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Laia Sanz, la reina del desierto

Intentará terminar el Dakar por novena vez consecutiva. Una doble infección puso en peligro su participación este año.

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Laia Sanz intentará terminar el Dakar por novena vez consecutiva. Una doble infección puso en peligro su participación este año.

Una doble infección, una mononucleosis y la fiebre Q, pusieron en duda la participación de Laia Sanz en el Dakar 2019. No ha podido entrenarse como suele hacer, pero la llamada del desierto es demasiado fuerte. Ayer estuvo en la salida de Lima y aunque la preparación no ha sido la mejor, el objetivo es seguir fijando récords en la prueba de motor más dura del mundo. Quiere terminar su novena edición consecutiva y las sensaciones que vaya teniendo durante el paso de los kilómetros dirán hasta dónde puede llegar en la clasificación. En 2011 era una novata bajo sospecha, que venía de ser la mejor en el trial, y ahora es un nombre ya clásico en esta carrera y la mujer más mediática en competición.

Se lo ha ganado con sus resultados (el noveno puesto es su mejor clasificación) y con una regularidad de la que pocos pueden presumir y que le ha servido para esquivar accidentes y lesiones. Es famosa la frase que le decía su madre durante las primeras ediciones: «Niña, no corras». Era el consejo que se llevaba en la maleta para pasar quince días en solitario en el desierto. En 2019 sólo serán diez, aunque a cambio no habrá ni un momento de respiro y tendrá que subir todas las dunas del oeste de Perú, incluida la más alta: la Duna Grande.

Por allí esperan pasar las 17 mujeres que este año batirán el récord de participación femenina. Serán nueve en coches, siete en motos y quads y una en camiones. Laia es la cara más reconocible, el extremo opuesto a Sara García, que debuta sobre dos ruedas. La que se va ganando poco a poco un hueco es Cristina Gutiérrez, que afronta su tercera participación en la categoría de automóviles. Es la única española que ha conseguido llegar a la meta en coches y cruzará el territorio peruano al volante de un Mitsubishi Eclipse Cross de 340 caballos de potencia. «Esperamos ir de menos a más. Si terminamos estaremos en el top 25 y ese debe ser nuestro objetivo», decía poco después de pasar en Lima las últimas verificaciones técnicas.

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Rosa Romero se retiró en 2018 durante la décima etapa y lo hizo entre lágrimas. Desconsolada. Una herida cerca de la vena femoral la obligó a bajarse de la moto, aunque ella quería continuar, quizá consciente de que podía ser su última vez en la prueba dakariana. Este año, la mujer de Nani Roma no tenía pensado acudir a Perú, aunque todo cambió con la llamada de la italiana Camelia Liparoti, que ofreció a Rosa un puesto de copiloto en el Side by Side que va a conducir. No se lo pensó la española, codiciada por su experiencia, ya que es la octava ocasión que se lanza a la aventura.

Ella y su marido han coincidido varias veces en competición, él en coches y ella en motos. Los niños, ahora ya mayores, se quedaban al cuidado de los abuelos mientras los papás se iban unas semanas al desierto. Ahora su hijo Marc participa en carreras de cross y enduro, así que no es descartable que una segunda generación aparezca dentro de poco en el Dakar.

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Entre las chicas aparece un apellido ilustre: Peterhansel. Se trata de Andrea, la esposa de «monsieur Dakar», que va a ser la copiloto de Annet Fischer en el buggy con el dorsal 385. La idea que tenía Stéphane Peterhansel, trece veces ganador, era competir junto a su esposa y tratar de volver a dominar con ella al lado, pero unos problemas de salud de Andrea lo impidieron. Para 2020, nada está descartado.