Murray, el límite de Ferrer

El tenista español David Ferrer devuelve la bola al británico Andy Murray.
El tenista español David Ferrer devuelve la bola al británico Andy Murray.

Una buena actuación del último superviviente español no le sirve para batir al número dos del mundo, que ganó por 6-3, 6-7 [5/7], 6-2 y 6-3 y se mete en semifinales del Abierto de Australia. Su rival, Raonic

Cuando uno da todo lo que tiene, nada se le puede reprochar. Y David Ferrer se exprimió al máximo para intentar alcanzar las semifinales del Abierto de Australia, pero ni una gran actuación, con el tenis agresivo que había exhibido a lo largo del torneo, le sirvió para batir a Andy Murray, vencedor en los cara a cara con el alicantino por sexta vez consecutiva. El británico, al final, tiene algún recurso más que le sirve para sobrevivir a duelos así. Es mejor que su oponente con el revés y mucho mejor sacando, además de tener «piernas» para aguantar la exigencia física, y por detalles como esos acabó metiéndose en la penúltima ronda de un torneo que se le da bien, pero que tiene algo de maldito para él, porque ha perdido las cuatro finales que ha disputado en Melbourne.

Fue cogiendo revoluciones el duelo hasta alcanzar momentos de éxtasis. Mandó Murray al comienzo y tomó una ventaja rápida que le sirvió para llevarse la primera manga. Pero en el final de ésta, Ferrer ya había cogido temperatura, preparado para protagonizar, junto a su oponente, una auténtica maravilla ¡Vaya segundo set! 77 minutos de lucha entre dos tenistas incansables, que disputaban un punto tras otro con 10 intercambios, 20, acercándose a los 30... Pero nada de pasar bolas sin intención. Se hacían daño, con ritmo, con ángulos, con voleas... «Si te quedas atrás en la pista, no evolucionas», viene diciendo desde hace tiempo el español, un jugador que con 33 años sigue con ganas de mejorar. De ahí que, por ejemplo, ganara un punto para ponerse 5-4 haciendo saque-volea, después de haber levantado dos pelotas de «break». A esas alturas, mucho se había jugado ya de ese fantástico segundo parcial, en el que Ferrer empezó dominando 4-1 y en el que los «rallys» tenían un nivel increíble. El partido tenía aires de circo romano: dos gladiadores «muriendo» en la pista y caras de felicidad y satisfacción en el público viendo tanto sufrimiento. Remontó la desventaja Murray, que incluso llegó a salvar una bola de set con 5-4 en contra, y la pelea continuó hasta llegar al «tie break», no sin haber dejado antes un par de globos espectaculares de Ferrer o un bote pronto que hubiera firmado el propio Federer. En la muerte súbita no bajó el ritmo el español, que apretó los dientes y siguió tirando con todo para conseguir igualar el partido. Visitó la red doce veces en ese set para ganar diez puntos. La malla ya no es un elemento desconocido para los tenistas españoles. Eso se ha quedado en un tópico.

El desgaste había sido tremendo. Murray se había echado la mano a la pierna, un amago de lesión, pero no fue nada. El británico estaba aparentemente desesperado, mirando a su palco todo el rato, hablando sin parar, pero no se dejó atrapar por la tensión. A la hora de volver a jugar después del intenso set vivido antes, y encima habiéndolo perdido, mantuvo la calma y David Ferrer entró en un pequeño momento no de crisis, pero sí de respiró. La desventaja que tiene él es que su saque apenas le da alegrías. Le ayuda poco y tiene que jugar todos los puntos. A su rival escocés, aunque cometió alguna doble falta de más, el servicio le ahorraba tener que correr en algún tanto (11 saques directos a cero al final del duelo). Llegó el «break» de Andy (1-3) y la amenaza de tormenta, con lo que se cerró el techo de la Rod Laver Arena, pese a las quejas del español, que señalaba el cielo diciendo que no llovía. Sabía que a cubierto sería todavía más complicado batir al número dos del mundo, que se desenvuelve mejor en esas circunstancias. El partido desde ese momento fue de Murray. Jugó más agresivo para llevarse el tercer set. Un alivio. Pero la guerra no había terminado...

... Aunque pudiera parecerlo cuando el cuatro veces finalista arrancó la cuarta manga con una ruptura. Podía irse mentalmente Ferrer, aunque había mucho en juego. Para cabezón, él, agarrado a la pista, corriendo de lado a lado para llegar a bolas imposibles y soltando la derecha cuando se le ponía a tiro. «¡Vamos!», gritó cuando le devolvió el «break» a su rival (1-2). Aunque los dos tenistas son amigos, la batalla ya era psicológica. Los gritos para intimidar al que está enfrente formaban parte del juego, por eso Andy contestaba a los alaridos de «Ferru» con «¡come on!», que viene a ser lo mismo que «¡vamos!», pero en inglés. Consiguió rápidamente otra ruptura Andy, que resultó definitiva, aunque no sin pelea. Fue un querer y no poder para Ferrer. Tuvo la oportunidad de igualar el choque por enésima vez, pero el saque permitió a Murray levantar la bola de «break». No tembló el escocés más tarde, en el último servicio, y sigue adelante con todo merecimiento, en busca de su quinta final, que sólo dos cosas podrían evitar. Primero su oponente, Raonic que superó a Monfils por 6-3, 3-6, 6-3 y 6-4.. Y después, que nazca su hijo. Su mujer sale de cuentas a principios de febrero y antes de comenzar el torneo ya anunció que si nacía abandonaría Australia, fuera en la ronda que fuera.