Beitia, un oro de altura

La atleta logra la decimocuarta medalla para España, cuatro años después de su cuarto puesto en Londres

La gran Ruth Beitia coronó ayer su carrera deportiva con el premio más preciado para una atleta: el título olímpico de salto de altura en la final de los Juegos de Río, dando a España su decimocuarta medalla en el evento.

La gran Ruth Beitia coronó ayer su carrera deportiva con el premio más preciado para una atleta: el título olímpico de salto de altura en la final de los Juegos de Río, dando a España su decimocuarta medalla en el evento. Beitia, de 37 años, ha sabido sacar partido a su gran concurso al no fallar en ninguno de sus intentos hasta que el listón subió a los 2.00 metros. No superó esa altura, pero tampoco lo hicieron sus tres rivales, que arrastraban nulos de otras alturas, por lo que el título fue para la cántabra. La búlgara Mirela Demireva y la croata Blanka Vlasic fueron plata y bronce, respectivamente. Cuatro años después de su cuarto puesto en Londres, Beitia, triple campeona de Europa, afrontaba su última competición olímpica, disfrutando de «la última oportunidad» de cumplir su sueño del podio olímpico que la convertiría en la medallista de más edad de la historia en esta disciplina.

Era una final de alto nivel medio: 17 atletas –todas en el estrecho margen de siete centímetros en el ránking del año– se habían colado en ella mediante la clasificación automática, saltando la marca de 1,94 exigida. La española, con su ojo de experta, previó que para ganar medalla habría que saltar dos metros, pero fue suficiente con tres centímetros menos.

Nunca como en Río la final de altura había ofrecido un duelo generacional tan cerrado. Del lado de las jóvenes, la estadounidense Vashti Cunningham, de 18, hija del jugador de grandes ligas Randall Cunningham, había batido en marzo a Ruth Beitia para conquistar el título mundial en pista cubierta. Aquí, sólo pudo ser decimotercera.

La española fue la primera en intervenir. Lo hizo saltando 1,88, como también lo hicieron las otras 16. Después el listón subió a 1,93. Ruth voló sobre la varilla a la primera. Ahí cayeron cinco, y siete más en la siguiente altura (1,97). Quedaban cuatro para tres medallas y la española, que no había cometido un solo fallo, seguía primera cuando, junto a la búlgara Mirela Demireva, Vlasic y Lowe, atacó la barra en 2,00 metros. Ninguna de las cuatro pudo con esa altura y Beitia cumplió su sueño del oro olímpico.