Sergio García, el rey del «pollo frito»

Efe
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Carnaza para el populacho

Duele que en nuestro deporte, paraíso de dopados con coartada y reino de chorizos idolatrados, se crucifique a un chaval por decir una gansada.

Ni la justicia ni el criterio de los opinantes profesionales son iguales para todos en España. Luis Aragonés vociferó a pleno pulmón aquello tan pedagógico de ¡negro de mierda! sin que nadie lo bajase de su pedestal de sabio pese a que no se molestó ni en esbozar una disculpa; y Sergio García será condenado a la muerte civil por una broma de pésimo gusto, sin duda, e incluso estúpida si se quiere; ni siquiera el haber pedido perdón de mil maneras lo va a librar de la lapidación. Es pelín boquiflojo y tela de inoportuno, de acuerdo. Pero duele que en nuestro deporte, paraíso de dopados con coartada y reino de chorizos idolatrados, se crucifique a un chaval por decir una gansada. La maldita corrección política, esa inquisición moderna.

Porque además, en el fondo, el españolito sin repajolera idea de golf lo que le reprocha a Sergio García es que no contribuya con triunfos a ese patriotismo de taberna y mondadientes tan nuestro, que salta sin control del hockey sobre patines a Fernando Alonso o de los 50 kilómetros marcha a Pau Gasol... Saber ganar consiste, básicamente, en no comportarse con los triunfos como reaccionaría un gañán después de haberse zampado un cordero. Y aquí, con hambre arrastrada de generaciones, pero hoy ahítos de Nadal y borrachos de Eurocopas, hemos adquirido el espantoso hábito de eructar desprecio hacia muchos deportistas excelentes que compiten contra los mejores del mundo... sin ganarles todos los días. A decir de los expertos, Sergio García es un genio del golf reconocido como tal por toda la prensa especializada internacional. Sólo un español ha ganado el Open Británico en siglo y medio. Resulta que la burricie nacional es impermeable a la estadística.

Lucas Haurie

Embocando torpezas

Ha metido la pata hasta el corvejón, se ha pasado de listo al usar una frase dedicada a Tiger que nos retrotrae a la época de la esclavitud.

Sergio García ha metido la pata hasta el corvejón y en Estados Unidos le están cayendo dobladas. En un alarde incomprensible de ironía mal entendida, al ser preguntado por Tiger Woods, se abrió de capote con un comentario sobre los negros, un comentario de esos que colocan al que lo escucha entre el estupor y la vergüenza ajena. El muchacho se pasó de listo y usó una frase que estereotipa a la raza negra y la retrotrae a la época de la esclavitud. García ha pedido disculpas, pero algunos de sus patrocinadores se están planteando romper relaciones con el golfista porque la frasecita elegida («Le invitaré a cenar pollo frito») es de las más xenófobas que uno puede usar en aquel país.

En este instante se preguntarán Vds., queridos lectores, cómo es posible atinar tan certeramente en la diana del mal gusto, cómo es posible buscar entre todos los comentarios que puede uno hacer sobre Tiger Woods y elegir justo el que más va a ofender y a más cantidad de gente. Puede que el campeón estadounidense sea un malaje, un tipo de moral laxa y un competidor odioso, pero nada justifica que en el duelo de gallitos que protagoniza con Woods haya escogido Sergio García usar el peor de los chafarrinones dialécticos.

Deseamos desde aquí al joven prodigio del golf español que aprenda de ésta, y que se dedique a lo que de verdad deseamos, que no es a otra cosa que a ganar títulos y a pensárselo mucho antes de bromear la próxima vez. De lo contrario, quedará como un quejica picado por no poder llegar a la suela del zapato al supercampeón, como el típico niño bien europeo descolocado que quiere presumir de lo que justamente carece.

María José Navarro