Los prodigios de Bolt

Usain, la esencia, ya no competirá en más Juegos Olímpicos, es la triplicación del triple. «El trabajo ha merecido la pena», dijo tras ganar el 4x100

Bolt corrió en los 4x100 de Río su última final olímpica. A Tokyo 2020 no llegará y se despidió besando la pista brasileña
Bolt corrió en los 4x100 de Río su última final olímpica. A Tokyo 2020 no llegará y se despidió besando la pista brasileña

Usain, la esencia, ya no competirá en más Juegos Olímpicos, es la triplicación del triple. «El trabajo ha merecido la pena», dijo tras ganar el 4x100

Había ciertas dudas sobre el rendimiento del cuarteto jamaicano en el 4x100 y la posibilidad de que Bolt no renovara el oro de Londres. El estancamiento de Yohan Blake, una luz que se apagó prematuramente; la ausencia de buenas noticias de Asafa Powell, aquel velocista, la incógnita del «anónimo» Ashmeade y la realidad de Bolt, que no ha mejorado en Río ninguna de sus marcas, no ya mundiales, sino olímpicas, no invitaban al optimismo. A todo lo cual había que añadir el deseo de revancha de los «boys of USA», ya no tan chicos y con tres positivos purgados en sus filas (Rodgers, Gatlin y Gay), espoleados por el éxito de sus paisanas frente a las caribeñas en el 4x100.

Sin embargo, la normalidad se impuso; aunque no en toda su amplitud porque hubo sorpresa; sí, de Estados Unidos, pero negativa. Jamaica ganó y los estadounidenses fueron eliminados. No era su noche por diversos motivos: la entrega de la posta de Rodgers a Gatlin y de éste a Gay fue irregular en la zona de relevos. El jurado tomó nota y dejó correr. El último en pasar la raya fue Bromell y se arreó una costalada cómica: cruzó la meta, tropezó y se estrelló. El testigo por un lado y él por otro. Pero no fueron primeros, ni siquiera segundos, les adelantó Japón, ¡sí, los japoneses! Los hijos del Sol Naciente, aunque uno de ellos, Cambridge, nació en Jamaica, como Usain.

Resignados con la tercera plaza, Bromell salió de la pista en silla de ruedas y sus tres compañeros, arropados por sendas banderas de Estados Unidos, iniciaron la vuelta triunfal. Estaban terminándola, después de innumerables «selfies», una sesión de autógrafos y la alegría a flor de piel, cuando les anunciaron su descalificación. Se quedaron de una pieza. Gatlin, con cara de poema, pedía explicaciones que sólo podía dar él, al meter la pata con Rodgers. Su eliminación sirvió de ascenso a los canadienses, que tienen en André De Grasse, tres medallas en estos Juegos, un leopardo con mucho futuro.

Ajenos a las tribulaciones estadounidenses, los jamaicanos celebraban la conquista con Bolt al mando de las operaciones. Habla mirando a cámara. Domina la escena con tanta desenvoltura como se apodera de la pista. Él firmó el oro. Powell –sí, éste también ha cumplido sanción por un positivo, y han descubierto que Nesta Carter, del 4x100 victorioso en Pekín, estaba dopado– y Ashmeade no fueron los más listos de la clase; Blake mejoró; pero si no llega a ser por la velocidad punta de Bolt no se comen un colín. El japonés Kirguy hizo la última entrega a Cambridge al tiempo que recibió el mensaje Usain, el indiscutible número 1. También Bromell inició los últimos 100 con esperanza... Que el rey de la velocidad sepultó con una carrera tan suya que no agota por mil veces repetida. En esos últimos cien, Jamaica ganó el oro, el tercero consecutivo por terceros Juegos consecutivos. Lo nunca visto, y Bolt, con las de 100 y 200 ha recogido nueve medallas doradas, tantas como Paavo Nurmi y Carl Lewis, pero todas seguidas en una distancia que nadie domina como él y quizá nadie lo haga. «He trabajado todos estos años para ser el mejor, para estar entre los más grandes. El trabajo ha merecido la pena». Y como al ganar en los 200 mencionó el lugar que le gustaría compartir con Muhammad Ali y Pelé y se olvidó de Phelps, en esta ocasión gloriosa reconoció al nadador: «Ambos hemos dominado estos últimos años como grandes maestros en nuestros respectivos deportes. Corresponde a los demás decir si somos los mejores».

Bolt es historia y, al concluir estos Juegos, también es el tri, tri, triple de bueno. En los 100 no ha mejorado las marcas de Pekín (9.69) y Londres (9.63); zanjó con 9.81; en los 200, lo mismo: 19.30 y 19.32 por los actuales 19.78, y en el 4x100, ídem de ídem: 37.10, 36.84 y, la última, 37.27. Parte de los Juegos hacia donde el destino le lleve, y no parece que sea Tokio, con la satisfacción del deber cumplido, de haber escrito otra brillantísima página de la Historia con ese triple «triplete».

EE UU derrota a Jamaica

Elaine Thompson había dejado sin el oro en los 100 y en los 200 a Estados Unidos. Jamaica no da tregua en la velocidad pura, ni con ellas ni con ellos; es el paradigma en estas distancias y resulta insuperable. El trono de Shelly-Ann Fraser-Pryce lo heredaba Thompson, que en el doble hectómetro, por cierto, dejó tan marcada a la diosa blanca Dafne Schippers, incómoda con la plata, que Holanda no pasó el corte en el relevo corto. Falló la líder: «Yo vine a por el oro, no a por la plata», dijo para justificar su frustración.

La igualdad presidía el 4x100, con nombres iluminados por palmarés y luces de neón. Las cuatro jamaicanas, Williams, Thompson, Campbell-Brown y Fraser-Pryce. Las estadounidenses, Bartoletta, Felix, Gardner y Bowie. Cada cuarteto desprendía reflejos dorados, pero había que correr, y corrieron más las estadounidenses, que reeditaban el oro de Londres, donde Allyson Felix también fue protagonista. Allyson es la atleta más laureada de los Juegos, con cinco oros y tres platas.

Con Jamaica, que fue oro en Atenas’04, corrió Veronica Campbell, que con sus nuevas compañeras mejoró el crono de hace dos años (41.36 por 41.73). EE UU lo detuvo en 41.02, que no es tampoco el de Londres (40.82). La tercera plaza fue para las británicas (41.77).