«España acoge bien a los deportistas»

En Atenas, en 2004, Lino Martínez, cubano nacionalizado, logró un bronce en longitud

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Lino Martínez se ríe como cuando era deportista y como cuando se hizo famoso por un salto de bronce en Atenas, hace 12 años. Era, hasta ayer, la última medalla del atletismo español. «Me estoy haciendo más famoso que cuando competía», decía el ex atleta, contento de que aún se recordase su hazaña. «Esos días me traen grandes recuerdos. Fue un antes y después en mi vida». Le dio visibilidad, le hizo conocido y la vida fue más fácil. Había nacido en Cuba y, casado con un española y en julio de 2004, es decir poco antes de la competición, consiguió la nacionalidad española.

Más de una década después la historia se repite con Orlando Ortega, que hasta finales de julio no recibió el permiso de competir con España y ahora ha hecho que el mundo del deporte se acuerde de Lino. «Le he conocido en Madrid porque fui un día a saludarle. Los cubanos que hacemos deporte nos conocemos todos y a mí, mi medalla me da más visibilidad, me convierte un poco en la referencia de los que llegan».

Ortega, en cuanto ganó, superado por las lágrimas de la emoción, agarró una bandera española. Nació en Cuba, compite para España. No tiene dudas, no hay problemas. Lino tampoco tuvo: «Ya llevo aquí 16 años, he echado mis raíces», cuenta. Aunque avisa a Ortega que no siempre es fácil, que alguna vez te encuentras con alguien que decide darte su opinión sobre el cambio de nacionalidad: «A algunos les escuchas y le das tus razones. A otros no les escuchas y te das media vuelta y a otros te dan ganas de decirles algo, pero te frenas». Pero reconoce que siendo deportista y, sobre todo, con una medalla al cuello, son emigrantes de otro nivel, que no viven las inclemencias o el racismo que sí soportan los que llegan: «En deporte es diferente, nosotros no sufrimos ninguna discriminación. Se está más integrado». Como Ortega, Lino encontró en España la capacidad para desarrollar su potencia, un idioma común y un lugar que ya conocía donde la adaptación es mucho más sencilla.

Así llegaron los éxitos. Pero, continúa Lino, «cuando el deporte acaba, nadie te conoce. Yo me apunté al paro y en el INEM, la chica que atendía me dijo que cómo era posible que a mis treinta y tantos no tuviese ninguna experiencia laboral, que qué había hecho». Pasó ocho meses malos, a punto de irse, y al final encontró trabajo en la editorial Motorpress Ibérica.