«Después de un cáncer, estamos embarazados. Los milagros existen»

Los protagonistas de esta información prefieren mantener su anonimato. Viven ilusionados la recta final de su embarazo
Los protagonistas de esta información prefieren mantener su anonimato. Viven ilusionados la recta final de su embarazo

Una pareja consigue su sueño de ser padres después de que les detectaran tumores a ambos.

En marzo nacerá un bebé muy especial. Sus progenitores sufrieron un duro golpe que vino encima por partida doble. Al padre, un joven alicantino de 34 años, le diagnosticaron un sarcoma de Ewing (un tipo de cáncer). La vida quiso que no fuera el único revés. Nada más acabar su tratamiento oncológico, cuando parecía que la vida les daba una segunda oportunidad, su pareja, también de 34 años, se notó un bulto en el pecho. Sus temores iniciales se confirmaron: tenía cáncer de mama.

«Cuando te dan una noticia de ese calibre por unos segundos no te das cuenta de la información que tu cerebro acaba de recibir. Cada uno, cada individuo, necesita su tiempo para asimilarlo y encajarlo de la mejor manera posible. ¿Lo primero que piensas? Creo sinceramente que no hay sólo una cosa... te invaden de golpe muchos pensamientos y sentimientos que, con el tiempo, vas gestionando. Claro que la primera impresión, más que de sorpresa es de incredulidad, diría yo. Uno nunca cree ni piensa que le va a tocar y, mira por dónde a nosotros nos pasó a los dos y en un periodo de tiempo muy corto y siendo muy jóvenes», relata ella. La pareja ha querido relatar a este periódico su historia con el fin de dar ánimo a todas las personas que estén pasando o puedan pasar por este duro bache. Su relato bien merece ser contado, pero sus nombres en el fondo no importan, mañana cualquiera de nosotros podríamos ser ellos.

Que uno de los progenitores tenga cáncer reduce las probabilidades de ser madre o padre, que los dos tengan que someterse a un tratamiento oncológico, más si cabe. Pero eso ellos todavía no lo sabían cuando se dieron cuenta de que querían formar una familia. «Hace ya casi seis años que estamos juntos. Lo de querer ser padres surgió inevitablemente cuando a mi pareja le diagnosticaron cáncer de riñón (el sarcoma de Ewing casi siempre afecta a los huesos, y sólo una ínfima parte de aparece en los riñones, y es considerado un tipo de cáncer infantil). Son situaciones que te tocan vivir en las que te replanteas los planes que habías tenido hasta ese momento». Fue entonces cuando ambos se dieron cuenta de que algo que habían postergado en el tiempo, formar una familia, era lo que realmente querían con todas sus fuerzas.

Un deseo que no iba a echar por tierra un tumor o, en su caso, dos, ni tampoco la agresividad de los tratamientos oncológicos. Fue entonces cuando lograron sacar la fuerza necesaria para seguir adelante. Sabían que antes de someterse a las múltiples y agresivas sesiones de quimioterapia y radioterapia tenían que dar un paso al frente. Estaban apostando por ellos, por la vida más allá del cáncer. «Éramos conscientes de que lo que estaba pasando no nos iba a poner las cosas fáciles para ser padres, pero eso no significaba en ningún momento que iba a ser imposible». La respuesta se la dio su oncólogo cuando les explicó la posibilidad de guardar una muestra de semen para preservar la fertilidad. Después, le tocó a ella. La paciente vitrificó 13 ovocitos en IVI Alicante antes de empezar su tratamiento contra el cáncer de mama, el tumor más frecuente en mujeres, ya que supone casi el 30% de todos los tumores del sexo femenino en España según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Su suerte estaba echada. «Si queríamos tener más posibilidades el día de mañana para ser padres la preservación era un paso que debíamos dar. Lo hicimos sin dudarlo. Estábamos más tranquilos al saber que habíamos hecho todo lo posible para conseguir» ser padres. «Era lo correcto...», añade ella. «Optamos por la fecundación ‘‘in vitro’’ porque ninguno de los dos tuvimos alternativa. Después de un cáncer y de tratamientos agresivos los dos quedamos afectados a nivel reproductivo, por lo que nuestra única opción era someternos a un tratamiento de fertilidad».

Hoy, su sonrisa es más que patente. Los innumerables miedos y dolores pasados pronto estarán, si no lo están ya, en un segundo plano. Tras haber ganado la batalla contra los dos cánceres, la pareja ha logrado olvidar los largos meses de sufrimiento. Están en el segundo semestre del embarazo. En marzo, su sueño de convertirse en una familia se cumplirá. ¿Cómo se llamará? «Aún no lo sabemos».

Pero hay una cosa que tienen claro: «Nunca hay que perder la esperanza. A todos aquellos que estén pasando por lo mismo les diría eso y que hagan todo lo que esté en sus manos para en el futuro estar tranquilos. Les diría que es normal tener días no tan buenos, pero también que intenten mantener una actitud serena y positiva, ya que, aunque uno no lo crea, es fundamental». También les diría otra cosa: «¡Qué los milagros sí existen!».