Griezmann ya no es uruguayo

Gran bebedor de mate y «hermano» de Godín y Giménez en el Atlético, la estrella gala es la gran amenaza hoy para los de Tabárez, que no quiso confirmar la casi segura baja de Cavani.

La estrella gala es la gran amenaza hoy para los de Tabárez.

No hace mucho que Godín susurraba al oído de los hinchas del Atlético pidiendo cariño para Griezmann. «No piten, hay que levantarlo, se va a quedar», decía el central, líder con su equipo y con su selección, y «hermano» del delantero francés en el vestuario rojiblanco. Antoine toma mate todos los días con su compañeros uruguayos, el propio Diego y José María Giménez, y a ambos los recibió en el aeropuerto de Barajas con la camiseta celeste puesta cuando certificaron su clasificación para Rusia.

Son inseparables y a Griezmann sólo le falta hablar con el acento charrúa. «Adoro cuando todo el mundo ataca y defiende. Sean Suárez o Cavani, acosan a su rival cuando pierden el balón. Y hacen entradas para recuperarlo», me encanta, aseguraba en «L'Equipe» el «7». Pero hoy a las 20:00 en el Nizhny Novgorod Stadium va a haber un uruguayo menos. El hijo adoptivo dejará de serlo al menos durante dos horas, porque la exuberante Francia de Mbappé se cruza en el camino del sueño celeste y, cuando se trata de la selección y del Mundial, en el pequeño país suramericano no hay amigos. No existe un rincón del mundo con tres millones y medio de habitantes que produzca tantos futbolistas de primer nivel. Es un milagro el poder competitivo de esta nación, aunque no tanto si se escuchan atentamente las palabras de su entrenador. El maestro Tabárez regala una clase de fútbol y de vida cada vez que habla y en la previa insistió en que su equipo es como una familia, en la que no hay unas estrellas por encima de las otras, y en la que todos empujan como lo haría cada uno de los ciudadanos que sufre desde el televisor.

Por supuesto que no dio ni una sola pista sobre si podrá jugar Cavani. El futbolista del PSG es un depredador del gol, que además se deja todo lo que tiene en el trabajo defensivo y de presión. Su lesión en el gemelo parece que le dejará fuera del partido, pero Tabárez quiere que Francia se quede con la duda hasta el último momento. Uruguay no es favorito, especialmente sin su «9» titular, que ayer tocó balón por primera vez en toda la semana. Un factor que lejos de ser un problema es un extra de energía para la irreductible aldea celeste. Están acostumbrados a venir desde atrás, a sorprender y a darle la vuelta a las apuestas.

Justo esto es lo que no quiere Francia, que llega impulsada por la inercia del velocista Mbappé. Aceleró más rápido que Usain Bolt para cargarse a Messi y ahora tendrá que superar el examen de Godín y Giménez, además de todas las minas que le van a colocar por delante de los dos centrales. «Tiene todavía cosas que aprender. Lo que hizo estuvo muy bien y sirvió para demostrar lo que sabe hacer. Un partido así es fuerte, pero ha tenido tiempo para digerirlo», avisa Deschamps, que era futbolista de la Juven cuando Óscar Washington Tabárez ya era un veterano entrenador en el Milan. Lleva ahí toda la vida y aguanta sujetado a su muleta y a la sabiduría en la que confía Uruguay.