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Los orígenes humildes de Yulimar Rojas, que aspira a batir el récord del mundo: “Lo que nos motivaba era la comida diaria”

La atleta venezolana se metió en la final de triple salto, donde además de al oro aspira al récord del mundo. Ana Peleteiro también luchará por las medallas

Yulimar Rojas sólo necesitó un salto para meterse en la final de triple salto en los Juegos Olímpicos de Tokio
Yulimar Rojas sólo necesitó un salto para meterse en la final de triple salto en los Juegos Olímpicos de TokioDYLAN MARTINEZREUTERS

La triplista venezolana Yulimar Rojas llegó al Estadio Olímpico de Tokio, saltó y a descansar. Ni siquiera fue un gran salto (para ser ella), porque corrió regular, ajustó mal y no se extendió del todo en las zancadas, pero le dio para superar la marca mínima y meterse en la final de triple del domingo, en la que espera hacer algo muy grande. No sólo ganar, que eso es algo que todos dan por hecho porque su gran rival es ella misma; también intentar superar el récord del mundo que tiene la ucraniana Inessa Kravets (15,50) desde 1995. Yulimar lleva tiempo acechándolo (ha llegado hasta 15,43). Quiere convertirse en una de las reinas de los Juegos, pero es una atleta que no olvida sus orígenes.

Esta conversación es de febrero de 2019, cuando ya era una estrella de su deporte: «Siempre en mi familia hemos sido muy humildes. Desde pequeña nos costaba mucho lo que era tener un par de zapatos para poder salir a entrenar. Lo que nos motivaba era la comida diaria, que era por lo que mi papá trabajaba, y gracias al deporte, que me ha brindado muchas cosas bonitas, nos hemos ido levantando y ahora estoy muy orgullosa de pertenecer al atletismo, de lo que me ha enseñado y de que he podido ayudar a mi familia, darle un techo digno, una casa bonita».

«Para mí no es una vergüenza decir que vengo de bajos recursos, eso me motiva y me hace seguir avanzando», cuenta en la misma conversación. Y remata: «Mi padre ha sido la primera persona que creyó en mí como deportista, me inculcó el deporte, me enseñó y me llevó hasta las instalaciones para poder empezar en este mundo tan bonito. A los 14 años gané mi primera competición en Venezuela y poco a poco fui cada día mejorando. Desde los 14 hasta ahora que tengo 23 [ya tiene 25], no me quejo de la vida que me ha regalado Dios y estoy bastante contenta porque creo que tengo un futuro muy provechoso».

Para seguir con esa progresión se le ocurrió contactar por Facebook con el mítico saltador cubano Iván Pedroso, que le contestó y concretaron que se viniera a España a entrenar con él. Y el 15 de noviembre de 2015 comenzó la nueva vida de Yulimar en Guadalajara y el paso definitivo hacia la fama, con los títulos Mundiales de 2017 y 2019 y la plata en los Juegos de Río 2016 que tiene toda la pinta de que va a convertir en oro dentro de nada (la final es el domingo a las 13:15).

El resto de las medallas están más abiertas, y en esa lucha estará la española Ana Peleteiro, compañera de entrenamiento de Yulimar a las órdenes de Pedroso. La gallega hizo un salto de 14,62 (se pedía 14,40) a la segunda y no necesitó seguir. Ese registro supone el mejor que ha conseguido nunca al aire libre (en pista cubierta alcanzó los 14,73, récord de España), lo que confirmó que está en condiciones de soñar. Ella es una peleona siempre y en cualquier circunstancia. Además, se explica con mucha claridad: en sus primeros Juegos ya está en la final, a la que afirma que irá «con garras, dientes y cuchillos».