Tenis

¿Por qué perdió Nadal?

Pese a que llegaba a Australia con buenas sensaciones, cae con Verdasco en primera ronda y tras casi cinco horas en un duelo en el que traicionó su idea de juego y perdió la agresividad.

«Es una derrota dura», dijo Nadal, al que se le notó muy dolido en la sala de prensa. Abatido, incluso. Sólo hay un precedente en «Grand Slams» de lo que le sucedió al tenista de Manacor en Melbourne. En Wimbledon, en 2013, perdió en primera ronda contra Darcis. Ayer no pasó del debut en el Abierto de Australia ante un valiente Fernando Verdasco, que decidió jugar a por todas: ganar o perder, línea o fuera, tiro ganador o error no forzado. Acabó con 90 de los primeros (su rival, 37) y 91 de los segundos (38), y con ello le dio para tomarse una pequeña venganza por la derrota que sufrió en el mismo escenario y ante el mismo rival en las semifinales de 2009. Cinco horas y 14 minutos duró el duelo entonces. Cuatro horas y 41 ayer, para que el desenlace fuera totalmente el opuesto (7-6 [8/6], 4-6, 3-6, 7-6 [7/4] y 6-2). Confirmada la caída, es tiempo del análisis.

¿Por qué perdió Nadal?

Primero, porque Verdasco jugó un gran partido y un último set espectacular. «Cerraba los ojos y todo me entraba», admitió el madrileño, que durante 2016 jugará dobles en muchos torneos con el propio Rafa con vistas a los Juegos Olímpicos de Río. La pregunta de rebote es: «¿Por qué metió tantos ganadores Fer? Responde Rafa Nadal: «No le he hecho daño para que golpeara desde posiciones incómodas». La historia de ayer es la historia de un tenista que en parte traicionó su idea, o no supo llevarla a cabo. Rafa Nadal lleva varios meses apostando por jugar un tenis más agresivo, más metido en la pista, más arriesgado, y así ya había podido vencer a casi todos, con la excepción de Djokovic y Federer. Nada de eso se vio en la pista Rod Laver. «No he podido jugar como había entrenado», admitió el español. Su versión de superviviente no fue suficiente para doblegar a su rival. Su derecha, tan poderosa, fue casi nula y su posición en la pista fue demasiado retrasada.

¿Por qué no fue agresivo?

«Retiré el cuerpo hacia atrás al golpear más veces de las que debo», explicó Nadal el fallo técnico que cometió, y que su tío y entrenador le recordó varias veces durante el encuentro. No atravesaba la pelota ni se iba detrás de ella para que su golpe hiciera más daño. Después está el saque. A veces la estadística engaña. Los números dicen que Nadal ganó el 50 por ciento de sus segundos servicios y Verdasco el 45, pero la realidad es que cada segundo saque de Rafa era un suplicio, y muchos primeros, también. Flojos y sin «maldad», lo que le volvía no era una pelota, era una bomba a los pies que le hacía perder cualquier tipo de iniciativa. Y así es imposible desplegar el juego que quiere el de Manacor que, pese a todo, pudo llevarse el partido. Tras ceder el primer set, sólo siendo sólido ganó los dos siguientes, y en el cuarto mandaba 6-5 y 0-30 después de haber superado una rotura de saque en contra. El duelo pareció suyo ahí y en el quinto set cuando comenzó con un «break» y un 2-0 a favor. Fueron las últimas noticias que hubo de Rafa. Verdasco sumó seis juegos seguidos desde ese momento, con derechas de lujo y con saques a más de 220 kilómetros por hora. Estaba bien físicamente y, sobre todo, esta vez la cabeza no le traicionó como en otras ocasiones.

¿Y ahora, qué?

La derrota es difícil de asimilar para Nadal, que llegaba a Australia con la cabeza liberada de dudas, sin la ansiedad que le atenazó durante dos terceras partes de la temporada pasada. «No me queda otra que seguir entrenando duro y continuar por la misma línea de entrenamientos que los últimos cuatro o cinco meses», admite el español, que siempre ha sido de los que aprende de los momentos complicados. Y ayer se dio cuenta de que la «vieja» forma de jugar es insuficiente contra los mejores.