Real Madrid

Real Madrid-Nápoles: La pasión de Sarri

El técnico del Nápoles, rival mañana del Real Madrid, dejó su trabajo en un banco para cumplir su sueño de ser entrenador

Maurizio Sarri gesticula durante un partido del Nápoles
Maurizio Sarri gesticula durante un partido del Nápoles

El técnico del Nápoles, rival mañana del Real Madrid, dejó su trabajo en un banco para cumplir su sueño de ser entrenador

«No voy a contestar nada sobre el Real Madrid. Si hay otra pregunta más sobre esto, me levanto y me voy», decía Maurizio Sarri el jueves en la previa del partido ante el Genoa. Los periodistas querían saber cosas sobre la visita del Nápoles al Santiago Bernabéu, pero su técnico cortó de raíz cualquier intento. No es especialmente sociable este napolitano de 58 años que ha convertido a los celestes en uno de los equipos de moda. Un tipo especial, que no cumple con casi nada de lo que es habitual en la carrera de un entrenador de élite. Nunca fue futbolista y hace 15 años tenía un trabajo «normal»: era empleado en una de las sucursales del Banco Monte dei Paschi di Siena, aunque su pasión era otra: el fútbol. No le costó demasiado decirle a su mujer la «locura» que iba a cometer, pero sí que tembló al hablar del asunto con su padre. Al final, toda su familia entendió que para ser feliz necesitaba el banquillo más que el banco.

Napolitano de nacimiento, pero criado en la Toscana, él era el único niño de su colegio hincha del Nápoles. Por eso interpretó como un guiño del destino la llamada del club de su corazón para sustituir a Rafa Benítez en junio de 2015. Se trataba del final de una larga travesía (17 equipos) que comenzó por varios clubes de categoría amateur, cuando entrenar era sólo un pasatiempo después de salir de la oficina. Serie C, Serie B y por fin un ascenso a la Serie A con el Empoli, al que mantuvo en la máxima división en la temporada 2014-15, justo antes de que el Nápoles se fijara en él para ocupar el puesto de Rafa Benítez, que se fue al Real Madrid sin haber metido al equipo en Champions. Con él llegó la «revolución Sarri», un subcampeonato en el Calcio y el regreso a la Liga de Campeones. Su Nápoles es valiente, atrevido y el máximo goleador de la Serie A (57 tantos). El plan de su técnico es siempre atacante, sin importarle mucho si juega en casa o en campo contrario, con Insigne, Callejón y Mertens como tridente ofensivo.

Tiene algo de Marcelo Bielsa en su forma de manejarse ante los medios y también en esa mezcla entre un aspecto más bien clásico y la pasión por los últimos avances en técnicas de entrenamiento. Sarri no tiene perfil en redes sociales ni nada que se le parezca, pero sí que ha utilizado drones para grabar las sesiones de trabajo de los suyos y mejorar ciertos detalles. Le halagan las comparaciones con Sacchi, aunque lo primero que reconoce es que la única similitud entre el exitoso palmarés de Arrigo y el suyo son los comienzos en las categorías inferiores. Confiesa que grababa en VHS los partidos de aquel Milan para estudiar sus movimientos defensivos y que también ha prestado especial atención al Barcelona de Guardiola, porque como Sacchi, «ambos aportaron grandes cambios al fútbol, y si consigues esto puedes ser recordado, aunque no ganes». Para ello trabaja Maurizio, admirador de Maradona incluso después de que el «10» dijera a su llegada al banquillo que el Nápoles no levantaría ningún título bajo su mando. Esto fue en los primeros momentos, cuando el equipo no era tan efectivo como ahora, que ha entendido y cree en las ideas de su entrenador.

Fumador empedernido, un poco supersticioso –siempre lleva algo negro para garantizar la buena suerte– y amante de la literatura en los pocos ratos que le dejan sus doce horas diarias pensando en fútbol. Cuentan que en el Sansovino, en sus primeros tiempos, tenía más de 30 sistemas de juego distintos, algo que le acerca al «bielsismo», porque el argentino suele preparar un esquema para cada una de las posibles alineaciones de su siguiente rival. Sarri espera mañana al Real Madrid con la misma tranquilidad que cuando estrenaba en Tercera. Al fin y al cabo, es fútbol.