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En el 800 libre la reina sigue siendo Ledecky, que dice que quiere llegar a los Juegos de 2028

La estadounidense, destronada por Titmus en el 400 y en el 200, supera a la australiana en la larga distancia para colgarse su segundo oro en Tokio y su décima medalla olímpica

Ledecky conquistó su segundo oro individual en Tokio en los 800 libres, y venció por primera vez a Titmus en el cara a cara
Ledecky conquistó su segundo oro individual en Tokio en los 800 libres, y venció por primera vez a Titmus en el cara a caraPatrick B. KraemerEFE

«Todavía soy joven, ¡tengo 24 años!», dijo Ledecky después de ganar la medalla de oro en los 800 metros en los Juegos Olímpicos de Tokio. Mostró esa sonrisa misteriosa que tiene, con la chaqueta del chándal que parece colgada en una percha por los amplios hombros de la estadounidense, y los pantalones pesqueros subiéndole unos dedos de los tobillos. Habla una leyenda y dice que quiere más. «Sigo amando este deporte y voy a dar cada gramo que tengo por él hasta que considere que ha llegado el momento», añade. Ese momento no es éste todavía. Después explica que la esperemos seguro en París 2024 y que ojo con Los Ángeles 2028.

En su cuello reluce una medalla que significa mucho por varios motivos: por terceros Juegos Olímpicos consecutivos, se proclama campeona de 800. La primera vez fue en 2012 con quince años y ella misma ha reconocido que esperaba que aquello no fuera flor de un día. Y vaya si no lo ha sido. Es, además, su décimo metal olímpico (8 oros, 2 platas), por lo que se queda a dos de igualar el récord de Jenny Johnson (8 oros, 3 platas y 1 bronce), aunque su compatriota nunca logró un título en una prueba individual. Batir este registro lo deja para París. Y además es especial porque logró superar por fin a Ariarne Titmus en un cara a cara en el Centro Acuático de Tokio. La australiana la destronó en los 400 metros, en una de las carreras que será más recordada de estos Juegos, y también la superó en el 200, aunque ahí no fue sólo ella, porque Katie terminó quinta. Pero en los 800 Ledecky impuso su ley. Cuantos más metros, mejor, como ya demostró en el 1.500, distancia que se estrena en esta cita olímpica y en la que venció sin apuros aparentes. Tampoco hubo mucho misterio en este segundo oro individual de la estadounidense. No estaba al lado de Titmus, que partía desde la calle 7, pero Katie tuvo vigilada a la «aussie» en todo momento, porque sabía que el peligro podía llegar por ahí.

Ledecky apretó en los primeros 200 metros para tomar un segundo y algo de ventaja, y a partir de ahí puso la turbina en modo aplastamiento. Con un ritmo más bajo pero machacón, fue clavando casi cada largo hasta los 650 metros, aumentando la distancia en centésimas para llegar a tener un cuerpo de ventaja. En las últimas tres piscinas todavía tenía fuerzas para volver a cambiar la marcha, pues sabía que Titmus era capaz de hacer un ataque final. Comenzó a mover más rápido los pies para hacer todo ese tramo en parciales por debajo de 31 segundos. La australiana lo intentó bajando incluso de 30 en el largo definitivo, pero nunca tuvo opciones de atrapar a su oponente. Ledecky terminó feliz y sin sobresaltos, aunque sí agotada. Es un prueba muy exigente, y más a la velocidad a la que la hacen. La respiración agitada tardó en quitársele tanto a la estadounidense como a Titmus, que finalizó segunda, mientras que el bronce se lo colgó la italiana Simona Quadarella.

Las lágrimas estuvieron a punto de volver a aparecer en el rostro de Ledecky, que aumenta su leyenda en Tokio sin mucho que reprocharse. El 200 ya se le queda corto, la proeza es que en Río fuera capaz de ganar en todas las distancias del crol. En el 400 hizo un tiempo excepcional, el segundo mejor de su vida y muy cerca del primero, pero la venció alguien que ese día fue mejor. Y así l o aceptó. En el 1.500 no encontró oponentes, lo mismo que en el 800. Nadie nunca la ha derrotado en esta distancia. Sí lo han hecho ya en el 400, y dos veces, porque Titmus ya quedó por delante en el pasado Mundial de 2019. Ver a alguien tan fuerte como la australiana puede ser incluso una motivación para Ledecky. «Estoy emocionada de tener ese tipo de rivalidad, es algo que me impulsa y sé que la impulsa a ella también. Seguiremos nuestros propios caminos y si nos ponemos una al lado de la otra de nuevo, realizaremos carreras realmente geniales y competiremos de manera feroz cuando nos sumerjamos en el agua», concluyó Katie. El año que viene ya hay Mundial en Fukuoka, el que se tenía que haber disputado este curso y que la pandemia retrasó; en 2023 también habrá Campeonato del Mundo, en Qatar, y el colofón serán los Juegos de París 2024.