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Movistar desaprovecha su "Bala"

Costó meterle en la cabeza antes del último Mundial a Alejandro Valverde que se mentalizara, que tuviese claro que él, como su nombre indica, tiene una Bala. Un tiro. Javier Mínguez, el entonces seleccionador que lo condujo a la gloria tuvo que hacer un trabajo de meses. Años. “Un tiro, un muerto”, no hacía más que repetirle. Una ocasión, un ataque y la gloria. “Tienes que saber aprovecharlo”. Esperar al momento.

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Trepando hacia Val Thorens, tal y como se puso la etapa entre los favoritos con la ausencia de ataques más allá del asfixiante ritmo del Jumbo-Visma, a cada kilómetro que pasaba y con Nibali a tiro de piedra, Alejandro Valverde cargaba su bala. Una tenía. Para usarla en el momento crucial. Él supo hacerlo. Aunque fue el único del conjunto telefónico que lo hizo bien.

Antes se había movido sin mucha convicción Marc Soler, en un ataque mirando más atrás que hacia delante. Inexplicable. Pocos kilómetros después volvió a arrancar y esta vez sí, el bravo catalán logró hacer hueco. Cuando se estaba marchando, del grupo en el que el Ineos dejaba al Jumbo-Visma de Kruijswijk seguir apretando el ritmo para descolgar definitivamente a Alaphilippe saltó, otra vez inexplicable, Nairo Quintana. Con esa acción, el colombiano terminó de acercar a su compañero Soler al resto de favoritos, que lo engancharon. Adiós a las opciones de victoria para el ciclista del Movistar que, de lejos, más se lo ha merecido. El currante. Tanto él como Andrey Amador han dado una lección de clase y compañerismo, toda la que a sus líderes les ha faltado en este Tour. Igual que faltó una planificación o estrategia.

Una vez más, el Movistar quiso jugar a todo. Y se llevó la nada. Nibali prosiguió su cabalgada y logró la victoria. Por poco. A 10 segundos, cabreado llegó Valverde, que atacó en el final, ésa era su Bala. Su tiro. Casi termina por enganchar el triunfo que el Movistar, sin táctica definida hoy ni ningún día, no le ha permitido pelear a favor de sus dos líderes que iban a comerse el mundo y solo han sido capaces de sacar una victoria de etapa como único premio, además de la clasificación por equipos que recibirán en el podio de los Campos Elíseos. El equipo que nunca ha sido equipo.

Cansado y molesto, Valverde cruzó la meta sin querer hablar. El que sí lo hizo fue Landa. Él también atacó al final. Se quitó el pinganillo y fue a por lo suyo. Nada. “Según he visto que han empezado a poner más ritmo en el final he arrancado, pero cuando he visto el cartel de 400 metros sabía que se me iba a hacer largo”, declaró. De este Tour que al fin se acaba para un Movistar que no ha dejado de desconcertar y varar sin rumbo, sin estrategia ni planteamientos claros, Mikel Landa dice: “me ha servido de mucho. Vine con el objetivo de estar en el podio y la caída me apartó. Fue difícil seguir adelante, pero por suerte volví a disfrutar en los pirineos arrancando y haciendo lo que quería”. Lo que quería.

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No duda tampoco Landa que de este Tour “he aprendido cosas y el año que viene me servirá de mucho”. Lo que aún no despeja es con qué colores volverá la próxima temporada. “No sé con qué equipo será, esta próxima semana lo cerraré por fin”, anuncia el alavés.