Mireia, a cerrar el círculo

La española busca hoy el oro mundial, el único que le falta, en su prueba, en los 200 mariposa. Entró en la final con el tercer mejor tiempo y reconoció que tendrá que nadar «más rápido».

Mireia Belmonte se muestra sonriente
Mireia Belmonte se muestra sonriente

La española busca hoy el oro mundial, el único que le falta, en su prueba, en los 200 mariposa. Entró en la final con el tercer mejor tiempo y reconoció que tendrá que nadar «más rápido».

Mireia está, como ella dice, en «modo competición». Como en una burbuja en la que la piscina es el centro de todo. No hay mucho tiempo para saborear la espectacular plata de los 1.500 libres lograda el martes sólo por detrás de Ledecky. La sonrisa en el podio, el trabajo con los fisios (no con Mónica Solana, la que trabaja con ella cada día y que no ha podido ir a Budapest por una lesión), vuelta al hotel, donde comenta a Fred Vergnoux que no se esperaba recortar su récord de España en casi siete segundos; comer y a dormir. La faena continúa en la capital de Hungría. El madrugón y a las siete de la mañana, otra vez a la piscina: tocan los 200 mariposa. «Una prueba más», dicen la nadadora y Vergnoux, su preparador. Porque así está estructurada su cabeza. Pero no es una prueba más. Es la distancia que le hizo cumplir su sueño: ganar el oro olímpico en los Juegos de Río 2016; es la que más alegrías le ha dado, y, además, supone un cambio de registro respecto al día anterior. Así de completa es la española: capaz de brillar en la prueba más larga de la piscina, un kilómetro y medio, fondo puro, e intentar después ser la mejor en la velocidad de los 200 metros, donde además intervienen músculos diferentes a los del crol.

Es velocidad, pero controlada, no un esprint y ya está. «Energía» es la palabra clave. Sin ella se quedó en su gran día en Brasil, pero siguió dándolo todo para, en el último impulso, ser campeona olímpica. Muy justo. Durante el invierno ha trabajado para ser rápida con menos consumo, y así poder explotar más el final que tiene. También ha incidido en mejorar en el subacuático. Mínimos progresos que pueden suponer una diferencia máxima. Y hoy ha llegado el momento de sacar esas armas para cerrar el círculo. Oro olímpico y europeo tiene la catalana. Oro mundial, todavía no. Le falta. La clasificación para la final fue un trabajo medido. Nadaba la última serie por la mañana y los tiempos habían sido flojos. El pase a semifinales estaba cómodo para ella. Lo hizo sin esfuerzo. En las semifinales había que subir el nivel un poco y la española entró con su mejor registro de 2017 (2:06.71), una marca, pese a todo, discreta. Aunque Mireia dio sensación de ir controlando, admitió haberse sentido «algo extraña». «En la final tengo que mejorar, tengo que ir más rápido», opinó pensando en el podio.

Hoy será el momento de «morir» en el agua, pero la tarea es complicada. Hay rivales: la alemana Hentke es la que más veloz ha nadado este año y también en las semifinales, la china Zhou fue ayer mejor que Mireia; ojo también con su joven compatriota Zhang, con la japonesa Hasegawa y, por supuesto, con Hosszú, que ayer sufrió, pero disputaba la prueba una hora después de haber nadado la final de los 200 libres. Todas dieron sensación de guardar algo para hoy. «Todas estamos en el mismo nivel, nos separan unas décimas. Que nadie destaque es bonito. Está muy abierto», analizó Mireia, que hoy por la mañana tendrá tiempo de entrenar un poco y de preparar la estrategia en busca del oro.