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Ian Tarrafeta: “Los nuevos ya somos uno más”

«Criado» en Granollers y pulido en Francia, es una de las novedades de los Hispanos en el Europeo, y está respondiendo con 23 años

Ian Tarrafeta, en acción en el partido contra la Repúblic Checa en el estreno en el Europeo
Ian Tarrafeta, en acción en el partido contra la Repúblic Checa en el estreno en el Europeo FOTO: MARTIN DIVISEK EFE

Cuando los Hispanos ganaron su primer Mundial en 2005 Ian Tarrafeta (Sabadell, 23 años) apenas era un crío. «Tengo flashes, pero no recuerdo concretamente», admite. «Desde el Europeo en el que se perdió la final contra Francia (2006) ya tengo recuerdos de la selección», añade. Ahora forma parte del equipo español. Es uno de los cinco debutantes y está teniendo un papel destacado.

Ha pasado por la selección júnior, la juvenil... ¿Qué se aprende ahí?

Sobre todo ya empiezas a conocer un poco a los rivales. A qué juega cada selección, si son más físicos, más tácticos... Empiezas a ver jugadores que ahora también están aquí, partidos de nivel internacional, un poco cómo funcionan los campeonatos... Vaya, la experiencia. Luego cuando llegas a la absoluta lo que sube es el nivel, pero la esencia es la misma.

¿En todas las categorías se intenta jugar a lo mismo?

Sí, sí, sí. Nosotros en las selecciones juveniles y júnior intentamos mantener un sistema parecido al de la absoluta. Y las otras selecciones, también. Ves a Alemania, Francia, que ya son más físicas, que buscan acciones de lanzamiento exterior, menos jugadas. Luego se traslada a nivel absoluto con más calidad.

¿Es muy grande el salto?

La calidad, el nivel de contactos que es más alto, más físico... Hay que estar mejor preparado físicamente.

¿Cómo han recibido a los nuevos en la selección?

Yo ya había estado en alguna concentración, aunque nunca tanto tiempo porque es mi primer gran campeonato. Pero la verdad es que genial. Los nuevos ya somos uno más y como dice el entrenador, Jordi, cada competición internacional es una nueva historia. Nos han integrado muy bien.

Menciona a Jordi [Ribera]. Es un seleccionador que no se implica sólo con la absoluta.

No para, no para. Creo que vino por primera vez en el Mundial juvenil, no estaba digamos como jefe de expedición, pero sí presente, para cualquier cosa que necesitemos. La verdad es que ha sido una gran ayuda desde las categorías inferiores.

Desde fuera parece que le gusta tenerlo todo controlado.

Es un entrenador al que le gusta prepararlo todo muy bien. Miramos mucho vídeo, estudiamos a los jugadores, tenemos muchas jugadas dependiendo del tipo de defensa que nos encontremos, durante el partido también nos dice acciones... Podemos estar tranquilos porque con él tenemos la seguridad de que al menos ideas para jugar vamos a tener. Y Lleva muchos años en el balonmano y sabe que de vez en cuando un grito también hay que pegar.

¿Qué es necesario para ser un buen central?

Uff, sobre todo yo creo que no tienes que ser sólo un organizador, un pasador, tienes que llevar peligro, tener capacidad de poder desequilibrar, de generar espacios; de controlar los tiempos de juego, cuándo hay que calmar el partido para ganar unos minutos; tener una visión de juego que te permita convertir un espacio que se ha creado en gol, ser capaz de poder ayudar en defensa... Mil cosas.

¿La visión periférica se trabaja?

Si de pequeño ya te ponen de central tienes una perspectiva del campo digamos mejor que la del resto, estás en medio, lo ves todo, ya empiezas a aprender un poco cómo funcionan los espacios, cómo ocuparlos... Es una cosas que se trabaja también, pero desde niño vas cogiendo la esencia.

Y hay que ser valiente.

El balonmano se está convirtiendo en un deporte bastante físico, en las defensas te encuentras a jugadores muy grandes y es importante jugar cerca de la portería para poder aprovechar los espacios lo más rápido posible, y que a la defensa la pilles desprevenida.

¿Cómo empezó a jugar a balonmano?

Mi padre jugaba en un equipo de veteranos. Lo ha hecho toda la vida a nivel amateur y yo iba a ver sus partidos y me apuntó.

Y desde bien pequeño se fue a Granollers.

Empecé en Sabadell hasta los once o doce años y ya en la categoría infantil, en Granollers. Iba en bus primero desde casa cuando era más pequeño, que era media horita, y luego me saqué el carné. He tenido la suerte de estar con grandes entrenadores y compañeros. Desde pequeño me han dado mucha confianza. Siento Granollers como una segunda casa y no lo voy a olvidar nunca.

Ir a Francia, al Pays d’Aix, sí fue un cambio. Y en pandemia.

Totalmente. Al vivir solo ahora he aprendido a ser más responsable conmigo mismo. A ser más consciente de lo que como, del descanso... Estoy muy a gusto. Llegué en el verano de 2020 y el primer año las restricciones eran duras. El toque de queda, a las seis. Con el equipo no podíamos hacer casi nada juntos. Era entrenar, jugar, a casa y volver a empezar el ciclo.

¿Esa evolución personal se nota en la pista?

Seguramente, porque al irme a Francia he podido un poco centrarme más en el balonmano. Sobre todo físicamente he dado un paso adelante y eso lo noto en el campo. Además, he sido consciente de mis carencias y estoy trabajando para suplirlas.

¿Cuáles son?

A nivel defensivo puedo ayudar mucho más. Es uno de mis objetivos, más que nada para ser un jugador más completo. Después, a nivel de finalización, lo que decía, que un central tiene que ser peligroso. Son cosas que estoy mejorando poco a poco e irán llegando con el tiempo y la experiencia.

EN BUSCA DE LAS SEMIFINALES

España ganó a Suecia y eso le hace llegar a la segunda fase del Europeo con las opciones intactas. Tiene dos puntos, los mismos que Alemania (rival de hoy jueves, 18:00, Teledeporte, como todos los partidos) y Rusia (21 de enero, 15:30). Con cero están Noruega (23, 20:30), Suecia y Polonia (25, 15:30). Los dos primeros del grupo juegan las semifinales. Por el otro lado del cuadro van los favoritos: Dinamarca y Francia.