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Shane Lowry vence a sus rivales y a la tormenta para conquistar el Abierto Británico

Jon Rahm finalizó en undécima posición

Fue un día durísimo, complicado, que ya se esperaba en la previsión, de ahí que se adelantara el horario de la jornada en la que el Abierto Británico iba a conocer su desenlace. El viento que no paraba y los golfistas, a sufrir, a intentar ser más adivinos de lo normal para predecir lo que la bola podía hacer en esas condiciones. Y si no, un ejemplo: el estadounidense Holmes, líder del torneo los dos primeros días y segundo después del tercero, firmó una tarjeta en la jornada decisiva de ¡¡¡+16!!! Se derritió para perderse en la clasificación.

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Un hundimiento así hubiera destrozado al irlandés Shane Lowry, pero el a la postre campeón tuvo calma y su +1 en el día fue de los mejores recorridos de la jornada. Era difícil ganar al campo. Tampoco lo necesitó Lowry, sonriente en el último hoyo, charlando y abrazándose ya con su caddie, Brian «Bo» Martin, con quien hace una extraña pareja pues el ayudante y consejero parece un clon del golfista, pero con más edad: la misma complexión y la misma barba, pero la de este último de color blanco y la del jugador, pelirroja. Sabía ya Lowry que el triunfo no se le podía escapar. La exhibición que había dado el sábado merecía ese premio. Consiguió el irlandés el récord de Royal Portrush al necesitar sólo 63 golpes para completarlo, robándole 8 al par del campo. Se trataba de vivir de las rentas. Y el acoso de Fleetwood, que venía de atrás y se presentaba como el gran peligro, terminó por no ser tanto. «Ha sido un paseo de Shane y estoy contento por él. No he logrado poner presión y me siento decepcionado», dijo el segundo clasificado. No notó su aliento el vencedor y pudo celebrar la conquista del primer «major» de su carrera (había sido segundo en el Abierto de Estados Unidos de 2016), para contribuir a la fiesta de los seguidores locales. Estaban preparados para aplaudir a Rory McIlroy, el gran ídolo, pero el fiasco del número tres del mundo el primer día, en el primer hoyo (ocho golpes), fue compensado por Lowry, su amigo, con el que compite desde pequeño y un loco de Irlanda. Marca su bola con el trébol de cuatro hojas característico de su país e intenta no perderse un partido de fútbol gaélico, la mezcla entre rugby y fútbol que practicaba su padre.

Y precisamente para sus padres fueron las primeras palabras de Lowry, por todos los sacrificios que hicieron para que él pudiera jugar al golf, para que viviera una jornada como la de ayer. «Caminando por el 18 sentía que me salía de mi cuerpo. No puedo esperar a despertarme mañana por la mañana. La sensación va a ser increíble», reconoció el irlandés. La celebración será de las buenas.

Por su parte, Jon Rahm terminó en undécima posición, presa también del infernal día y sin opciones de remontada desde el primer momento (doble bogey en el hoyo 1). «Es como si hubiera jugado tres torneos en uno esta semana», reconoció el vasco, que hizo un parcial de +4 para finalizar con -3 golpes. Precisamente en el hoyo en el que las condiciones climatológicas más crueles fueron con él, salvó el par. Fue en el hoyo 11. «No se veía la calle con la lluvia de lado y nos dijeron que había que seguir. Ha sido un buen par: 400 metros así con el hoyo por delante», continuó. La pelea del de Barrika no fue suficiente en un torneo en el que le ha fallado el putt para poder aspirar a más. Sergio García terminó en la posición 67.