La ternura de un niño enseñando que el deporte es unidad

El hermanamiento entre la afición francesa y portuguesa se resume en el bello gesto de este pequeño portugués

Quedará como uno de los gestos por los que será recordada la Eurocopa, dejando atrás la violencia en las calles de las ciudades francesas.

Termina el partido y Portugal conquista la primera Eurocopa de su historia. Mientras, en las calles de Lisboa, se desata la locura. En cambio, París se tiñe de tristeza y altercados. Pero entre todos estos sentimientos contrarios, aparece la excepción. Vemos a un aficionado francés desolado, hundido con la derrota de su equipo.

Pero de pronto aparece una mano; la mano de un niño vestido con la camiseta portuguesa. Es entonces cuando intenta consolar al rival. Ánimos y halagos se suceden. Como toda bonita historia, culmina con un abrazo entre los dos oponentes. Y claro, la posterior alegría del pequeño al ver a su equipo levantar la ansiada copa.