Tenemos que hablar

La camiseta de Ronaldo, exhibida en una tienda en Turín
La camiseta de Ronaldo, exhibida en una tienda en Turín

El Mundial se sigue jugando en Rusia, pero aquí estamos a lo importante: ver en directo la posible ruptura de una pareja que tan bien parecían llevarse en la Copa de Europa. Ronaldo y el Real Madrid tienen que hablar

La primera vez que me dijeron: «Tenemos que hablar», no sabía lo que era un «tenemos que hablar». No le di muchas vueltas, la verdad, pues había mucho de qué hablar: qué película íbamos a ver esa tarde, qué planes teníamos para ese verano y, pensaba yo, cómo íbamos a vivir juntos el resto de nuestra vida. Luego hablamos. Bueno, yo no hablé. Estaba claro cómo íbamos a vivir el resto de nuestra vida: juntos, no.

Ronaldo y el Real Madrid están rompiendo, casi como un manual de lo que es una ruptura. No se soportan, pero les cuesta imaginarse cómo será la vida separados. Hay un resto de nostalgia, de lo bonito que fue, un hilo, por tanto, que une y que es el más difícil de romper. Todas las canciones de amor, toda la poesía y puede que gran parte de la Literatura que se ha escrito se haya escrito tirando de ese hilo.

«Puedes olvidarme para toda la vida/olvidar que también hubo alegría», canta Calamaro, con su hermano Javier. Porque un error de las rupturas es pensar que lo último es la verdad, cuando sólo es un paso más, casi lógico tras años de relación y después de que descubras que el otro ya no tiene nada más que ofrecerte. Durante nueve años, el Madrid y Cristiano han formado una pareja casi perfecta, con sus triunfos y sus malos momentos, con esas discusiones tan ridículas que a veces se dan en la pareja y que hacen que no se hablen durante algunos ratos (que, por cierto, siempre ocurren en una fiesta llena de invitados).

Si Ronaldo se va, a los madridistas les quedan cuatro Copas de Europa y una colección de goles en la que habrá que decidir cuál es el mejor. Están los que no tienen discusión, como el de Turín, y luego la elección personal: el que metió al Barcelona en la Liga de Mourinho; uno al Villarreal en el que se cae, se levanta y persigue la pelota con la obsesión con la que la ha perseguido toda la vida. Todo lo curará el tiempo y los recuerdos harán su selección natural.

Lo malo de las rupturas de adultos es que han perdido toda la inocencia. No sé cómo terminan ahora los amores de verano los adolescentes: quizá bloquean el whatsapp y siguen a otra cosa, quizá no recibir el check azul de que han leído tu mensaje sea el nuevo y efectivo tenemos que hablar. Los adioses de adultos son mucho menos literarios: suelen aparecer palabras como conciliación, demanda, abogados y jueces y cosas así que mira a ver cómo lo metes tú antes de «éstos sean los últimos versos que yo le escribo». Porque Ronaldo y el Real Madrid se quisieron, pero ahora están hablando de dinero. Como siempre.

Aún falta algún episodio por escribirse, mientras en Rusia hay algunos que siguen jugando partidos. Es como los que se quedan escondidos cuando las guerras ya han terminado. Ahora estamos con Ronaldo. El Mundial ha terminado, pero ellos no se han dado cuenta.