgracia, porque Iniesta, en la segunda parte, también abandonó el campo en camilla tras recibir un rodillazo en la espalda.

Falló a veces el Barça en la presión, algo desordenada, lo que le creó algún desajuste, sobre todo con Matuidi por la derecha, y dio origen a alguna contra que solventó como pudo. Unas veces lo hizo con la velocidad de los centrales, como cuando Mascherano tapó el tiro de Cavani en una acción que había empezado con córner a favor; otras con el trabajo de Busquets, fantástico toda la noche, o por el despliegue del resto de medios; y otras fallaban los atacantes galos, que no tuvieron su mejor día. Tampoco el elegante Pastore.

Juega muchos partidos en uno el Barcelona, pero no le falta nunca la capacidad de sacrificio. Siempre la tuvo, también con Guardiola, pero se le veía menos porque mimaba más el balón. Ahora se parte con más facilidad, pero sabe sufrir y pasar esos momentos. Lo hizo al comienzo de la segunda parte, cuando no acertaba en la circulación frente a un oponente que se estiró y fue más arriba, dispuesto a aceptar el golpe por golpe. Es un equipo más de carne y hueso este Barcelona, pero sigue contando con jugadores fantásticos, como Luis Suárez. También caros, pero por algo: el uruguayo, tan amigo de Messi, protagonizó una acción como la del «10». Arrancó en un lado, hizo un caño a David Luiz, aguantó a Maxwell y Marquinhos y remató. Poco después repitió la acción con el pobre David Luiz y fusiló sin piedad por la escuadra. Dos golazos en el cuerpo de un guerrero con finos trazos. El Barça se sintió más a gusto en el correcalles posterior, en el que pudo sentenciar con más espacios, pero se encontró el gol en contra. Antes, Ter Stegen había parado el único disparo peligroso de Cavani. Un cañonazo, eso sí.

- Ficha técnica:

1 - París Saint-Germain: Sirigu; Van der Wiel, Marquinhos, Thiago Silva (David Luiz, m.21), Maxwell; Rabiot (Lucas, m.66), Cabaye, Matuidi; Lavezzi, Cavani, Pastore

3 - Barcelona: Ter Stegen; Montoya (Adriano, m. 80), Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Rakitic (Mathieu, m.74), Busquets, Iniesta (Xavi, m.53); Messi, Suárez, Neymar

Goles: 0-1, m.18: Neymar; 0-2, m.67: Suárez; 0-3, m.79: Suárez; 1-3, m.82: Mathieu en propia meta.

Árbitro: Mark Clattenburg (ING), amonestó a Cabaye, Piqué y Messi

Incidencias: Encuentro de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones disputado en el Parque de los Príncipes de París ante unos 45.000 espectadores, unos 2.000 de ellos procedentes del Barcelona. Efe