Real Madrid

El Madrid se aferra a la Champions

Cristiano Ronaldo durante el partido que Real Madrid y Juventus juegan en el estadio Santiago Bernabéu. EFE/Rodrigo Jimenez
Cristiano Ronaldo durante el partido que Real Madrid y Juventus juegan en el estadio Santiago Bernabéu. EFE/Rodrigo Jimenez

La Juve igualó la eliminatoria en el Bernabéu, mientras el Madrid no encontró puntería hasta el penalti final. Buffon fue expulsado.

Cristiano Ronaldo agitaba los brazos, sin camiseta; una vez y otra vez y otra vez y el público rugía, todo el estadio a una, como un animal liberado, tras noventa minutos inolvidables, de pesadilla, tensos, interminables, imposibles de imaginar hora y media antes. Pasó el Madrid, en el último segundo, después de estar contra las cuerdas, atónito y cayó la Juve, enfadada y digna, a punto del milagro. Pero sólo a punto. Esto es el fútbol, amigos, quien lo probó lo sabe.

Porque toda la vida estuvo ahí pasado el minuto noventa del partido, con la Juve con tres goles a favor y la eliminatoria igualada, esperando la prórroga y el Madrid empujando con su último impulso. Pasó Marcelo al segunda palo, largo y saltó Cristiano, que hizo una segunda parte formidable, de carácter indomable siempre. Saltó la tocó al centro del área pequeña donde la esperaba Lucas Vázquez para rematar. Le arrolló Benatia, el colegiado pitó penalti y la Juve vio que se le escapaba todo, su esfuerzo para nada. Buffon saltó sobre el colegiado, sin callarse nada y dice adiós a la Champions expulsado.

Marcó Cristiano y el Madrid está en semifinales. Nadie dijo que fuera a ser fácil. Porque la victoria de la Roma contra el Barcelona lo ha cambiado todo, mucho más que la remontada del conjunto azulgrana la temporada pasada contra el PSG. Es como si los italianos hubiesen cambiado el paradigma del fútbol. Vale, que siempre fue un poco imprevisible, pero es que no hay certidumbre ya a la que agarrarse. Gana el Madrid 0-3 en Turín y es como si nada, no sirve para ahuyentar el miedo, no sirvió para que la Juve bajara la cabeza, casi al revés. Con todo en contra, el equipo de Allegri salió al Bernabéu como si tuviera todo a su favor, como si la palabra imposible hubiese perdido su antiguo significado. Y todo eso se confirmó cuando antes de que en el marcador apareciese el minuto dos de partido, Mandzukic hizo el primero de la Juventus. Iba a ser una noche agradable. Ja.

La Juve creía y al Madrid le costaba encontrar el ritmo con el que apaciguar a la fiera. Douglas Costa se pegó a la banda derecha y desde allí volvió a loco a todo el Real Madrid, desde Marcelo hasta el último seguidor del Bernabéu. Zidane plantó el centro del campo habitual, con Casemiro, Modric, Isco y Kroos y el alemán no llegaba casi nunca a tiempo a las coberturas.

El Madrid empezó a responder, primero apostando por el desequilibrio, intentando pillar a la Juve cuando ésta se abría. Carvajal se pegaba en todos los sentidos y por todas las partes del campo con Mandzukic, mientras que Modric e Isco intentaban encontrar la pelota para ser ellos quien marcasen el ritmo. Con el balón, con la posesión, se calmaría todo y volvería la tranquilidad.

El Madrid consiguió mover la pelota y a tener ocasiones, pero se encontró con lo que creía que había dejado atrás: la mala puntería. Ronaldo no atinaba, Bale no aparecía y Buffon sacaba una mano milagrosa para quitarle a Isco el tanto que hubiese tranquilizado todo. Pero a sus cuarenta años, el portero italiano se sabe todos los recursos.

Tenía el Madrid tres problemas: no hacía gol, llevaba un tanto en contra y no se defendía con seguridad. Pjanic, que no estuvo en la ida, le ganaba la partida a un Casemiro por debajo de su nivel y cuando la Juve salía lo hacía con todo.

Porque son italianos, son la quinta esencia de los italianos: es decir, no estaban dominados, no estaban inseguros, sólo esperaban. Y lo hicieron de nuevo. Una jugada que empezó por la derecha de su ataque y el centro lo remató otra vez Mandzukic, demasiado alto para Carvajal, demasiado cerca del palo para Navas.

Y entonces, sí: pánico.

Un remate de Varane se fue al larguero y Zidane decidió que había que cambiar de plan. Asensio y Lucas hicieron calentamiento específico mientras sus compañeros recuperaban fuerzas y fe en el vestuario y Zidane les dio salida en la segunda mitad. Había que proteger las bandas, había que juntar al equipo y había que sacrificarse. Pero todo estaba en el alambre ya y un error de Navas igualó lo que había parecido imposible de igualar.

Después pasó el tiemp, fueron treinta minutos, pero pudo ser una vida entera. La Juve se calmó, pero con el cuchillo en los dientes; el Madrid se fue rehaciendo, hasta el penalti.

Y Ronaldo gritó liberado.