Otra vez sin Sergio Ramos

Clos Gómez muestra a Ramos la segunda amarilla por «golpear con el  brazo de forma temeraria a un contrario», según el acta arbitral
Clos Gómez muestra a Ramos la segunda amarilla por «golpear con el brazo de forma temeraria a un contrario», según el acta arbitral

El Real Madrid entró en El Sadar con la autoridad propia de su buena racha de cinco victorias en Liga, pero, a poco del descanso, su fantástico arranque se había convertido en dos goles en contra y un futbolista menos. En sólo once minutos (32 y 43) Sergio Ramos vio dos amarillas que pusieron más cuesta arriba la remontada y castigan a un futbolista con demasiada facilidad para enredarse en este tipo de situaciones. La segunda amonestación parece más clara, pero la primera arrancó las quejas del bando madridista. «La expulsión de Ramos es difícil de comprender, una de las acciones no es ni falta, pero no quiero hablar», decía Ancelotti. «Las decisiones y no decisiones del colegiado han condicionado el encuentro», insistía Diego López nada más acabar.

Las imágenes desmienten la explicación de Clos Gómez en el acta respecto a la segunda amonestación –«por derribar a un contrario en la disputa del balón»–, pero no evitan la reflexión sobre la reincidencia del capitán en estas acciones, en las que más allá de los aciertos o errores de los jueces, se pone muy a tiro y lo acaba pagando. 18 expulsiones suma el sevillano desde que llegó al Real Madrid, y ésta es la segunda del curso después de la del partido de «Champions» ante el Galatasaray.

Por culpa de aquella roja ante Umut Bulut no pudo jugar en Copenhague y por las dos amarillas de ayer y la quinta que vio Pepe, el Madrid viajará a Valencia con sólo un central del primer equipo (Nacho). A Varane no se le espera hasta Año Nuevo, así que el centro de la defensa para el último partido de Liga de 2013 será experimental. Una opción sería Arbeloa y otra más remota, tirar del Castilla. Ayer, tras el descanso, Xabi ocupó esta posición temporalmente junto a la mejor versión de Pepe. El «3» marcó el gol del empate definitivo y estuvo perfecto en varias acciones en las que un error hubiera sido la sentencia. Se creció en la adversidad y dejó 45 minutos ejemplares.

Otra cosa fue la primera parte, en la que Riera cabeceó cómodamente dos veces al borde del área pequeña para complicar al Real Madrid un partido que una ocasión clarísima de Cristiano y un penalti a Modric pudieron llevar por un camino distinto.