Fútbol

“Gento corría tanto que se chocaba con los fotógrafos”

Dos peñistas veteranos y Manolín Bueno, su eterno suplente, recuerdan cómo el extremo se fue puliendo en el Real Madrid hasta convertirse en un mito

Paco Gento, en un partido contra el Barcelona
Paco Gento, en un partido contra el Barcelona FOTO: FCB FCB

Manolín Bueno es la cruz de Gento, el perjudicado de la calidad y la longevidad del mítico extremo del Real Madrid. Bueno era un gran extremo izquierdo, «el segundo mejor jugador del mundo», cuenta por teléfono, «porque cuando yo me quejaba por jugar tan poco en el club me decían, con razón, que Gento era el mejor futbolista del mundo y que yo, como era su suplente, era el segundo mejor».

Nadie pudo quitarle ese sitio en la banda a aquel futbolista cántabro que llegó muy joven al Real Madrid y que era tan rápido que a veces, al principio, se dejaba la pelota atrás. «Venía como una moto, pero después se fue puliendo. Los primeros años cuando centraba al área, la mandaba al córner», recuerda Jesús Ayuso, de la peña La Gran Familia y que a sus 80 años tiene muy presentes sus años de adolescencia viendo al Real Madrid. Jesús jugaba en un equipo de juveniles con Manolo Velázquez, el que después sería el elegante 10 del Real Madrid, y ambos, después, iban al fútbol de pie, al fondo sur del Bernabéu. Su padre le había regalado el abono juvenil (de menores de 18 años), por aprobar el bachillerato. Era un fútbol distinto y también una grada distinta, «sin camisetas ni bufandas. Los grandes goles se celebraban sacando los pañuelos, como en lo toros», sigue contando. En la zona de pie, Jesús se situaba cerca de unas barras y se tenía que poner de puntillas para poder ver el campo. Así vio las primeras, y todas, las carreras de Gento: «Al principio era como Vinicius cuando empezaba, pero después, por su velocidad, no había quien le parara. Hacía pareja con Rial, que le metía unos pases buenísimos».

Rial y Di Stéfano fueron los que más pelearon para que Gento siguiera en el Real Madrid porque tras la primera temporada, Bernabéu no estaba nada convencido. «Los fotógrafos», sigue recordando Jesús, «se ponían a un lado de la portería, medio tumbados o de rodillas... «¡No sé cuántos fotógrafos se llevaba por delante! La máquina por un lado, el fotógrafo por otro y Gento por otro más». Así que el presidente pensó que lo mejor era cederlo para que creciera en otro club. Rial y Di Stéfano, que ya era el líder total, le dijeron que con esa velocidad, Gento podía dar mucho. El tiempo les dio la razón.

Manolín Bueno llegó la temporada de la quinta Copa de Europa. Gento ya había aprendido y era imposible que el recién llegado se hiciera con un sitio. A punto de cumplir 82 años en su memoria sólo hay agradecimiento: «Era un fenómeno, como jugador y como persona», dice. «En el campo era para verlo, las veces que podías claro, porque era tan rápido que no daba tiempo», continúa con su humor gaditano. «Era una bala, no había quien lo cogiera. No he visto un jugador más rápido que él. Y eso que los campos estaban encharcados y eran mucho peores. Si llega a jugar ahora, venía corriendo hasta mi casa». Manolín intentó aprovechar sus minutos: «Para que yo jugase, me ponían en la banda derecha, pero en mitad del partido yo me iba a la izquierda, aunque estuviese Gento en ese lado. Ahí estábamos los dos y el entrenador se enfadaba conmigo».

«Manolín Bueno era muy habilidoso, pero como antes existía el derecho de retención, el club podía hacer que siguieses. No jugó mucho porque Gento era incombustible», recuerda Manuel Longarela, miembro de la peña Carabanchel y que a sus 70 años tiene muchas imágenes del Real Madrid guardadas en su memoria. «Hay un encuentro que no se me olvida y es un Real Madrid contra el Athletic, en el que Iribar era el portero. Llovió muchísimo, Gento hizo un partidazo, pero es que Iribar lo paró todo ese día». Manuel vio ya a un Gento maduro, cerca de la retirada, un futbolista que ya se había ganado el respeto de todo el estadio. Era un futbolista experimentado. «Seguía corriendo como antes, pero lo mejor era cómo se paraba. En seco, mientras el defensa rival seguía corriendo».

Un día Jesús Ayuso se encontró a Gento caminando cerca del Bernabéu: «Le llamé: ‘’Don Francisco’'», se ríe ahora por usar ese don. «Cómo le iba a llamar, si nos ganó seis Copas de Europa».