Tiempo para Solari

Mañana se sentará en el banquillo para el choque del Melilla de la Copa del Rey. El plan es que sea un entrenador temporal a la espera de Roberto Martínez, pero va a tener cuatro partidos para tomar decisiones.

Mañana se sentará en el banquillo para el choque del Melilla de la Copa del Rey. El plan es que sea un entrenador temporal a la espera de Roberto Martínez, pero va a tener cuatro partidos para tomar decisiones.

Cuando a Solari le preguntaban si esperaba algún día entrenar en la élite del fútbol español, respondía que todo llegaría, que las cosas tienen que madurar y hay que tomarse su tiempo. Está claro que ya han madurado, ya se ha tomado el tiempo necesario y tiene ante sí una oportunidad por la que suspiran todos los entrenadores del mundo. Hoy dará la conferencia de Prensa previa al encuentro de Melilla de mañana. Se sentará en el banquillo y el sábado lo hará contra el Valladolid, en el Santiago Bernabéu. Puede que llegue al Celta, puede que le vaya bien y entonces... el Real Madrid le ha hecho saber que es un asunto temporal a la espera de que llegue el entrenador deseado, de que Roberto Martínez, el seleccionador belga, esté dispuesto y se den las circunstancias para ello.

Solari sabe que se le ha puesto fecha de caducidad y de que su estancia está limitada, pero también que tiene tiempo para hacerse valer y dar un golpe de mano definitivo en su carrera, hasta ahora siempre ligada al fútbol base en las campos de Valdebebas.

El entrenador argentino se ha ido formando en la cantera del Real Madrid, donde ha ido subiendo desde el cadete B, al que cogió en 2013, hasta el Castilla y ahora se le ha abierto la puerta al primer equipo. Tiene poco tiempo de acción, pero a la vez un amplio margen de mejora de un equipo roto y que necesita de un estímulo para abandonar la desidia y la desesperanza en la que se ha sumido por los últimos resultados. «Intento hablar poco, intento que los entrenamientos hablen por mí. Creo que es la mejor manera de comunicar: a través de las tareas y de las estructuras que uno arma a lo largo del año, y que esas tareas y esas estructuras tengan sentido y coherencia con cada uno de los contenidos y de los objetivos que uno pretende mejorar», aseguraba el ahora entrenador del primer equipo en una entrevista que le hacía el periódico argentino «El Gráfico».

Frente al ruido de otros entrenadores, Solari plantea el sentido común como un arma para destacar en el mundo del fútbol. Siempre fue un futbolista atípico, un buen secundario en el Real Madrid de los galácticos. Allí convivió con Zidane o con Beckham y entendió lo que significa el Real Madrid moderno: un club donde la exigencia se ha multiplicado y los errores apenas se permiten, donde la gestión del vestuario es tan importante como el conocimiento técnico. Hay que saber hacerse con los jugadores y que crean en ti. Cita a Vicente del Bosque, pero también a Sacchi como sus modelos. Del primero aprendió que los jugadores deben ser respetados y mantener cierta autonomía; del segundo, que el orden en el campo es fundamental para lograr el éxito. Pueden parecer dos ideas contrapuestas, pero alcanzar la coherencia entre ellas es el camino más recto hacia el éxito. «Cuando miro fútbol, me gusta poder reconocer la idea y el trabajo del entrenador detrás del juego, más allá de si el equipo es más ofensivo o más contragolpeador. Si me das a elegir, siempre prefiero ser protagonista con la pelota, y ser ofensivo», explicaba cuando le preguntaban por su idea futbolística.

Lo que se abre en su horizonte es una tarea descomunal y sin más currículum que entrenar en Segunda B. Algo que en vez de chocar, suena a música de Champions en los oídos madridistas. Suena al mismo recorrido que hizo Zidane. Como él, Solari tiene que recuperar al Madrid en un tiempo exprés. Necesita, primero, de la mano de Pintus, que va a ser el encargado de la parcela física, que los futbolistas alcancen su plenitud física, algo que no logró el equipo de Lopetegui y que ha pesado mucho en la trayectoria del Madrid. No hay ningún jugador que esté en su mejor momento y, además, las lesiones han lastrado el nivel competitivo.

Tiene, además, que convencer a los futbolistas de que son mejores de lo que parecen, que hace pocos meses ganaron la Champions y que no se les ha podido olvidar jugar. «Los sistemas van al final de todo, es lo que viene último en todo esto, lo menos importante. Primero hay que ver qué capacidades y qué características tienen los jugadores, que son y serán siempre los dueños del fútbol, después saber a qué quiero jugar, el estilo», cuenta. Ahora tiene que llevarlos a la práctica ya.